miércoles, 7 de junio de 2017

Gilda en la Feria

Mañana en la Feria del Libro de Madrid, caseta 65, de seis a siete de la tarde (y luego en la terraza más próxima), firmaremos ejemplares.

Rita no ha confirmado su asistencia. Pero no dejemos de soñar.


(carboncillo de José Luis García)


lunes, 29 de mayo de 2017

Piratas del Caribe 5. Versión extendida


Versión extendida en todos los sentidos: Johnny bebe mucho más ron, los malvados sobrenaturales son más sobrenaturales que nunca, la banda sonora no para un segundo, la espectacular patochada inicial agota el presupuesto de cualquier película digna tirando a cara de cualquier otra cinematografía del planeta, el tesoro que buscan es un pasote flamenco… y así.

Hollywood está muriendo –creativamente, en lo económico goza de muy buena salud- por exceso de recursos y necesidad compulsiva de gastarlo todo ante los ojos del espectador. Sin ir más lejos, las cuatro primeras escenas de esta película podrían ser su principio único. Todas las escenas parecen pensadas para ser “la escena”, estas cuatro primeras y todas las demás, olvidándose los guionistas (o quienes les pagan), de que una película es un todo no coincidente con la suma de sus partes.

Así las cosas, los diálogos humorísticos de las negociaciones piratas (dos o tres, muy pocos minutos del total), son con mucho lo mejor del filme. Ya poco importa si un barco se traga cualquier cosa, si el mar se abre en canal, si la ciudad portuaria es demolida,… puesto que esas maravillas técnicas dejan de impresionar a los cinco minutos y duran veinte (cada una).

Exageradito, super-intenso, agotador.

Recuerdo una frase de Fritz Lang a Peter Bogdanovich (dos dinosaurios que más de uno tendrá que buscar en google): “En algún momento los estudios dejaron de pensar películas que hiciesen dinero para hacer dinero haciendo películas”. Y lo lamentaban en 1965. Eso le pasa hoy a Disney, que tiene en un puño casi todas las sagas apisonadora de la industria: Piratas, Starwars, Marvel, Pixar franquiciándose de forma temeraria, revisitación de clásicos animados en imagen real,… y así. Cualquier día se compran Bond (deben estar en ello) y terminamos de joderla. Las primeras de cada “línea de negocio” fueron cine, de consumo, pero cine al fin (y el “cine de consumo” atesora la mayoría de las obras maestras, no hay que ponerse estupendos). Lo malo es pedirle a cada gallina un huevo de oro más grande cada vez, porque el tamaño de su culo sigue siendo el mismo. No parece importar, si la gallina explota también haremos caja.

Y lo peor es que la hacen. También conmigo, maldita sea. 

Piratas del Caribe, y van cinco


Pues fuimos a verla, mi peque es fan. Y lo voy a resumir con una frase de Bruce Willis (en La jungla 5): "Lo que hay que hacer por los hijos".

jueves, 18 de mayo de 2017

Nunca te saltes una de Allen: Irrational man



La penúltima de Woody (que pronto será la ante-penúltima) es otra de esas en las que el pequeño gafotas de Brooklyn habla de cosas complicadas (y sombrías) con una sencillez y luminosidad abrumadoras. Lo adereza con asesinato, que resulta más llevadero y cinematográfico, pero es precisamente ese elemento el que le permite filosofar, en el buen sentido de la palabra, sobre las contradicciones de la vida, la reputación, el desánimo y el amor. Las pocas cosas que en un momento concreto de la existencia parecen animarte a la acción o invitarte a beber sin freno de una petaca de bolsillo. 

Los actores están impecables, como suelen con Allen, y la fotografía, escenarios, música y ritmo son de una frescura tranquila que parece fácil, pero que apenas está ya al alcance de ningún cineasta norteamericano. 

Sin autorías contorsionistas, sin metrajes desmesurados, sin créditos molones. Allen parece casi el único artista racional de Hollywood. Obviamente, allí deben tomarle por loco.


domingo, 14 de mayo de 2017

Guardianes de la Galaxia vol.2


Con la galería de personajes principal ya conocida por los espectadores y una historia mucho menos compacta (los diferentes frentes de maldad tienen poca miga o dan pocas sorpresas, huelen a transición), lo que se impone es lo que suele en todas las secuelas Marvel: más de todo.

El humor y la capacidad genuina para emocionar siguen ahí, pero enterrados bajo tres toneladas de pirotecnia estirada hasta más allá de lo recomendable, cuando con media tonelada era suficiente. La duración de las peleas, destrozos y cuentas atrás desactivan en muchos casos lo mejor del guión, que siguen siendo las coñas y el lirismo.

