martes, 24 de julio de 2018

Handia



He tardado en verla, quizá demasiado. Me gustó tanto Loreak que me temía este salto de los vascos a película histórica, aunque volcada en una anécdota humana curiosa y muy cinematográfica: ese tipo que no para de crecer y se convierte en reclamo de feria durante el carlismo más lejano.

Primorosa producción donde todo está cuidadísimo, algo que no se puede discutir. El problema, a mi juicio, viene por la cantidad de minutos que soporta el caso tratado en pantalla.

El arranque tiene un ritmo perfecto que se mantiene hasta que uno de los desdichados hermanos protagonistas regresa del frente. Entonces empieza la peripecia del gigante y de su vocero. No da para más de cien minutos, aunque entiendo que en montaje no sepan qué quitar.

Debió ser una película más corta o menos monocorde, quizá con unos detalles humorísticos para dar oxígeno al espectador, no sé. Pero hay historias que sólo pueden ser contemplativas y otras que no. La itinerancia, por hermoso que sean el paisaje y melancólico el paisanaje, no basta en Handia y su película, agrandada más de lo razonable.

Espero la siguiente de Garaño y compañía, porque siempre saltan al vacío y siempre consiguen triunfos con ello, aunque el sabor sea pleno o sea agridulce. 
¡Agur!



lunes, 23 de julio de 2018

Mac, ahí queda eso

Cartelista en el mejor momento. 
Supo aprovecharlo.
Adiós, maestro.










miércoles, 18 de julio de 2018

Yvonne Blake



Ganó cuatro Goyas y un Oscar, éste último por el vestuario de Nicolás y Alexandra; hizo El último valle, Robin y Marian, Jesucristo Superstar, Superman, Los señores del acero, Remando al viento, Loking for Richard, Los fantasmas de Goya, Canción de Cuna.

Trabajó con Lester, Forman, Truffaut, Verhoeven, Parrish, Garci, Chávarri, Suárez, Donner, Aranda, Pacino.

Se batía con la misma solvencia en una superproducción anglosajona que en una peliculita de Enrique y Ana, hablaba un castellano con acentazo de Manchester y asumió esa presidencia de la Academia del cine español que empieza  a ser como un hierro candente que nadie quiere agarrar porque quema de extremo a extremo.

En fin, era una profesional como la copa de un pino, se diga como se diga eso en Manchester.

El Cine, y los que lo amamos, te vamos a extrañar, Yvonne.

miércoles, 11 de julio de 2018

Fuera de Cartel


Loving Pablo
Nunca sabremos si la síntesis que gasta la película sobre Pablo Escobar y su periodista “de cabecera” funciona porque está bien hecha o porque cuenta con el conocimiento previo de la audiencia sobre ambos personajes adquirido en la serie Narcos de Netflix.

En cualquier caso, habiendo visto ambas, me parece que la película es ágil y entretenida. Y Javier Bardem, por descontado, hace un Escobar muy logrado y temible.

Otra cosa es el sindios idiomático de la producción, que en nada la favorece: unos españoles imitando el acento colombiano para hablar en inglés. Joder con el mercado.


Bajo la piel del lobo
Fotografía, reparto, música y paisaje: Bravo.

Guión: Hombre, Samu, no era tan difícil hacerlo un poco más interesante, bonito y rematado, sin dejar de ser creíble (me remito al primer párrafo).


Nunca me abandones
British (o sea, bien hecha y bien interpretada), bonita y desoladora. Un extraño artefacto de ciencia ficción que arranca en el pasado y se mantiene fiel a esa premisa para avanzar paralela a nuestro tiempo, reconocible en todo salvo en el avance científico que pone sobre la mesa de operaciones el asunto moral y su deriva amorosa.

La Mulligan necesita cuanto antes una comedia loca, ya está bien de verla sufrir en silencio.


Marea negra
Esto es Hollywood hoy ante los grandes temas: un vertido petrolero como no ha habido igual en la Historia, y sólo nos centramos en la explosión de la plataforma, en los augures desoídos por la codicia de manual que le endosan a Malkovich, y en el perfil heroico de los que se empeñan en salir de allí con vida con la mayor cantidad de compañeros posible, aunque los lleven en volandas con quemaduras de tercer grado.

