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lunes, 28 de septiembre de 2026

Buena suerte, pásalo bien, no mueras

 

Ésta es una película a borbotones, llena de ideas excelentes y algunas líneas de diálogo afortunadísimas, humor negro a paletadas, sátira bizarra, referencias malévolas e imaginería descacharrante. Pero no le basta con eso, busca emoción, solemnidad, tensiones, enjundia. Y así es como naufraga: demasiados tonos alternándose, de un momento black mirror a otro zombieland, del viajero en el tiempo a la IA desaforada, del smartphone tóxico al espíritu de videojuego. Todo a borbotones, ya digo, con desasosiego y frenesí.

Una vez más, el exceso de metraje juega en contra. Esta vez no estira innecesariamente las escenas, sino que las acumula y mezcla, las esenciales y las innecesarias (lo del gato gigante y algunos otros despropósitos hubieran podido tacharse desde el mismo guion sin pestañear). 134 minutazos que al menos nos evitarán las escenas eliminadas cuando este título se convierta en una peli de culto, al estilo Brazil.

Con todo, merece verse. Sam Rockwell está inmenso durante toda la película y su mirada vitriólica sobre lo que nos espera no deja de interesar. Esa mirada casi se resume en el plano de inicio, cuando la cámara sigue a una jarra de café que va rellenando tazas de una cafetería nocturna y, junto a todas ellas, descansa la mano de cada cliente sosteniendo el correspondiente smartphone encendido y a la vista, para no perderse cualquier bobada que salga en la mini-pantalla. Esa sola escena parece indicar cual es el consejo más importante del título Buena, suerte, pásalo bien, no mueras. Es "pásalo bien".

  


 

El ser querido

 

Ver a Javier Bardem clavar un papel bien escrito no es ninguna sorpresa. Lo que pasa es que cada vez hay menos papeles de esos en sus caladeros de pesca. Lo de Hollywood es un despiporre donde ya no saben si superar la era superheroica, resetearla o volverla crepuscular. Si los apocalipsis y las distopías siguen teniendo hueco, si las franquicias (todas van por la entrega cinco o más) aún pueden rentar lo suyo o toca inventar otras nuevas. Si los últimos grandes cineastas, Spielberg y Scorsese en cabeza, van a dar algo más de sí o se quedarán en casa con los nietos. Eso por no hablar de las cuotas, y Bardem, le guste o no, es cuota. Como lo fue su mujer -la única estrella española de aquella industria desde Banderas-, que ahora les parece a los departamentos de casting lo que dice su carnet: una cincuentona.

Todo ello, sin meternos en el pantanoso terreno de los lobbies políticos, especializados en tachar de los repartos a esta clase de actores a los que se les calienta la boca, en un país en el que eso siempre cotiza a la baja.

Así las cosas, el actor más talentoso del planeta tiene que volver a España, un mercado intervenido hasta la médula, donde solo se cocinan comedia casposa siglo XXI y autorías en retirada o ascenso, pues el cine de presupuesto medio sin factura televisiva se está extinguiendo rápidamente (y eso que, año tras año, ofrece lo mejor de lejos). Bardem ha podido encontrar aquí papeles de cierto fuste, con los más afamados y prestigiosos de su generación: el papel de la de Farhadi (Todos lo saben), el de León de Aranoa (El buen patrón) o éste.

En El ser querido está como él puede y sabe: infalible. Más meritorio es lo de Vicky Luengo, su contraparte esta vez, haciendo de hija desenfocada. Estupenda también, a la altura del reto. El guion de Rodrigo Sorogoyen y su socia eterna Isabel Peña es muy inteligente, la dirección adecuada, el resto del reparto cumple. Todo pita. 

Algunos tics de “película importante” son solo eso, tics. Ni estorban ni suman. Aunque, a mi juicio, los cambios de formato y textura se los pudo ahorrar y el metraje admitía veinte minutos de tijera tranquilamente. Tampoco cuenta tanto. Pero el talento de los que lo cuentan radica precisamente en eso: interesar durante tanto tiempo con tan poco.