Lo malo es que en la próxima no volverán al equilibrio. Harán más de todo (otra vez) y el resultado será muy fragoroso y menos divertido. Lástima, porque la primera era una maravilla. En ésta, lo único alucinante son los cameos y eso debería hacerles pensar en la utilidad de lo que se están gastando en croma.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Presentación madrileña de Gilda en los Andes

Hoy toca.
Estáis todos invitados.
Es a las siete y media, en la librería Lé (Castellana 154). 
A las siete y media de la tarde
Seremos rápidos y divertidos.


viernes, 5 de mayo de 2017

Comanchería


Estados Unidos está hecho polvo. Y si te das una vuelta por Texas (fuera de Austin, claro), la cosa da miedo. No sólo por la sensación de abandono, que también, sino porque todo el mundo tiene pistola y se muere por usarla.

Partiendo de eso, se puede hacer cualquier película de atracadores. Ya sabéis, malas maneras en la sucursal, fajos en bolsa de deportes, coches grandes pero algo pasados de moda quemando rueda por carreteras comarcales, tíos heridos pero con armas dentro del coche, caretas variadas, policía a mogollón, una tía buena que adorne y hasta dispare, un comisario majete, algún que otro corruptillo del establishment

Lo hemos visto miles de veces. Pero no como en Comanchería. Aquí hay ideas, personajes, escenas inteligentes (de las violentas y de las pausadas), un verdadero plan y un duelo final ¡a base de palabras!.

Jeff Bridges está en un nivel inalcanzable. Es como Sacristán, Mitchum, Von Sydow,… Una mala bestia a la que no le importa envejecer, hacer cine alimenticio o clavar obras maestras como ésta. 
No os la perdáis, que os tiroteo. 


jueves, 4 de mayo de 2017

Dos modos de ser autor: Julieta y El Olivo


Ser “autor” es algo que en España parece a menudo sospechoso de petulancia o prepotencia. Cuando todos sabemos que la mayoría de autores no tienen dónde caerse muertos. Supongo que, parafraseando a Fernán Gómez, no se conoce gente en España con vocación de autor, sino de autor de éxito.

Almodóvar y Bollaín son dos autores de éxito, cada cual a su manera. El manchego lleva unos años a la deriva, por asuntos varios (cinematográficos y de los otros), pero su caja internacional no tiene comparación en la mayor parte de la industria del cine (española, si la hay, y mundial). La pelirroja Bollaín no llega a tanto, pero es la directora más solvente de por aquí y sus películas, con más o menos acierto y repercusión, siempre interesan.

Veamos cómo les ha ido a cada uno con la última, en mi opinión:


Julieta

Llevo mucho tiempo tratando de decidir si lo que he presenciado es una obra depurada y sentimental o un precioso frasco vacío. Almodóvar vive ensimismado porque no puede ya vivir de otro modo, eso salta a la vista. Sus personajes sufrientes, más literarios que los que cocinaba a pie de calle, son reales gracias a un casting que nadie más se puede permitir, y su gusto por el color, la decoración, el arte y la lectura es de agradecer, pero alambica el envoltorio y nos distancia cada vez más de su autenticidad. Todo esto parece inevitable, pero Almodóvar debiera tener talento sobrado para evitarlo. Cada personaje, por sí sólo, me parece cinematográficamente afortunado, pero  no terminan de encajarme en sus conexiones, motivos y secretos. Julieta es como es, enigmática, doliente, un poco innecesaria. Pero el talento sigue ahí, bajo capas y capas de autocomplacencia y peloteo (que rima con Deseo). Es el precio del éxito. 

Y un misterio a título personal: ¿si esta película hubiese precedido a  Los abrazos rotos, La piel que habito y Los amantes pasajeros, me hubiera parecido mejor? Frente a ellas, lo es de largo. Frente a las precedentes, creo que no desentona pero tampoco brilla.


El Olivo

La pelirroja sabe lo que es acertar hasta el desborde (Te doy mis ojos) y patinar por pudor (Mataharis), tener olfato (Flores de otro mundo) y pasarse de frenada (También la lluvia). Aunque con todas aparenta partir de una premisa que Almodóvar parece haber olvidado: Mejor que intentar una y otra vez la obra maestra, procura hacer una buena película.

El Olivo lo es: sencilla, bien contada, con su punto reivindicativo marca de la casa (lo menos importante del relato), y un pulso de hierro para las tiranteces del vínculo familiar. Hay paisaje a vista de pájaro, países lejanos, escenarios adecuados,… En fin: medios razonables, pero no se notan, funcionan al servicio de ese trío metido en el camión y ese abuelo silencioso, viudo de árboles milenarios y sagrados. (La joven protagonista es una flor de otro mundo).


miércoles, 3 de mayo de 2017

Esperando al rey


Adaptaciones bobas pero aparatosas de las novelas de Dan Brown aparte, Tom Hanks ha retomado el pulso eligiendo hace varios años ya. Han bastado unos cuantos “americanos de bien”, su especialidad, metidos en diferentes apuros (somalíes, berlineses, newyorkinos o en plena Arabia), para demostrarnos que nadie empatiza como él con la gente a la que le gusta ver gente honrada en pantalla, echándole huevos a la globalización y a sus daños colaterales.