En fin, acción ante todo. Lo del desastre ecológico es cosa de Dios, que no siempre bendice a América.


No respires
Un thriller de los de verdad, donde las licencias no importan porque la trama es magnética, el reparto idóneo y la dirección impecable.

Tensión desde el minuto tres (treinta segundos de sobra al final, por si se cuela la secuela).

Cinco personajes, una casa, una historia en plan cebolla, por capas, violencia medida y contundente, sonido, luz, oscuridad, giros,… todo en su punto de cocción.

Te comes las palomitas. Te comes las uñas. Una delicia sin exceso de presupuesto, ambiciones ni trucos demasiado vistos. Basta con el perrazo de sueño ligero.

lunes, 9 de julio de 2018

Feliz cumpleaños "Laura" McGuillis


Hoy es el cumpleaños de Kelly McGuillis, la que fue protagonista de tres hitos de los 80: Único testigo, Top gun, Acusados.

La efeméride me ha recordado una anécdota jugosa sobre la McGillis: durante muchos años (hace algunos que le perdí la pista), tuve una gran amiga que en el teatro de instituto se encargaba del vestuario y que se parecía mucho a la McGillis. En una ocasión, creo que sólo una, fui a su casa y reponían en la tele Único testigo. Nada más empezar, señalé lo mucho que Laura y la McGillis se parecían.

La madre y la abuela se pasaron toda la película dándome la razón: "hay que ver lo que se parecen, es verdad". Hasta que llegó la escena en que aparecía la McGillis con la pechuga al aire. Se hizo un silencio de tumba en aquel salón, mientras todas las presentes pensaban: "ahora este hijoputa dice que hay que ver lo que se parecen".

No dije nada, pero creo que fue peor. La madre y la abuela se habían formado su propia opinión y nada que yo dijera o callara iba a mejorar o disipar lo que su propia imaginación dictaba en aquel momento crucial.

Aquella tarde, cuando Laura y yo salimos por fin de su casa a beber por los bares cercanos, nos reímos como nunca.

Feliz cumpleaños, reinas. 

viernes, 6 de julio de 2018

Adiós a Pepe


Un buen amigo ha abandonado repentinamente el escenario. Tenía un libro estupendo sobre cine titulado 444, un blog en el que retrataba los pros y contras de cada nueva película vista, defendía apasionadamente el doblaje, recibía a sus amigos con la curiosidad siempre incólume y unos gin tonics de gentleman, adoraba el cine de Scorsese, de Allen, de Berlanga, las películas de Pixar, nos recordaba la pronunciación en alemán del apellido de Billy Wilder.  

Era Pepe García Berdoy, alias Atticus.

Nos citamos durante años, primero en un bar cercano al cine Doré, luego en su apartamento del barrio de Salamanca. El grupo fue cambiante (David, Luna, Luis…), pero Pepe nunca faltaba, ávido de conocer nuestra opinión sobre el último estreno oscarizado, la nueva comedia boba francesa, los progresos de nuestra escritura cinéfila o literaria, los viajes y los hijos, el ir y venir de nuestras vidas.

Siempre nos acicateaba para vernos más. Pero pensamos que el tiempo es inagotable, aunque a cada uno se le agota cuando lo dice ese reloj invisible que avanza indefinidamente.

En fin, no sé qué más decir. Prosigue el poderoso drama. Woody estrenará otra y no irás a verla en sala, pero te lo contaré aquí, amigo. Es un texto un poco flojo, lo sé, para ser el que me sale en tu memoria. Pero estábamos de acuerdo en que conviene adornarse lo justo. Y hoy lo pone todo la tristeza.


lunes, 25 de junio de 2018

Hereditary


Esto del terror es subjetivo, salvo que la cosa vaya de sustos a costa de la subida sorpresiva del volumen para que brinques en la butaca. Pero Hereditary no hace ese tipo de apuesta. Se lo toma con calma, trabaja la atmósfera, la situación anímica de los protagonistas (muy bien todos), sus razones, sus querencias y miedos.

Los horrores de Hereditary, en fin, van dosificándose hacia el momento en el que se desvela la tragedia en toda su aterradora dimensión. Una tragedia escalonada, pero catártica en el desenlace, en el que todo queda lo suficientemente claro, o eso parece.