Esperando la nueva de Sorogoyen. Y la nueva de Vicky Luengo. Bardem, entretanto, va a estrenar Dune 3. Pues eso.

domingo, 27 de septiembre de 2026

Letras robadas

Paul Rudd es un actor que cae bien. Encaja especialmente en lo papeles de simpático sin demasiada suerte, que a pesar de todo se gana el respeto de quien debe tenérselo antes de que la historia termine. Esta película podría resumirse así, pero afortunadamente hay mucho más. El argumento surfea sobre asuntos tan peliagudos como la autoría, la frustración vital, la corrupción de la fama, las incomprensiones de los que tienes más cerca, las lealtades, la codicia o la autenticidad. Todo ligero, como una buena canción de los ochenta. 

John Carney, el director irlandés de Once, rebaja sus expectativas y las nuestras. Eso le sienta maravillosamente a la película, que aprovecha un guion bien ligado, cero experimental. Contiene buena música (¡qué gran selección!), con la que alimentar bodas, bautizos y comuniones, un grupito de carrozas resultón y moderadamente gamberro, unos momentos de humor muy logrados y una estrella musical que se presta al desuelle: el hermano Jonas (Nick Jonas) que más se ha trabajado lo del cine y aun canta bien. Con eso y en poco más de hora y media, la feel good movie de 2025.  

Por supuesto, estuvo tres semanas en nuestra cartelera. Los superhéroes venían pegando fuerte y necesitan espacio para sus destrucciones urbanas, que -por cierto-, se plagian unas a otras. 

Un talento único

Dustin Hoffman da un poco de lustre a esta propuesta sin grandes nombres, salvo el suyo y el de Jean Reno (ambos en papeles muy menores, pero agradecidos). No obstante, el primer largo de ficción del hasta ahora documentalista Daniel Roher no necesita estrellas (quizá figuran éstas más bien simbólicas, para levantar la pasta de la producción).  

Un talento único es una propuesta inteligente, moderadamente original, con una progresión muy medida y los giros justos, de esos que optan por el interés antes que por la espectacularidad (principal lacra del cine norteamericano actual).

Creo que se ha hecho directa para plataforma, pero HBO sigue marcando ciertas distancias. Esta película, pequeña, sensible y bien desarrollada en su faceta criminal, es un buen ejemplo. Hasta la última escena, que es pura concesión a la forma de terminar las cosas "a la americana", se resuelve con elegancia. 

Talento a seguir.

Backrooms

 

Con precedentes menos pensados y mucho más baratos (Paranormal Activity, El proyecto de la bruja de Blair), ha salido esta notable propuesta de terror psicológico. Luce un excelente Chiwetel Eliofor de protagonista y una dirección de arte apabullante que es casi más protagonista que el actor. 

Espacios vacíos y amarillos, infinitos, con restos de vida dispersos (muebles semi-enterrados, ropa vieja, grabaciones, maniquíes...), sin más vida humana que la de quien los recorre sobrecogido. Sonido cuidadísimo, pocas explicaciones y un coda que no sabe uno si cierra la historia circularmente o si es para el descojono final de los artífices del artefacto.

Muy buen artefacto, cuidado con entrar en él. 

En el corazón de la bestia

 

Para los que están pensando en hacer senderismo: solos no.

A todo carisma y tatoos, Brad Pitt, alias James, se pasea por agrestes parajes de Alaska en compañía de su perro Odín. No hay psicópatas en los bosques norteamericanos en esta ocasión, algo muy de agradecer. Aunque sí unos flashbacks bélicos por completo innecesarios, que nos recuerdan el pasado militar del hombre y su perro.

Por lo demás, resuellos que nos alertan de que los años, incluso para Pitt, no pasan en balde. Algunos detalles que huyen del tópico (en la avioneta) o se pegan a él (los troncos sobre el torrente), un J.K. Simmons sacado de Nomadland, un poquito de medicina de supervivencia y algunas bestias salvajes para aliñar.