Esperando al rey sigue el manual: un tipo desubicado va a encontrar sentido a su vida donde nada parece tenerlo. Dicho esto, ver a un estadounidense sin uniforme militar en medio del desierto, comprendiendo que es un mero proveedor para un cliente que no se deja impresionar, resulta bastante novedoso, interesante y cómico. Tom Hanks se encarga de que nos identifiquemos con ese comercial en territorio desconocido y casi siempre chocante.

No hay subrayados (aunque varias cargas de profundidad están ahí para quien quiera sumergirse) y casi se agradece. La cara de Tom ante lo que va pasando mientras espera es suficientemente gráfica. Sigue así, viejo amigo. También a ti nos pasamos un tiempo esperándote.


viernes, 28 de abril de 2017

Dancing Beethoven



Mi recomendación para el puente. 
Aviso: no sale Hulk resolviendo el desenlace a piñazo limpio

miércoles, 26 de abril de 2017

Adiós, Demme

No todos en el negocio del cine hollywoodiense se van dejando tras de sí una obra maestra (El silencio de los corderos, por quedarnos en lo obvio).
Tú sí.
Y mucho cine bueno o como mínimo grato que tardará en envejecer (algunas de las tuyas ya tienen décadas y aún no lo han hecho).
Se te echará de menos, Jonathan Demme.


martes, 25 de abril de 2017

El Ministerio del Tiempo


Me encanta este tipo. Y la serie de la que forma parte. Con sus limitaciones, sus gazapos, sus guiños, sus ensayos de riesgo que a veces se desarrollan con acierto y otras aconsejan repliegue rápido pero bien resuelto. Además, la fotografía y el sonido (dos asignaturas que pocas aprueban aquí), son para quitarse el sombrero.
La tercera temporada está al caer:

viernes, 21 de abril de 2017

Put the blame on me


Después de un embarazo de varios años y un parto normal en imprenta, 
ya ha nacido: 410 páginas pesa la criatura.
Preciosa, qué voy a decir yo que soy el padre.

Dentro de dos semanas en librerías. 
Ya disponible en www.editorialberenice.com


jueves, 20 de abril de 2017

Kiki, el amor se hace


Aquí siempre estamos buscando al listo de la clase: Almodóvar, Amenábar, Fresnadillo, Bayona… Paco León. Creo que éste último es el verdadero chico listo. No le descubrí hasta Carmina y su puesta en pie, no digamos la comercialización, me pareció brillante. La segunda de Carmina es aún mejor. Y, mientras ha aportado su vis cómica o dramática al servicio de aciertos como Tres bodas de más o Siete años, León ha coescrito y dirigido Kiki, el éxito inesperado del 2016, del que opino demasiado tarde.

Se supone que Kiki es un remake (no voy a abrir google para mirarlo) y tiene un título para echarse a temblar. Pero León hace la historia absolutamente suya, destroza por comparación los intentos frustrados de humor del último Almodóvar, dirige a los actores con precisión y desparpajo, consigue el ritmo que la comedia necesita (lo más complicado que existe y en un vida cruzadas como éste, no digamos).

Da lo mismo que el final sea descaradamente complaciente. Las majaderías del novio-atracador, la conversación entre los cirujanos plásticos, las artimañas lacrimales de Candela Peña,  la primera visita al club sórdido pero descacharrante, la asistenta filipina, la llamada erótica del sordomudo, … León regala tantos momentos de risa catártica a su público que el final vale y hasta ayuda.

Música, fotografía y un equilibrio de virtuoso entre lo zafio, lo inteligente y lo cómico, hacen de Kiki un éxito merecido. A años luz de las comedias que han hecho taquilla últimamente en España. Almodóvar debería producirle la próxima y no entrometerse en ningún momento.

León es el chico listo.


domingo, 16 de abril de 2017

Fast and Furious 8


En mi descargo debo decir que era una sesión de machos alfa familiar (sobrino, hermano, patriarca, todos muy amantes de la alta cilindrada). A partir de ahí, hay que reconocerle a la saguita que no se moleste en poner títulos creativos. Ésta es la 8 y ya está: Carracos a toda leche, guapas mozas, parajes variados, piñazos a gogó, un plan para destruir el mundo, una improvisación igual de destructora para evitar el plan maligno,... y así. 

Sale la Pataki, pero nunca lució como conductora en la saga y eso trae consecuencias a la larga (hasta la 8 hemos llegado, guapa). Su cheque se habrá llevado a Asgard, qué duda cabe. 

También sale Charlize, que hace de mala y se marca una interpretación elocuente, que consiste en no pestañear para dar muy psicópata (o eso, o ha pasado por quirófano para nuestra desdicha actual y futura).


La gran novedad es que aparece La Habana, la verdadera. Suena Pitbull y malgastan una canción (mejor) de Orishas. El ambiente es mentira, obviamente, tan exagerado como todo lo demás, pero la arquitectura es la auténtica, y allá que va a todo gas un "almendrón" para el desguace por San Lázaro, Parque Central, Habana Vieja, Vedado y Malecón demostrando que Dominic Toretto es el mejor piloto vivo pisando pedal, que el trazado urbano se tunea lo que haga falta y que los gringos tienen una idea de Cuba más antigua que el bloqueo, pero venderá entradas de cine y billetes de avión a cascaporro.