Por desgracia, algunos de los tiempos dedicados a cada cosa son a mi juicio excesivos y en varios momentos se quedan algo cortos (esas cajas que guardan los secretos de la difunta…) Esto da como resultado una película que sólo funciona si entras, no puedes ser mero espectador y eso está bien, aunque tiene sus riesgos: El desenlace puede convencer o mover a risa. Depende de lo que te hayas implicado en la proyección.

Hereditary no está construida sobre sustos baratos, pero la impaciencia o descreimiento de los millennials (público natural del género a día de hoy),  es el precio que el realizador tiene que pagar por ser brillante de forma autoconsciente y a la manera clásica.

Ya no hay artesanos en Hollywood. Sólo realizadores y autores. El espectador decide qué es cada uno. Un horror.


jueves, 21 de junio de 2018

Irrepetibles, segunda entrega

Ángela es un lujo que quizá ni cuando nos falte se valorará en su justa medida. Debería levantar el auditorio en cualquier encuentro para los focos que la acoja, en cualquier lugar de Europa, no digamos aquí. Tiene un apellido de leyenda bajo cuya sombra jamás se refugió. Ha trabajado con Buñuel, con Pontecorvo, Borau, Bellocchio, Comencini, Picazo, Chavarri, Gutiérrez Aragón, Tanner, Scott, Tornatore, Littín, Almodóvar, Villaronga, Colomo, los Taviani, Armiñán, Berger, Bigas o Josefina Molina, así, por hacer una lista corta y sabrosa.

Las películas de estos y otros muchos fueron de calidad desigual, pero ella siempre ha estado impecable. No le hizo ascos a la tele y se apuntó al teatro cuando decidió que era el momento, con 47 primaveras en el lomo. Acumula un puñado de premios y cinco hijos. Es la matriarca de su clan, discreta y fuerte como una roca de camino.

Su hermosura física se ha ido surcando de arrugas y canas sin que la potencia febril de su mirada se agote. Una voz selvática, sensual y desesperada se ha encargado de recordarnos en cada aparición que una grande llenaba el plano.

Aquí os la dejo, posando. ¿Que no haría una Cruella de Vil o una Maléfica cojonudas?


Don Fernando era, sobre todo, un caballero. Además de un actor excelente, capaz de cualquier personaje. Vivió mucho y bien. Y tuvo lo que se dice "una carrera".

Según me saltan en la memoria: Los palomos, Viridiana, Campanadas a Medianoche, El quinteto, El viaje de los malditos, Tristana, Ese oscuro objeto del deseo, El discreto encanto de la burguesía, Diario de invierno, Elisa vida mía, Pasodoble, Padre nuestro, Mi general, Jesús de Nazaret, French Conexión, El bosque animado, El Quijote… Trabajos para Luis Buñuel, Orson Welles, William Friedkin, Franco Zeffirelli, Carlos Saura, Ridley Scott, Francisco Regueiro, Luigi Comencini, John Frankenheimer, Jaime Chavarri, José Luis Cuerda, Sergio Leone, Jaime de Armiñán, Manuel Gutiérrez Aragón, Ladislao Vadja, Juan de Orduña… Encarnando admirablemente personajes inspirados en la obra de Cervantes, Shakespeare, Fernández Flores, Cortázar… Midiéndose implacable con Gerard Depardieu, Paco Rabal, Carole Bouquet, Gene Hakcman. Vittorio Gassman, Catherine Deneuve, Max Von Sydow, Fernando Fernán Gómez... Y podría pasarme el blog entero enumerando talento.

En cuanto se dejó la barba, le bastó estar en las secuencias de las películas para dejar en ellas ese toque de clase marca de Rey.


lunes, 18 de junio de 2018

Jurassic World 2, el reino caído


No sé juzgar muy bien qué sentirá un chaval en esta quinta entrega de la saga jurásica, pero dudo que lleguen al cine sin referentes visuales previos a mogollón. Cuando la de Spielberg, una inteligente campaña nos escamoteó a los dinosaurios hasta entrar en la oscuridad de la sala. Pero de eso hace 25 años.