Pero lo realmente importante, la pregunta del millón que arroja esta peli, es: entre una  estrella de Hollywood y el perro de una película de Hollywood ¿a cuál te atreverías a sacrificar?   

miércoles, 23 de septiembre de 2026

Repescas de septiembre

Una buena mujer

Para el cine de ellos (antes la literatura y las artes plásticas), ¡qué ricos y superiores lucen siempre los anglosajones en su vida social por el Mediterráneo! En esta película también, claro. Con un poco de jazz antiguo y títulos de crédito iniciales intencionadamente allenianos, el libreto adapta de forma evidente El abanico de lady Windermere de Osca Wilde. Lo hace bien, con una realización artesana, una dirección artística cuidadosa, unas localizaciones embriagadoras, un rutilante reparto femenino (y Tom Wilkinson). 

El resultado es una buena película, nada más (y nada menos).

Los justos

Otra propuesta abiertamente teatral, no exenta de gracia, aunque un poco estirada para llegar al largo comercial de sala. Como telefilme de una hora les habría salido más redonda. Me viene pasando últimamente con varias propuestas fílmicas españolas, que bien podrían componer una serie de episodios independientes. Algo así como Cuentos imposibles (o inquietantes), alternativa no terrorífica a las míticas Historias para no dormir. Aquí la cosa va de jurado ante un jugoso soborno, de sus tiras y aflojas con la conciencia y la necesidad, aunque la sazón de humor opaca gran parte del dilema moral de fondo. Bien, su reparto puede con todo y lo convierte en un digno (incluso justo) espectáculo para el televidente. Perdón, espectador. 

Jugada maestra

Norteamericanos de hoy ejecutando una revisión descarada y mala de Ocho sentencias de muerte (título emblemático de la Ealing en su década de oro), pone de relieve una vez más que los clásicos es mejor dejarlos tranquilos. Más aun cuando se tiene una industria como la del actual Hollywood. Por otra parte Glen Powell, su protagonista absoluto, empieza a ser veneno para la cinefilia, incluso para la más joven. Se mete en unas cosas que a él pueden parecerle de calidad superior a la media sobre el guion, pero inevitablemente destinadas al naufragio cuando llegue el resultado proyectable. En fin, supongo no le llegan esos juicios del frikismo crítico hasta la piscina y sigue cobrando bien mientras le cae algún súper de la siguiente fase marvelita. Esa debe ser la verdadera jugada.

U.S. Marshalls

Siempre está bien revisar los entretenimientos solventes de los años noventa, la última década en la que el cine espectáculo del Hollywood industrial con presupuestos medianos sabía proponer cosas de FX sin croma, manejando repartos cuajados y carismáticos pero veraces, pendientes de la trama y el ritmo. Estas películas han envejecido francamente bien. Pero claro, Tommy Lee Jones envejece bien cualquier película que te imagines. Incluso él mismo lo ha hecho, con su cara de fea piedra y su determinación.

martes, 18 de agosto de 2026

Al final de Oak Street

 

Con los años nos damos cuenta de que el verano lo excusa casi todo. 

Uno de los pecadillos más frecuentes del estío es ver películas malas en sala, a sabiendas. Cuando niño, podías zamparte varias de diferente género y catadura en uno de esos cines armados frente a un patio de vecinos con pared trasera blanca y ventanas en los laterales, sillas de hierro y mar de cáscaras de pipa bajo los pies. 

Aquellas pelis, descarada serie B o clásicos salpicados de heridas, amputaciones y sonido de lata, colmaban nuestra ansiedad durante dos horas en las que los padres (él y ella), soñaban con noches a solas por completo desaparecidas. Los novietes, al amparo de una oscuridad muy discutible, se metían mano frente a Godzillas baratos, cowboys sin caché o exploradores de selvas por transparencia. Todo muy vintage y entrañable.

Con el tiempo, de los cines de verano saltamos a los refrigerados de butaca, en los que meterse mano era más cómodo. A efectos cinematográficos, algunos de los estrenos ochenteros tampoco tuvieron mucho más que un pasar para el adulto que pagaba los tickets y vigilaba adolescentes por el rabillo del ojo. Pero los ochenta (sin pipas, con palomitas), eran otra cosa y varios de aquellos títulos han acabado convirtiéndose en clásicos con celebraciones de aniversario. Véanse Los Goonies o Gremlins. 

Nada de esto pasará con la de hoy. Ya no hay cines de verano al aire libre, los cerrados de butaca en zonas de playa mueren de consunción y las chatarradas de agosto van a tener un envejecer detestable, para niños y adultos, caso de que las vean. No mejorarían ni con amputaciones del metraje.