Detalle simpático: después de moverse ufano por en medio de una flashmob de cubanas ligeras de trapo meneando el cun cun en plena calle (como si cualquier calle habanera fuera un anuncio veraniego de Coca-Cola), Toretto confiesa haberse instalado en Cuba atraído por su cultura y su gente. Que se prepare la Isla.


Poco más que añadir: New York luciendo atasco caído del cielo, Berlín en llamas, lago helado (ex-ruso) más largo que el campo de fútbol de Oliver y Benji... Los prodigios técnicos en lo que a acción se refiere son muchos, impresionantes hasta la comicidad, caros y rentables. 

A este género le pasa como al de las artes marciales, que el guión vale huevo si las peleas / persecuciones están a la altura. Para eso, conviene tener a un sobrino experto en coches que sabe de antemano el modelo de Lamborghini que va a darte problemas sobre hielo. 

Contratad a mi sobrino Kike como asesor para la siguiente, que ya os vale.

viernes, 14 de abril de 2017

Los 33


La historia de Los 33, otros tantos mineros chilenos que se quedaron atrapados en 2010 en un pozo de Atacama y mantuvieron en vilo a todo el planeta no es, por lo visto, gancho suficiente para que el mercado de habla hispana levante toda la pasta y la película se ruede en castellano. Ni siquiera una historia de este calibre hace pensar a los inversores que el idioma de los protagonistas merece conservarse y que el público puede responder a la película filmada en español, con el acento que corresponde, el de Chile.

Así las cosas, se arranca de un extraño punto de partida al reunir a un casting de actores españoles e iberoamericanos (o estadounidenses de ascendencia latina), para dar el tono "racial" idóneo y luego ponerlos a hablar en inglés. Es como si reuniésemos un grupo de actores y actrices estadounidenses para rodar Apolo 13 y, una vez contratados, interpretasen el guión en español con acento gringo: un sindios. 

Aún así, la película merece estrenarse en cualquier parte (en España aún no lo ha hecho) y tener algo de suerte en taquilla. No es una película maravillosa, porque la historia real es demasiado potente para una directora de talento estándar y un guión convencional, aunque solvente.


Las familias aprietan arriba mientras los 33 lo pasan jodido abajo y Antonio Banderas asume con desparpajo el liderazgo, por personaje y por fama personal. Varias pinceladas de humor, unos momentos oníricos que aguantan por su inteligente desenlace, buena recreación del derrumbe y los sucesivos taladros entrando en la montaña, momentos de emoción pura mezclados con otros algo impostados (la banda sonora debió ser mejor),... Todo bien, ya digo, algo lastrado por el tamaño de la historia real que a buen seguro tuvo una profundidad humana y social muchísimo mayor. 

Cuando el cine no cuenta historias más grandes que la vida, sino que las adapta de ella, vienen los problemas, no digamos hoy que los directores de fuste son escasos y en EE UU no están para estos proyectos. Así que la humanidad, el heroísmo, las miserias de unos y de otros, los parlamentos afortunados, las relaciones esbozadas, se racionan como las latas de comida que tenían los mineros en su refugio y saben a poco.

Me quedo con dos detalles que elevan la película hasta donde pudo llegar: la intoxicación evidente que produce en la fraternidad minera en apuros la conexión con el mundo exterior, y el momento en el que una de las mujeres canta Gracias a la vida, una de las canciones más bonitas que Latinoamérica le ha dado al mundo.


miércoles, 12 de abril de 2017

Siete años


La primera película española producida por y para Netflix cuenta con un reparto perfecto y con Roger Gual (uno de los artífices de Smoking Room) a los mandos. Sólo dura 75 minutos, pero son suficientes, casi el límite para que no nos parezca todo demasiado teatral.

Tampoco es que importe mucho (hay azotea, calle, taxi, algún otro instante que da aire a los confinados), porque se trata de un duelo de actores tirándose verdades empresariales a la cara, alternando cerebro y tripas con exhibición de registros cuando toca, y carácter bien trazado y sostenido si el guión se lo pide. 

Ver cómo los socios van haciendo grupo frente a las debilidades de cada uno de ellos, ante la mirada listísima del mediador Manuel Morón, es el lujo que la película da al espectador. Todo cercano, entendible y pestilente: La inconsciencia del tener frente a la responsabilidad de ser.

Poco importa el recurso algo fácil con el que se termina. Queda ese momentazo silencioso de Morón con su cigarrillo, que permite múltiples lecturas pesimistas.

Necesitamos más películas como ésta, sin esperar a que nos las produzca Netflix.

lunes, 10 de abril de 2017

Cine USA de qualité (primera parte)



No podemos juzgar el cine estadounidense más que por aquel que nos sirven sus distribuidoras. No debe diferir mucho la política comercial fuera de casa en otras regiones del globo, y desde luego no en Europa o Latinoamérica, los dos mercados que conozco mejor.