Bayona dirige una secuela de lujo. Tiene lo principal de la anterior, rescata claves de la era spielbergiana, reparte guiños a diferentes filmografías (especialmente a la del maestro y a la suya propia). Asume, sobre todo, que lo que importa en el guión es la tensión de pruebas sucesivas a las que sobrevivir y que lo demás es puro maquillaje conceptual basiquito: el malo de manual, la eterna cacería amañada, las charletas morales de Goldblum... Pegamento rápido. 

El espectáculo lo ponen los dinosaurios, la parejita de estrellas y la niña. Bayona cumple en esto con solvencia siglo XXI. 

Pedir más es del Jurásico, de donde yo procedo. 


viernes, 15 de junio de 2018

Irrepetibles. Primera entrega.

Un apartamento vacío, un cincuentón desgarrado, una esposa muerta, una pijita kamikaze, un novio irritante, y París.

Cuatro talentos demoledores en acción: Bernardo Bertolucci, Vittorio Storaro, Gato Barbieri y Marlon Brando para la película europea más legendaria de los 70.
Irrepetible.

No sólo porque la pareja sin nombre no se pueda reinventar con otros rostros, otras voces y otros cuerpos. Fundamentalmente, es porque no hay cojones.


Hace cinco años que se fue una de las pocas estrellas internacionales legendarias que ha tenido el cine español en el siglo XX.

Recuerdo el In memoriam de los Oscar de ese año (que corresponde siempre al año anterior): Se olvidaron de ella sin que nadie lo comentase.

Había hecho tres películas en Hollywood y cocinado huevos fritos para todos los que contaban entonces en el negocio (Brando, Garbo, Gable, Dean, Sinatra, Fonda, Liz Taylor, Hitchcock), después de ser una imprescindible del cine mexicano en su mejor época y antes de convertirse en la actriz española cuya sola presencia garantizaba el éxito de melodramas y musicales que no envejecieron bien.

A pesar de ello, su popularidad fuera de España fue colosal. En el Festival de Venecia, al que acudió acompañando a Anthony Mann (él estrenaba película, ella no), causó tal revuelo que al director no le ponía atención ni Dios y recomendaron a la actriz quedarse en el hotel para que la promoción funcionase. En Francia hubo estrenos que se pospusieron (incluyendo uno de Brigitte Bardot en su apogeo o El puente sobre el río Kwai de Lean) para no competir con títulos protagonizados por la manchega.

Y cuando expuse un retrato suyo en el Instituto Cervantes de Moscú, junto a ilustraciones de Bogart, John Wayne, Ava Gardner, Faye Dunaway, Connery, De Niro o Eastwood, pocos reconocieron a las estrellas norteamericanas a las que no habían tenido ocasión de admirar hasta que Rusia dejó de ser la URSS.

Pero todos, ABSOLUTAMENTE TODOS, identificaron a Sara.
Nuestra indómita.


Su década prodigiosa fue del 65 al 75 del siglo pasado. Antes y después tuvo tiempo de más de lo bueno, pero fue ese periodo el que lo encumbró a la quintaesencia de lo cool. Corría que se las pelaba, levantaba esposas a los magnates aún a riesgo de reventar su carrera, vestía como ninguno, interpretaba bien, sonreía hacia el sol con mucha clase. Y tenía un carácter endiablado.

Todo eso da igual, basta con verle coger una escopeta de carril y cerrarle el camino a quien toca, antes de continuar La Huida.

Peckimpah le dio algunos de sus mejores papeles, claro, pero no fue el único.

Cuando veo disparando a un actor estadounidense del nuevo milenio, echo de menos a Steve.


Anna y Renzo, Sophia y Marcelo. Una pareja eterna. Un cine grande en Europa. Un descapotable italiano. Un sol mediterráneo. ¿Para qué más motivos?


John Wayne era un conservador irredento, pero a los amantes del buen cine (con un ideario u otro), nunca nos importó gran cosa. Cuentan que una vez se cruzó con Paul Newman en un comedor de los Estudios y le dijo al de los ojos azules, militante demócrata: “tus cosas en la política van mal ¿eh, Paul?”. Newman le contestó: “¿cómo demonios van a ir, si los mejores están en el otro bando?”. En fin, que había admiración antes que sectarismo. Newman también llegó muy alto (ya era una estrella cuando le tiró el piropo al de Iowa), pero conocía de sobra la talla profesional de Wayne. Negarle méritos era estar ciego. 