La sala estaba prácticamente vacía: nosotros dos sintiéndonos una pareja de jubilados antes de serlo,  un grupito de tres amigos inclasificables (¿qué se les había perdido allí con veinte años?), otros dos deslavazados a nuestra espalda y una prosti del puerto haciendo tiempo para que la noche se animase de verdad. Creo que teníamos más potencial que la pandilla de anormales residentes Al final de Oak Street, una película que no se sabe si va en serio o en broma, si es de ciencia ficción, de aventuras, familiar (la familia que sobrevive unida permanece unida), terrorífico-normativa, woke o heteromierder.

El asunto va de una inesperada traslación del barrio de Oak Street a 140 millones de años más atrás del jurásico (cuyo nombre y animalejos deben estar vetados por derechos adquiridos en Spielberg y asociados entertainment). Allí, Ewan McGregor y Anne Hathaway, dos intérpretes notables con irregular carrera, de los que no garantizan otra cosa que la salud de sus cuenta bancarias, ejercen como padres "loser" de dos adolescentes aspirantes a "loser" (ella lee sobre el tejado, él tira con arco casero). Para ponernos en contexto, todo transcurre en un barrio de los ochenta (nostalgia trampa) y la historia empieza larguísima y mal traída. Luego, unas luces nocturnas y ya están los dinosaurios allí, comiendo vecinos. Especies de dinosaurios no registradas, se entiende. 

¿Y la familia? pues tomando decisiones absurdas de manera ininterrumpida. ¿Las víctimas con frase? Por completo irrelevantes, ni para la progresión narrativa valen ¿Las explicaciones pseudo-científicas? Escasas, pero casi mejor no darlas. ¿La solución? Un delirio con descojone (en la sala, claro). En fin, la chatarrada mayor del año, puede que de la década. Perpetrarla solo ha costado la friolera de noventa millones de dólares. Ole por el director, que convenció a la Warner.

Al final de esta calle llamada Oak debieron tener un cine echando Hace un millón de años. Al menos habríamos podido ver fugazmente a la Welch y su bikini prehistórico. Será que el director no la conoce o que ha tenido el mínimo pudor de no remontarse a las chatarradas con pedigrí. Qué espanto.  

miércoles, 5 de agosto de 2026

Spiderman brand new day

Sony y Marvel se pusieron de acuerdo en derechos y dividendos y Tom Holland se quedó como Spiderman, con Zendaya por novia y Jacob Batalon como amiguete. Bien, muy bien, a veces el dinero anima a decidir con sensatez (y rápido). 

Seguramente por ese nuevo acuerdo, la peli huele un poco a reseteo. Hay que salir del lío que se montó en la anterior con los universos y las desmemorias. Pero también incluir un nuevo super-misterio para ser resuelto por el héroe, añadirle una pizca de problemas arácnidos y peter-problemas, invitar a algunos compañeros ilustres (Hulk y Punisher en cabeza), y mezclarlo todo en la batidora de un guion que se respete a sí mismo. 

Les ha salido estupenda, al menos para los fans, entre los que me cuento. Spidey siempre fue el mejor, el más ingenuo y divertido, el del corazón puro, agilidad arrolladora, fuerza imparable; quien elevaba con su presencia cualquier otro protagonista de Marvel, en sus cómics o en los de los demás, en una película o en cien. 

Tu amigo y vecino, una red segura contra blockbusters vacíos de los que el verano está lleno.    


 

jueves, 23 de julio de 2026

Torrente presidente

 

Cuando esta película iba por los doce millones de euros recaudados en salas, escribí como comentario en un blog vecino (elblogdelcineespañol.com), lo siguiente:

Con el panorama nacional que tenemos, va a pasar de 30 millones. Está el respetable muy receptivo a las burlas torrentianas hacia esa patulea de todo signo que dice representarnos y nos chulea sin sonrojo.

Es una película que acierta con el momento, como en su día lo hizo la muy corrientita “Ocho apellidos vascos”. No era tanto la película como el momento social. Segura se va a hinchar, aunque escueza a los bien pensantes.