Lo cierto es que el nuevo milenio es un festival de entretenimiento ligero y ruidoso en líneas generales. Disney se ha quedado con PixarLucas Films y Marvel, los reyes de lo que ahora entienden los despachos por "cine familiar". En la oferta apisonadora del otro lado del océano entran también las franquicias de Universal (Fast and Furious), las de Sony (especialistas en distopías post-apocalípiticas, tipo Elysium), los revivals de Paramount (Star Trek), los superhéroes más seriotes de Warner, las estrellas solitarias tipo Will Smith o Tom Cruise... Todo ello aliñado de mucha precuela, secuela, spin off y remake. Caso aparte son las películas "para el Oscar", que complementan a los pocos autores de un tiempo pasado (ScorseseAllen,...). La lana está en la película evento, es decir, la que se come una cuarta parte de las salas nacionales de un solo bocado.

Aún, así, Hollywood se empeña en ofrecer cada temporada su versión más tradicional o más a la moda de cine de qualité y aquí van dos muestras claras, con resultado aparente, críticas favorables y detalles muy de fábrica.


SULLY. El viejo Eastwood ya no tiene nada que demostrar, pero procura no cagarla porque tiene productora y fama de tacaño. Así que contrata a Tom Hanks pilotando por partida doble (avión y película) y escoge una noticia edificante y unos malos de manual (aerolínea y aseguradoras que pagarán la pérdida del airbus). La película no es más que una historia potente en su anécdota y estupendamente narrada en su desarrollo, como casi siempre en Clint (la de los cantores de Jersey no le quedó tan bien). Además, el newyorkino sale bien parado y eso que este ciudadano tiene reputación de ser el más borde de Estados Unidos (un poco como los parisinos en Francia).

Fotografía, avión, río Hudson, amerizaje, rescate, audiencia pública,... todo luce conocido pero solvente. Hanks sigue siendo el heredero de Stewart. Eastwood el de Hawks. La película, en medio del panorama antes descrito, parece una joya, aunque en otros tiempos hubiese quedado en el nivel medio de la tabla buena.


LA LLEGADA. Cada película estadounidense del director de Incendies me gusta menos que la anterior, siendo todas agradecidas de ver y fuertes de planteamiento. Pero los extraterrestres sin combate dan para lo que dan, Denis. Impresiona el primer encuentro, luego entramos en las noticias de países revueltos, los militares más o menos expeditivos, la madre sufriente/chica lista, los equívocos, la mano tonta de la Cía,... y así.

Excelente en la fotografía, la elección de intérpretes (de esos que aún combinan sagas comerciales con pelis de qualité a cara lavada), la música, el escenario,... la producción. Y con el toque trascendente hasta en la estética que la ocasión merece. Si la firma Nolan (otro de la qualité USA en su versión revienta-taquillas), nos la tragamos igual. De hecho, algún recurso suyo tiene. Malick sobrevuela los planos cortos de ella.

El Estudio contento, el espectador sin mucha memoria fílmica, también. De este modo, Hollywood sigue brillando, aunque el finlandés nos diga que ya está muerto y no lo sabe. 


domingo, 9 de abril de 2017

Dos cuentas pendientes


QUE DIOS NOS PERDONE
Rodada con brío, con sensación de calle, programa de madrugada cámara en mano, atestado policial y telediario veraniego, esta nueva película del director de Stockholm es un paso más en su pericia narrativa, técnica y de dirección de actores.

La historia lo tiene todo, hasta licencias de guión muy notables que cuelan sin un pestañeo, tan bien está de ritmo e interés la historia. Capitanean un puñado de polis, más creíbles cuanto más castizos y capullos, junto a un Antonio de la Torre que también brilla, gracias a la originalidad de su papel y el modo de construirlo en pantalla. Lo de menos es el malnacido que viola ancianas, aunque está todo lo aterrador y enfermizo que le corresponde.

Silencios policiales desaconsejables, ambiente caluroso y movido en el centro de Madrid (ya le podíamos dar una pasadita de pintura y escoba, coño), un poli fuera de control, otro circunspecto, flecos familiares aquí y allá que dicen poco pero bien,... En fin, la película debió arrasar, pero tuvo la desdicha de solaparse en cartel con Tarde para la ira. Ay, distribuidoras, que Dios os perdone.

Al menos Roberto Álamo se llevó su Goya, bien merecido.



EL HOMBRE DE LAS MIL CARAS
Toparse con una película española que aborda casos tan rocambolescos y significativos como el de Paesa metido en el enjuague final del asunto Roldán. Una película que viaja a París, Singapur, Berlín o Berna. Que se entiende a pesar de los vaivenes en el tiempo, la profusión de personajes, idiomas, escenarios y pufos. Que se disfruta como aquel cine francés de fama (Delon hubiese sido un gran Paesa) o el cine inglés casi desaparecido desde que Harry lo fue enterrando con su varita.

Todas esas excepcionalidades hacen de ésta una película excepcional. Llevada a serie de televisión lujosa, aunque fuese de tres episodios largos, creo que habría ganado. Con todo y eso, la última de Alberto Rodríguez me resultó arrolladora. 