El gigante “feo, fuerte y formal”, como pidió que le describieran en su lápida mortuoria, fue actor favorito de Ford y eso le permitió protagonizar un puñado de obras maestras. Eso y su talento, por supuesto. La diligencia, Hombres intrépidos, Fort Apache, Tres padrinos, La legión invencible, Río Grande, El hombre tranquilo, Centauros del desierto, Escrito bajo el sol, Misión de audaces, El hombre que mató a Liberty Valance… Menuda lista. Pero la podemos enriquecer con las joyas que hizo para Howard Hawks: Río Rojo, Río Bravo, El Dorado, Hatari. Y el regalo oscarizado de Henry Hataway, Valor de Ley. En la mayoría de ellas, Wayne hizo de pistolero o cowboy de western, con o sin estrella, hasta la casi identificación del actor con el género. Pero basta el momento irlandés frente a la chimenea, abrazando a Maureen O´Hara con los ojos fijos en el fuego, para saber lo que un gran actor es capaz de expresar, aún sin revólver.

Pues eso, amigos: un recuerdo desde aquí para el Duque, y para la actriz que más le quiso, dentro y fuera de la pantalla, la pelirroja Maureen.


jueves, 14 de junio de 2018

Las estrellas de cine no mueren en Liverpool


Un argumento sencillo, no demasiado original, afinado por un guión muy inteligente, cuidadoso, una puesta en escena estupenda y un reparto fantástico. Así se hace una buena película.

Annette Benning, una de las pocas actrices de su edad que sigue encontrando papeles de altura, da un verdadero recital de fragilidad y entereza, divismo y humanidad, según toca. En esta ocasión, por vez primera, el espectador no rabia al ver a otra actriz encarnar a una estrella del pasado, para el caso Gloria Grahame. Es mérito de Annette, por supuesto, aunque quizá le ayuda hacer de una estrella que, aún siendo real, limitó su fulgor a poco más de una década lejana.


Grahame participó en varias obras maestras de los 40 y los 50 (Qué bello es vivir, En un lugar solitario, Cautivos del mal, Los sobornados, Deseos humanos), pero nunca alcanzó la categoría de mito de camiseta.

El chaval, ya no tan chaval, Jamie Bell, se pliega al oficio de la dama con absoluta devoción, lanzándose a tumba abierta con acierto. Su desparpajo, suspicacias, confusión y pena arrasan al espectador. Julie Walters o Vanesa Redgrave, las madres de los amantes, juegan hace mucho tiempo en otra liga, esa en la que les basta estar para dominar la escena.

Las estrellas de cine no mueren en Liverpool dura 106 minutos incluyendo los créditos, pero podría durar igualmente hora y media a toda potencia. Su romanticismo late genuino y gracias al “bardo” (obviamente el de Stratford) consigue un momento bellísimo sobre las tablas de un teatro vacío. No es la única escena para quitarse el sombrero, aunque sí la culminación de esta historia sencilla, sentida, probablemente tramposa, pero auténtica en pantalla. En el cine, es lo único que importa.


miércoles, 30 de mayo de 2018

Han Solo


El segundo spin off de la saga galáctica viene a demostrar que estas historias derivadas (la de la misión suicida de Rogue One, la juventud de Solo), son mejores que la continuación de la historia central, donde el miedo a los fans o la pereza de la que Hollywood hace gala en este siglo, reiteran una y otra vez la amenaza, la rebelión, el discípulo díscolo, el discípulo dedicado, la super-arma estelar…

Los spin off tienen más libertad. El escenario ya está creado y es ampliable en planetas, naves, razas, tascas y proyectos alocados. Sólo hace falta algún soldado imperial vigilante en algún rincón de la ciudad mugrienta o la estación orbital clasista para recordarnos que el Imperio manda. Lo demás queda al albur de los que cocinan la película, con la bendición de Disney. Su única obligación es tirar un par de cables inteligentes hacía el Star Wars clásico. En Rogue One eran los planos que acabarán en la panza de R2 D2. Aquí son Chuwi, Lando y el Halcón. 


La capacidad de enamorar del Halcón Milenario está fuera de toda duda. Será la última nave de la galaxia, llenará el último plano en pantalla grande de la saga. El primer encuentro entre Solo y Chuwi es quizá lo más potente –a ras de personajes- que han rodado desde que George Lucas vendió el chiringo. Y Lando joven es un buen personaje, bien interpretado.