Alcanzó los 29 millones en salas y no sé los clics en Netflix.

La he visto, por fin, y me ha costado. En streaming y dedicando cuatro sesiones para llegar hasta el final. Quizá viéndola en sala de cine llena el efecto contagio me la hubiese reconvertido en descacharrante comedia, pero no lo creo. Y eso que no soy bien pensante.  

Claro, que tampoco soy seguidor de las sagas de Santiago Segura: me planté en el segundo Torrente (la primera secuela es casi obligada) y vi un Padre no hay más que uno que me sobró. Después del primer Torrente (buena, en mi opinión), solo he visto una película suya que me pareció muy aseada. Se llamaba Sin rodeos (era el remake de un éxito chileno o de por ahí) y lo único que no estaba bien en ella resultó ser un papel que hacía él de brujo adivinador o algo, muy paródico, pero afortunadamente corto (me da que lo solventó así para ahorrarse un actor y darle un hueso a los fans).

De Torrente y todas sus entregas, me quedo con el mérito de acuñar un personaje longevo y querido por el público, por mucho asquito que dé. Como a Stallone siempre habrá que reconocerle Rocky, aunque lo haya estirado como un chicle.

Segura tiene un producto que funciona por su humor sarnoso y mugriento, no apto para todos los gustos. Aunque creo que la risa aquí nace, en gran medida, del cabreo nacional necesitado de algún tipo de catarsis. Porque lo que me parece sintomático es que quienes más criticaron a Segura en medios digitales y redes durante su éxito arrollador en cines fueron los ofendiditos (¿se dice así?) de izquierdas, mientras que los de derechas no parecían incómodos con la burla, como si las chanzas del personaje fuesen oportunas, porque zurraban al gobierno y a los derechistas malvados o frikis metidos a salvapatrias para esquilmar.

Lo único que parece claro es que ambos tipos de hooligan ideológico están fuera de la realidad. En la suya han convertido un producto de masas también en un producto de bandos. Un sindios, digno de películas mucho más divertidas que ésta.

Cruda y burda, ideal para incondicionales, Torrente presidente va a constituir, ella sola, el 25% de la recaudación total del cine español en salas. Y si la cuarta de Tadeo Jones pincha, el 30 o el 35. ¿Alguien de la malquerida industria extraerá enseñanzas de un fenómeno semejante o intentará la autocrítica? Hagan sus apuestas. 

domingo, 19 de julio de 2026

La Odisea

 

Es de agradecer a Nolan el esfuerzo por ser fiel al poema épico, canto a canto, y es comprensible su interés por la obra de Homero y el rigor que ha puesto al adaptarlo: La Odisea original está llena de flash backs, cosas que pasan antes pero se cuentan luego y en fin, esos modos narrativos que le pirran a Christopher.

Matt Dammon está espectacular como Odiseo / Ulises, Anne Hathaway como Penélope funciona a la pefección, también Robert Pattison de Antinous (el pretendiente intrigante y cobarde), Tom Holland interpretando a Telémaco da razonablemente la talla, Charlize -Calipso- Theron justifica siete años de desmemoria y John Leguizamo hace un estupendo Eumaeus. La tropa con caché o el Menelao de Jon Bernthal encajan sin gran problema. Lupita Nyong´o como Elena de Troya es por descontado lo más discutible, más que el revuelto étnico en soldados, sirvientes y sacerdotes, que la antigúedad también estaba muy movida y el Mediterráneo traía y llevaba gentes de todas partes, tanto o más que ahora. 

La ambientación, el sonido, la omnipresente música... todo milimétricamente Nolan, un director que conoce las reglas, respeta la tendencia o incluso la crea. Y por lo narrativo, el desorden de la casa pero atado en corto por Homero. Para la posteridad, una vez más, la historia del caballo, de lejos lo mejor de la película. Solo lo de la diosa Atenea - Zendaya no se entiende muy bien hasta el final (incluso entonces el profano necesitará ir del asterisco al pie de página). 

Vamos, que notable. Tampoco hay que levitar, eso se lo dejo al crítico de El Mundo y otros favorecidos por los dioses. 