Eduard Fernández está ya a un nivel fuera de elogio, pero José Coronado sigue creciendo (y eso que ya está bastante arriba). Todos tenemos mil caras.



jueves, 6 de abril de 2017

Colaboraciones en CINEAMOS


Prometo volver a los cines y actualizar mi opinión sobre lo que va estrenándose últimamente. Entre tanto, ahí van algunas intervenciones en el maravilloso grupo cinéfilo que en facebook responde al nombre de CINEAMOS.

HISTORIAS DE LA RADIO
En 1955, con el país hecho unos zorros, y un cine acogotado por la censura y la propaganda, un director “del régimen” filmó una de las mejores películas que ha dado nuestra cinematografía al mundo, aunque ese mundo (salvo Woody Allen) probablemente la desconozca, como no pocos de aquí, y ya es lástima.
Estructurada en tres episodios unidos por un romance sencillo entre locutores y por dos oyentes que hacen gimnasia, la película recorre España sin salir de la provincia de Madrid con una capacidad de síntesis abrumadora: El imposible I+D español, nuestra capacidad de compasión y de burla, la solidaridad entre vecinos, la influencia de la Iglesia, las celebridades del momento (fútbol, toros y copla), la radio como tabla de salvación, el valor torpedeado e impredecible de un maestro de escuela. Casi, casi lo de siempre, pero contado con un talento que hoy echo bastante de menos.
Con un reparto absolutamente mítico (Paco Rabal, Pepe Isbert, Alberto Romea, Tony Leblanc, Guadalupe Muñoz Sampedro, José Orjas, Juanjo Menéndez, Ángel de Andrés, Juan Calvo, Margarita Andrey y muchos más), "Historias de la Radio" puede verse como las mejores de Capra tantas veces como quieras. Volverás a conmoverte con el discurso de Isbert y a emocionarte con la exhibición de Romea: “DOBLO”.



LAS NIEVES DEL KILIMANJARO
Gente íntegra en tiempos aciagos, sin necesidad de meterse en un escenario histórico o de guerra. Gente de bien que descubre lo difícil que es vivir sin prejuicios en la propia ciudad, donde hay personas dispuestas a todo para cambiar su suerte, aunque sea a costa de la tuya. Gente con amigos y familia que ha luchado para alcanzar cierta prosperidad, pero experimenta a su pesar la dificultad de disfrutarla al margen del mundo, sus miserias y sus amenazas. En fin, Europa. La que tenemos. En la que vivimos. Contada a media voz por un marsellés (Robert Guédiguian), que pasa de súper héroes un kilo. La película se llama "Las nieves del Kilimanjaro", se estrenó en salas en 2011, la vi en el Festival de Cine Inédito de Mérida antes de que aterrizara en el resto de España, y es una maravilla. 
Portada para ella.



OJOS NEGROS
En 1987, el ruso Nikita Mikhalkov realizó con dinero y protagonista italianos la maravillosa “Ojos negros”, película basada en tres cuentos de Chejov que relata la desgraciada vida sentimental de Romano Patroni, contada por él mismo a un caballero ruso en la cubierta de un vapor.
Marcello Mastroianni despliega todo su talento encarnando a este personaje de origen humilde que consigue terminar la carrera de arquitectura, casarse con una rica heredera y enamorarse años después en un balneario de Ana, una hermosa joven a la que persigue por toda Rusia. 
Bella, melancólica, divertida y sentimental, la mejor película de Mikhalkov y la última gran interpretación de Mastroianni es una lección inolvidable de ese cine que evoca los amores frustrados y las ilusiones perdidas.
Portada para Cineamos. ¡Sabaska!



UNA SEPARACIÓN
Asghar Farhadi es un cineasta iraní que, aunque ha hecho varios más, lleva desde 2009 hasta hoy tres peliculones consecutivos: A propósito de Elly, Nader y Simin y El pasado. Esta imagen corresponde a la segunda, que realiza una radiografía de la sociedad actual en el país de origen del director casi inaudita, dado el control sobre lo que se puede decir y lo que no que se practica en Irán.
La vida cotidiana y los problemas reales de gente normal sujeta a unos usos sociales concretos, (ajenos a los nuestros, pero comprensibles y cinematográficamente interesantísimos), se despliega en pantalla durante 123 minutos que pasan en un suspiro. “Nader y Simin, una separación” trata de asuntos que humanamente importan, que hurgan en el sentido último de las relaciones entre personas que se quieren, conviven, desconfían o se demandan en un juzgado cualquiera por desencuentros, ofensas, interés o despecho. De cuidar a un padre, de proteger a un hijo, de quedarse y de marcharse, de obcecarse o ceder. De la vida. Sin helicópteros en persecución, sin planetas lejanos, sin infecciones zombies ni superpoderes digitales. La clase de cine que EE UU dejó de hacer en el siglo XXI, que Italia la grande ya apenas hace, que Francia ha rebozado en azúcar de Starbucks para que sepa mejor y que España no ha logrado armar sin meterle comedia al guiso. 
Pero no os creáis que Nader y Simin se limitó a minorías. La película recibió alrededor de 90 nominaciones a diferentes premios ganando 65 de ellos (Oscar, Bafta, César, Globo de Oro, Oso de Oro,…) y arrasó en taquilla. Dejo aquí un momento de diálogo entre Nader y Simin, a vueltas con el Alzheimer que sufre el padre de Nader:
Simin: - Ni siquiera sabe que eres su hijo.
Nader: - Pero yo sé que es mi padre.
Pues eso, que no os la perdáis. 
Recomendada de la semana.