En cuanto al chico que hace de Solo, bravo por él. Su maestro de circunstancias, la chavala y el malo, cumplen sin mayor alarde.

Sólo el humor, un elemento que hubiera suplido el carisma insuperable de Harrison Ford, deberá mejorar si seguimos al piloto mercenario en otras aventuras juveniles. Su proverbial sarcasmo aquí se queda en un par de chascarrillos que apenas arrancan la sonrisa, y no es por el actor: es que el guión, o Ron Howard, o la edición del mecano, han fallado para dar con el ritmo que precisa un comediante, porque la sala estaba a rebosar y con ganas de fiesta. La robot empoderada también está concebida para ser graciosa y por lo visto en el patio de butacas –y sentido en la mía- fracasa en ello sin estrépito.

De lo demás, el asalto al tren es espectacular y novedoso. Para el resto de peripecias, la atmósfera que viene de fábrica. Pero no sale la Estrella de la Muerte. Vamos mejorando.


jueves, 17 de mayo de 2018

Otro pedazo de infancia que se va



O no, porque la primera de Superman se ha convertido en un clásico y la disfrutamos en primicia a la edad adecuada. Hoy el vuelo nocturno de la parejita da un poco de sonrojo, pero Margot Kidder era la perfecta Lois Lane tocapelotas a pie de calle. Ahí no ha tenido igual, porque los efectos especiales envejecidos ya no cuentan, sólo la composición de la actriz.

De su carrera nada más perdura, trabajó mucho en cine malo, se le fue la pinza, ha muerto relativamente joven... La biografía de muchas que lo intentaron sin conseguirlo. Pero con una diferencia significativa: Ella fue la novia insustituible del hombre de acero, el que por su amor se saltó la contradictoria norma de papá Brando: “prohibido inmiscuirte en la historia de los hombres”.

Vuela Lois. Ahora te llaman Margot.

miércoles, 16 de mayo de 2018

Los Vengadores: Infinity War


Los Vengadores han arrasado otra vez en taquilla, aunque teniendo en cuenta el porcentaje de salas que copan ellos solitos, ya no se sabe el mérito de la película misma en la hazaña. Al final, de todas todas acabas viéndola.

Éstas de Marvel empiezan a ser tradición de grupo, en mi caso el que formamos mi hermano, mi sobrino y yo, que por lo general salimos entre rebotados y de chunga, tipo “¡¡¡pero qué me estás contando!!!”.

Por desgracia, esta vez la vi sólo, y los sentimientos encontrados me acompañaron a casa sin compadreo inmediato.

Los Vengadores son simpáticos, es verdad, batallan demasiado (en minutos de metraje), pero tienen su punto gracioso. Los guardianes de la galaxia también. Spiderman otro tanto. Y luego hay que añadir algunos más solemnes (Black Panther, Doctor Extraño) o sin definir (el Soldado de Invierno). La lista es larga, demasiado. No todos pueden lucirse aunque arreen lo que sea menester. El malo y sus secuaces son pocos y cabrones. Pues bueno. Y también cubren el expediente, pues vale.

Pero todo es tan reiterativo, tan básico (incluso en los rotos del guión), tan irrelevante hasta cuando se pone trágico, que ya produce cierta fatiga. Mi sobrino tiene la edad idónea para disfrutarla y añadiría unas cuantas palabrotas a mi crítica, no digo más.

Así que la próxima en grupo, pero en pantalla de TV grande. Para hacer unas risas como las del whatsapp de regreso a casa. Mi hermano y mi sobrino ya la habían visto y nos imaginábamos a Thanos en la recogida de la aceituna, que los tres conocemos bien. “Ese chasquea los dedos y caen todas las aceitunas sin dar un palo” “Y la mitad directamente convertidas en aceite”…. Así hasta casa.