 

domingo, 28 de junio de 2026

El día de la revelación

 

Steven Spielberg no tiene ya nada que demostrar, así que se ha dado el lujo de volver a sus temas favoritos. Es decir, que esta vez juega en casa: vida extraterrestre, conspiraciones gubernamentales, involuntarios héroes perseguidos por medio país, recuerdos de infancia... la tercera fase puesta al día, pero no en remake, sino buscando una manera nueva de contar lo que el chico de la gorra lleva sosteniendo toda su vida, que no estamos solos en el universo.

La película carga con el lastre de tantas representaciones de lo tecnológicamente sobrenatural como llevamos vistas desde aquella nave que se comunicaba por notas musicales. Así que esta vez es mucho más apasionante el desarrollo que el desenlace. Entonces, el encuentro final de Melinda Dillon y Richard Dreyfuss con la vida extraterrestre era lo más grandioso de la película y aquí en cambio, el momento equivalente de Emily Blunt y Josh O´Connor me resultó lo de menos. 

Dicho esto, Spielberg tiene setenta y ocho palos, pero no se le notan. ¡Joder, si hasta sabe usar el dron solo cuando hay que usar el dron! Larga vida al viejo Steven, aquí  o en futuras galaxias, donde seguro que proyectarán sus pelis para pasar el rato en los largos viajes interestelares. Espero que no tomen demasiado en cuenta lo que muestra de nuestra terrible especie. 

Muchos dicen que la prueba definitiva de que hay vida inteligente en otros planetas es precisamente que no vienen.  


 

lunes, 22 de junio de 2026

Toy Story 5

 

Volver a la pandilla toy es siempre un placer. Debe de serlo en Pixar y lo es para los espectadores. Esa es su ventaja y también su punto débil. Quieres que vuelvan a sorprenderte, divertirte y conmoverte y cada vez es más difícil, no ya superarse, sino llegar al listón. 

El final de lo que bien pudo ser una trilogía perfecta, no dejaba nada para el futuro. Aquel Andy con el coche aparcado frente a la valla de la niña Bonnie, entregándole los juguetes uno a uno, contándole sus cualidades hasta llegar a Woody... Esa última tarde jugando sobre la hierba con sus viejos amigos, el genuino disfrute del chico que va a crecer en cuanto se ponga al volante y de la niña solitaria e imaginativa, es un momento absolutamente impagable que no se puede superar.

Así que la cuarta entrega fue como cambiar de Bond después de Connery: un patinazo. Sin un solo personaje memorable nuevo ni una escena para el recuerdo. Sin molestar, claro, aseada de ver, moderadamente divertida, trepidante, emotiva.... moderadamente todo. Pero la verdad es que cuando entré en la quinta entrega, no recordaba ni cómo había acabado cada personaje, quién seguía con niño y quién al raso. 

Toy Story 5 está mucho más cerca de las tres maravillas primeras que de la cuarta, porque vuelve a su espacio natural, las habitaciones de infancia, los jardines con valla, las calles entre viviendas unifamiliares de barrios idílicos USA, pero esta vez con pantallas comiéndose la tostada. De eso va esta entrega, del duelo entre los juguetes tradicionales y las "consolas", tablets y otras mierdas enchufables de ayer y de hoy. Dinamismo, perfección técnica, sus pizquitas de humor y una moralina de ni pa ti ni pa mí, dejarán razonablemente satisfecha a la chiquillería y, por eso mismo, a los adultos que les acompañen. Pero si fueron niños cuando esto empezó o padres más jóvenes, sabrán que "hasta el infinito y más allá" no es una frase que se pueda aplicar a la longevidad narrativa de una saga. 

La calculadora, ya saben, es otra maquinita de mierda, aunque vaya a pilas.

 

lunes, 15 de junio de 2026

Post de retales y perla

Finch, para la Apple TV de 2021. Produce Robert Zemeckis, el mismo de Naúfrago. En ésta, el papel de "Wilson" oscila entre el carrito de la compra, el perro y el robot humanoide. Tom Hanks demuestra sin mucho esfuerzo que de carisma anda sobrado (no sé ahora que se ha quitado la barba y la delgadez afila su edad). La puesta en pantalla pide a gritos un talento para la tensión y la lágrima como el de Spielberg, que no asoma ni cuando llegan al Golden Gate. En fin, un aprobadillo por ser Tom quien es. 