SMOKING ROOM
Roger Gual y J.D. Wallovits (no, no es el de Big Bang Theory), se marcaron en 2002 una película contundente a base de actores y guión, para bucear en una empresa cualquiera y una aparentemente menor reivindicación de los trabajadores que fumaban. Encadenando encuentros de los diferentes empleados, que motiva el promotor de la iniciativa para disponer de una “Smoking Room” en el edificio, todas las variantes de alienación, frustraciones, malestares, claudicaciones y mala leche que se dan en el entorno laboral siglo XXI desfilan por la pantalla desde la azotea hasta la calle, mientras la maquinaria trabaja silenciosa e implacable, como un elefante inmune a las picaduras de mosquito.
Después de esta maravilla minimalista y jugosa, los directores siguieron su camino por separado y no volvieron a hacer blanco. Pero Smoking Room sería, con otra bandera en la producción, un referente cinéfilo de primer orden. 
Recomendada de la semana.



ITALIANAS
Que hayan pasado veintidós años desde "El cartero y Pablo Neruda" (dirigida por un británico), sin que Italia haya sabido darle papeles de creciente interés a esta mujer (apenas dos o tres buenos títulos que no han salido de allí), dice mucho de cómo está el cine italiano.
Recuerdo que Alex de la Iglesia la fichó como secundaria para El día de la bestia y la saga Bond le dió un papelín cuando Brosnan. Poco más. Eso, por cierto, tampoco dice mucho de las cinematografías vecinas.
En fin, creo que no ha habido relevo para Loren, Cardinale, Lolobrigida, Lisi, Magnano,... 
Y no será por falta de buenas y bellas intérpretes nacidas en Italia.
Lástima.



HITCHCOCK Y TRUFFAUT
Si alguien quiere bucear en la entrevista sobre cine que se ha convertido en canon (50 horas de análisis para una cinematografía plagada de obras maestras), recomiendo el libro Truffaut-Hitchcock, en el que dos gigantes se explayan alrededor de la obra del viejo Alfred. La lección de cine es impagable, pero el estilo de las intervenciones del joven francés y la autocrítica del maestro del suspense son de lo que ya no hay. 
Algunos dicen que el cine de ambos ha envejecido. A mí me siguen fascinando. Aprendí a amar el cine a través de sus películas. Portada para fin de semana lluvioso: Ideal para leer, para ver películas de intriga o películas francesas.



GUARDIANES DE LA GALAXIA
- ¿Vamos mañana a la fiesta de Juancho y Piluca?
- Mientras sus amigas no me pongan verde...



MUERTE DE UN CICLISTA
En tres años consecutivos, el director Juan Antonio Bardem (la tercera B mágica del cine español junto a la B de Buñuel y la B de Berlanga), encadenó tres obras maestras que ninguna televisión de nuestro país considera necesario reponer ni de madrugada: 
Se trata de Cómicos (1954), Muerte de un ciclista (1955) y Calle Mayor (1956). 
Cualquiera de ellas merece cabecera y reseña, pero he elegido la segunda porque la imagen que la materializa y pongo aquí es una de las más icónicas de nuestro cine. Yo creo que en blanco y negro, solo Isbert disfrazado de sheriff (“Bienvenido Mister Marshall”) y la navaja barbera de Buñuel a punto de segar un ojo de mujer (“Un perro andaluz”), la igualan en reconocimiento del público.
Incluso de aquellos que nunca la han visto.
La historia arranca cuando un profesor de universidad (Alberto Closas) y su amante (Lucía Bosé), atropellan accidentalmente a un ciclista en una carretera desierta. Como ella es una mujer casada (de la alta burguesía, además), deciden ocultar el trágico accidente por miedo a que se descubra el adulterio.
A partir de ahí, la tensión, el remordimiento, el disimulo, el chantaje y una sociedad axfisiada y axfisiante cerrándose sobre los amantes como un cepo. Una película maravillosa, que ni siquiera la censura consiguió cargarse y que cosechó el Premio de la Crítica Internacional en el Festival de Cannes.
Una de las imprescindibles del séptimo arte, parida en España. A lo mejor por eso nunca aparece en esas listas que tanto gustan por internet.