Como diría Kike: "Infinity mis huevos".


martes, 15 de mayo de 2018

Expone José Luis

José Luis García es un mago del tablero.
Carboncillos, lápices y lo que le echen.
Atesora una galería de retratos imperecederos de los que nos pirran por aquí.
Dejad la pantalla, las obras al natural se la comen cruda.
La exposición empieza este viernes.
Palacio del Infante D.Luis. Boadilla del Monte.
Para no perdérsela. 


lunes, 14 de mayo de 2018

Adiós adiós

Antonio Mercero y Horacio Valcárcel hacen mutis. Sólo queda Garci de aquel trío de fieras.

Los fallecidos, juntos o por separado, reúnen hitos del cine y la televisión como La cabina, La guerra de papá, Espérame en el cielo, La hora de los valientes, Planta 4ª, El crack, El abuelo, Historia de un beso, Luz de domingo. Y Verano Azul, Turno de oficio, Farmacia de guardia.

A lo artesano, con descomunal talento y sin divismo cultural.
Grandes pérdidas. Te acompaño en el sentimiento, José Luis.



lunes, 30 de abril de 2018

Un lugar tranquilo


No sé si es sólo tradición anglosajona, pero vengo observando que los actores que se meten en la dirección de películas suelen elegir historias sencillas donde volcar su talento, cuando en el mundo hispanoparlante es habitual ver lo contrario: opera prima pasada de ambición temática (excepción loable a Tarde para la ira, de Rául Arévalo). El resultado de esta decisión gringa, no sé si obligada o autoconsciente, suele ser bueno. Y éste ha sido el caso de John Krasinski, que aunque ya dirigiera una película anterior (también sencilla), se ha destapado con Un lugar tranquilo, arrasando en su mercado de origen y obteniendo reconocimiento y taquilla allá donde estrena.

Es comprensible. Su película es potente desde cualquier punto de vista. Aparte del caché de Emily Blunt, de lejos la más prestigiosa de sus intérpretes (que son media docena), la producción es pasmosamente barata para los parámetros estadounidenses. La hecatombe alienígena queda resuelta y entendida con una calle vacía de una población menor, un súper saqueado, unas cuantas portadas de prensa y una sobreimpresión en pantalla que nos dice cuántos días han transcurrido desde el punto de no retorno.

Así las cosas,  Krasinski y el resto de sus guionistas (bien por no acometer el libreto en solitario), se marcan un hallazgo narrativo de enorme calado cinematográfico: el que hable, la palma.


Desde esa premisa, lo que sucede se convierte en cine puro: la imagen manda de forma abrumadora. Ahí es donde John se ha gastado el dinero disponible, sus poquísimas localizaciones están fotografiadas con la solvencia de un grande. Seguramente Emily, que es su mujer en la vida real, se habrá rebajado el sueldo. Los niños también lo hacen estupendamente, aunque parece una convención universal que a ellos no les cuesta apenas interpretar cualquier cosa, no sé muy bien por qué, si se sabe mínimamente cómo son los rodajes en cuanto a técnica, marcas, fragmentación y demás.

La claustrofobia, la desesperanza combatida a pura inercia, el carácter perfectamente delineado de cada personaje, los monstruos presentidos o mostrados, el número de fogatas supervivientes en el horizonte, la tensión y los sacrificios escogidos,… todo funciona en Un lugar tranquilo.


La banda sonora cobra protagonismo en una película en la que apenas se dialoga. Sonido ambiente o golpes de tensión lo acreditan.

Sólo hay un detalle para la galería, bien resuelto en guión: subtitular lo que se dicen por señas. La mejor prueba de lo bien realizada que está Un lugar tranquilo, es que todo se entendería igualmente bien sin traducir los gestos a palabras. Se dice todo con la mirada.

A disfrutar y a temer, amantes del Cine.


viernes, 27 de abril de 2018

Fuera de Madrid, el mundo sigue

No sólo en Madrid: en todas partes pasan cosas. 
A veces incluso son cosas excelentes. Y más fáciles de disfrutar.
Para muestra, este aniversario de una Filmoteca que me sirvió en su día de inspiración para novelar y ahora me recuerda que el amor al Cine puede gestionarse con profesionalidad y transmitirse al común con cariño y buen ojo. 
No sólo de Los Vengadores puede alimentarse el cinéfago no capitalino. 
Aquí está el equipo extremeño para que se amplíe el catálogo de sueños posibles.
Alguien me dijo una vez: "Las pequeñas grandezas son las grandezas más grandes". Va a empezar mayo y estoy de acuerdo.