53 domingos. Cesc Gay para Netflix se muestra más blando y superficial de lo que suele, pero igual de fácil de seguir y disfrutar. Todo rezuma teatralidad en este encadenado de citas familiares para abordar el futuro de un padre anciano, con la hija sacrificada, el hijo victimizado y el egoísta. Por desgracia, no rasca apenas en lo que duele, ni con humor negro (le da a los mcguffins más protagonismo que a lo mollar), pero se ve con agrado. Un 6,25 en plan profe cicatero con las décimas.
 


La mujer crucificada. Mizoguchi es otra liga. Ochenta minutos de oro para una historia que levantaría ampollas en los años cincuenta y que hoy no tiene quien la escriba y la dirija con ese nervio libérrimo y furioso. Burdeles mínimamente maquillados, mujeres empoderadas en el barro, curdas japonesas, puteros, amores por interés, suicidas potenciales, teatro kabuki mientras transcurren las traiciones, se cierran negocios sucios o se duerme la mona. Virtuosismo de un clásico del XX. No disponible en plataforma, claro.   

  

martes, 26 de mayo de 2026

El mandaloriano y Grogu

 

Estamos deseosos de irnos a alguna galaxia lejana, esa es la verdad. En ésta la cosa pinta mal, pero allí por lo menos los ciudadanos tentados por la alianza rebelde o por el imperio saben distinguir el poder de la fuerza del poder del lado oscuro. 

Quizá por eso han estrenado ésta, spin off de una serie con personajes spin off, que parece el aperitivo ligero antes de la próxima de la saga principal: El ascenso de Skywalker.

No sé si el mandaloriano, Grocu o  el hijo de Jawa el Hut saldrán haciendo un cameo, pues he dejado de seguir la cronología de cada personaje en cada planeta. Pero si no fuesen coetáneos igual nos lo tragaríamos, el espacio-tiempo todo lo puede. 

El mandaloriano y Grogu, la única que se ha estrenado por el momento, es una peli sencilla, palomitera, de Jon Favreau, bastante respetuosa con el fan y un poco menos con el espectador no viciado, que ve sin mucho esforzarse la ramplonería del argumento y la falta de profundidad de los personajes más relevantes y hasta de secundarios que podrían mejorar mucho (sin ir más lejos se me ocurren ya el pescador y el jefe imperial sin identificar).

Esa falta de profundidad hace menos significativo que palmen éste o aquel. Y la falta de esmero en la historia deja casi fuera el humor (imperdonable en Starwars), el asombro técnico nunca antes visto o la importancia de la Fuerza, más allá de recurrir a ella por defecto cuando no hay ninguna idea mejor. 

Grogu por supuesto, es un bichín adorable. Y a Sigourney el casco de piloto de caza le sienta como un trueno. Lo demás aprueba, aunque va justito. 


 

domingo, 19 de abril de 2026

Aislamientos de aquí y de allá

Sorda

Una de las premiadas en los Goya del 26. No parece muy de nuestra tradición cinéfila lo de las discapacidades, aunque ya triunfó en su día Yo también en San Sebastián, hemos metido ciegos en mucha trama de género y algún que otro niño prodigio o autista por ahí. La sordera sin trompetilla estaba pendiente, creo. Sobre todo, en moderno. Es decir, con gente integrada, de trabajo estéticamente molón, padres encantadores, arropada por su colectivo, amada por su esposo. Todo va bien hasta la maternidad y sus miedos, multiplicados por la sordera.

La película goza de pulcritud y presencia. Aunque a ella, la sorda del título, le falta algo más de carisma, sentido del humor, gracia  que nos permita empatizar con sus temores de inmediato y los sintamos crecer como los siente ella. Es difícil compartir sus sentimientos: se entienden bien, pero adolecen de gancho.  Aunque la película tiene algunos grandes momentos, la propuesta se aísla un poco a sí misma en la convención. O llega tarde respecto a las películas hechas antes por otros, típico mal de nuestro cine.