LA DOLCE VITA
Anita tenía su propio estilo para hacerse la sueca: Lo mismo debutaba con Abbot y Costelo y decoraba las de Dean Martin, Jerry Lewis o Sinatra, que se embarcaba con Fernán Gómez y Vittorio de Sica, con Víctor Mature o Sterling Hayden, en títulos que no han quedado para la historia en ninguna guía de Cine. 
A pesar de ganar un Globo de Oro con 24 años, codearse con las estrellas de Hollywood, con la Loren y con Mastroianni, estaba prácticamente retirada quince años más tarde, modelando aquí y allá, estableciendo de paso -en dos o tres reportajes- el canon del Playboy.
Muchas actrices tuvieron una trayectoria igualmente prometedora, corta y decepcionante en aquellos años dorados. Pero ninguna se metió en la Fontana de Trevi para aquilatar una de las imágenes más imperecederas del cine mundial. No importa pues, en términos cinematográficos, qué hiciera la Ekberg antes y después de La doce vita. Para que su imagen perviva eternamente, bastan su pródiga y luminosa piel enfundada en ese largo vestido negro, el escote palabra de honor (y otros juramentos), la cabellera sueca mojada y salvaje, su deliciosa súplica al italiano universal: 
“Marcello, come here…!”



CAMPANADAS A MEDIANOCHE
El Palacio de la Música fue durante décadas un referente para los estrenos cinematográficos en España. Estrenar allí era un lujo, que incluía aquellas cartelerías imponentes, la marquesina a lo Broadway, la vitalidad de la Gran Vía. 
Hoy ese cine permanece tapiado y amenaza con convertirse en una nueva tienda de ropa, como le sucedió a otros muchos que hubo en la calle más cinéfila de la capital. El culebrón empezó con Caja Madrid, como tantas otras cosas que nos han traído a estos lodos. Compró el Palacio bajo el compromiso de que “no se permitiera otro uso que el cultural (cine, teatro o música)". Después llegaron las obras de remodelación, el abandono de las mismas por cosas del presupuesto y la puesta en venta, con Mango como principal interesado. 
Hay una campaña en defensa del uso cultural del edificio, un silencio interminable sobre las negociaciones de unos y de otros y la tapia sigue ahí, como metáfora de nuestras desdichas. En qué acabará la historia es algo que aún está por ver. El cine vive de finales trágicos y de finales felices. 
Sea como sea, he aquí un estreno histórico en aquel cine de la Gran Vía, que tuvo lugar el seis de mayo de 1966: “Campanadas a Medianoche” de Orson Wells, rodada en España y producida por Emiliano Piedra. La última obra maestra de aquel rebelde enamorado de Shakespeare, los toros y las copas de Chicote.
Mañana por la noche la pasan en la 2.



MARILYN
Me gusta que Marilyn aparezca por aquí cada mes de abril, cuando celebramos el día del libro. Pero creo que aún no ha sido portada de Cineamos y, aunque me gusta poner el foco en otros cines e intérpretes aparte de los que nos ha dado y nos da Hollywood, la frágil rubia más legendaria de la historia bien se merece una. 
Hasta cuando la vemos leyendo en cada abril parece que posa con un libro que no importa en la fotografía más que cualquier otro objeto de atrezzo. Tal era su capacidad de atracción sexual. Pero se sabe que contaba con una biblioteca bien surtida y muy selecta, que escribía poemas, que le gustaba usar la cabeza, que el rubio platino no le restaba un ápice de inteligencia y humanidad, dulzura y desconsuelo. 
Marilyn era solo una mujer disfrazada de estrella. Tanto tiempo después, para mí es la primera la que sigue brillando.



LA BUENA ESTRELLA
En 1997, el director Ricardo Franco estrenó la mejor película de su filmografía y una de las más interesantes y desgarradoras historias de amor del cine de los 90. Se titulaba “La buena estrella” y contaba la extraña y conmovedora peripecia sentimental de tres infelices encarnados por Antonio Resines (el manso), Maribel Verdú (la tuerta) y Jordi Mollá (el guapito de cara). 
Que la Verdú lo iba a clavar era previsible, el papel parecía cortado a su medida; Mollá aún tenía poco cine a la espalda pero podía esgrimir éxitos como “Jamón jamón” e “Historias del Kronen” y se adivinaba en él un actor versátil, muy lejos todavía de su actual encasillamiento hollywoodiense como narco para faenas de aliño; Resines parecía en cambio una elección errónea para los que creen que los clichés no se pueden violentar. Quizá no le habían visto en “La colmena”, “Luna de lobos” o “Acción Mutante”, por poner algunos ejemplos muy explícitos de su capacidad para cambiar de registro.
Por supuesto, los tres intérpretes están soberbios: Resines en su contención y su tristeza, Mollá en su arrogancia, Verdú en su valerosa fragilidad. Supongo que todos ellos comprendieron inmediatamente que aquella historia necesitaba de una sinceridad brutal para conseguir lo que el director buscaba, la emoción profunda y auténtica. Lo consiguió lanzándose a tumba abierta al terreno del melodrama naturalista con una convicción a prueba de cínicos. 
“La buena estrella” cosechó cinco Goyas (película, director, actor, guión, banda sonora) y conquistó al público español como pocas lo hacen. Ricardo Franco murió un año después, en su mejor momento creativo.



UN POQUITO DE MOGAMBO
Mi mujer y yo tenemos un plan para este de fin de semana que, básicamente, se resume así.