Las vidas de Sing Sing

Otra que tuve que ver a ratos. Creo que del tirón y en sala debe ser aún mejor, pero las circunstancias actuales impedían ambas cosas. A veces parece documental, pero varios actores reconocibles te alertan de que no. Aunque muchos reclusos se interpretan a sí mismos y todo fluye con naturalidad, hasta las soledades de celda, las puertas cerradas, las preguntas retorcidas del comité de condicional. 

Nada se subraya en exceso, es la vida avanzando dentro de una burbuja en el penal de Sing Sing, la de su grupo aficionado de teatro. Y consigue varios momentos humorísticos y emotivos bien afinados y genuinos. Más que aceptable. No es ni muy academicista a lo Darabont ni tampoco se pasa de "Taviani". Equilibrada, un punto original y menos trillada de lo que suele dar el subgénero carcelario. O sea, bien.

Los aislamientos, individuales o en grupo, siguen ofreciendo narrativa interesante. 


martes, 31 de marzo de 2026

Irse lejos

Han venido a coincidir en mi cartelera doméstica dos títulos españoles que recogen a gente repensando su vida fuera de aquí. En ambas actúa David Verdaguer, una como protagonista y otra de secundario. Me han parecido interesantes ambas, pero sólo me ha gustado una.

 

Siempre es invierno, la última de David Trueba hasta la fecha, inmediatamente posterior a su gran acierto Saben aquell, es una historia que le gusta mucho más a él que al espectador. Podría haberle salido bien, los Trueba tienen un no-sé-qué con el cine de los países francófonos, atmósfera narrativa, su estética autoral, su rollito y esta historia en Bélgica, con un concurso de arquitectura paisajística como premisa, le permite escenarios exteriores e interiores diferentes y atractivos, cosmopolitismo idiomático, luz europea y contención muy del gusto del director.

Por desgracia, la película tiene un problema que lastra casi todo lo que sucede en ella: los personajes, en su mayoría españoles bastante pijos ("pijos erasmus", para entendernos) son un poco gilipollas. Los arquitectos, la novia y cuantos van saliendo responden a un perfil bastante antipático o irritante. Digamos que Verdaguer es una especie de neurótico a lo personaje prototípico de Allen, pero sin divertir con sus neurosis y mal humor. Las que salvan la función vienen a ser la sesentona belga, sensata, inteligente y guapa y la recepcionista del hotel, único punto cómico realmente logrado con apenas nada.

No siempre es invierno, porque a Trueba se le da mejor el verano.

 

Muy lejos es una apuesta bien distinta, de un director debutante Gerard Oms, buen guionista que se ha pasado a la cámara con nervio y olfato. Tiene al mejor Mario Casas de cómplice y una historia mínima que funciona a la perfección. Apenas una decisión inesperada del protagonista al quedarse en Holanda con lo puesto después de un viaje futbolero, una vida "en precario" que se dice ahora y un secreto descubierto a capas. 

 

Con sencillez, idiomas variados como en la de Trueba y personajes no necesariamente gratos, pero sí empáticos. A lo mejor entra en juego el carisma y en eso Casas tiene mucho más que ofrecer que Verdaguer.

Lo que me importa de las dos propuestas es que parece imprescindible salir de aquí para pensar en lo que realmente se quiere. Estamos apañados. 

lunes, 30 de marzo de 2026

Proyecto Salvación

 

Una película de estrella, es decir, de Ryan Gosling en su registro más desenfadado y querible, para un argumento trilladito y resultón: la misión espacial para salvar a la Tierra de la hecatombe, en manos de un solo hombre perdido en la inmensidad, que en realidad no esta tan solo como creía. 

Las explicaciones seudocientíficas y los agujeros de guion, más grandes que los de gusano, son irrelevantes. Esto es un artefacto al estilo "Disney", con momentos emotivos, graciosos o tensos, pero no mucho. Mezclado como los martinis de Bond.

La película se sigue con agrado durante todo el metraje, es cine familiar ideal para las vacaciones y por eso está aquí y ahora. Niños de diez años aprox., que dura lo suyo. Lo mismo en media hora menos les habría quedado de lujo. Pero el espacio engolosina al director de foto y al editor, que son los que tienen la última palabra. Y Ryan, claro, que para eso es la estrella.