viernes, 20 de octubre de 2017

jueves, 19 de octubre de 2017

Intérpretes fulgurantes 2: Maribel Verdú.

Otro lujo de actriz, en plenitud de facultades: La Verdú. 

Lleva toda la vida en el oficio y siempre cumple. Ha trabajado con Garci, Armendariz, Trueba, Franco, Querejeta, Suárez, Luna, Aranda, Saura, Coppola, Cuarón y Del Toro. Su presencia da fuste a todo cuanto rueda, como puede comprobarse en El año de las luces, La estanquera de Vallecas, 27 horas, Amantes, Belle Epoque, Canción de cuna, La buena estrella, Goya en Burdeos, Y tu mamá también, El laberinto del fauno, Siete mesas de billar francés o Blancanieves, por citar solo títulos sobresalientes. 

Tiene dos Goyas, tres Fotogramas de Plata, dos premios Ondas, el de la Unión de Actores, el del Círculo de Escritores Cinematográficos, el San Jordi, el José María Forqué, el de Cine Iberoamericano de Huelva, el Ariel mexicano, el ACE de Nueva York y hasta el Ercilla de teatro. 

Ninguna actriz española de su generación ha mantenido semejante nivel. Y sigue estando guapísima. Va por ti Maribel, buena estrella.

martes, 17 de octubre de 2017

Fe de Etarras


No es profunda, aunque sí clarividente (qué nivel ideológico el del comando, qué profusión de banderas que hasta hoy se tomaron más por lúdicas que por sentimentales).

No es espectacular, pero tampoco puede serlo, ni por planteamiento argumental (cuatro pringaos en un piso), ni por presupuesto (Netflix se lo toma con calma, sobre todo en lo que no considera suyo… todavía).

No es brillante, ya conocemos los chistes sobre gula, chapucería y geografías excluyentes, aunque sí graciosa (esa conversación sobre parejas y mediaciones…).

Gente con criterio echa en falta el respeto a las víctimas, pero en esta historieta no las hay ni son objeto de reflexión, debate ni gag. Su ausencia no me parece irrespetuosa, ese tema lacerante necesita otra película.

El mundial de fútbol está mejor utilizado que en La gran familia española, pero tampoco mucho. Ese tema épico necesita también otra película (que Netflix, de ganarlo EE UU, ya hubiese hecho).

El reparto es muy bueno, pero la superficialidad estrictamente cómica obliga.

Sólo hay a mi juicio dos momentos de gran película, el principio y el final-previo-epílogo, con Ramón Barea dando miedo y un consejo sobre balas que se le aplica a rajatabla.


martes, 10 de octubre de 2017

Rochefort

Se había quedado sin el fantasma de la libertad, sin peluquera, sin modelo joven y desnuda, sin Quijotes imposibles.
Un grande discreto y francés, una paradoja, un actor inolvidable.
Buen viaje, Jean. A ver quién te peina ahora esos pelos.


martes, 3 de octubre de 2017

Nosotros en la noche


Dos premisas estupendas:
La primera, reunir a Jane Fonda y Robert Redford casi 40 años después de El jinete eléctrico y 50 ya desde Descalzos por el parque.
La segunda, un arranque de auténtico impacto con la proposición de ella, en medio de la noche de un vecindario plácido donde la gente se muere de vieja.

A partir de ahí, fluye una película agradable que no se mete en ningún charco. Ese es el reproche más evidente al guión, todo es tranquilo, pausado, confortable, incluidos los hijos con trauma y el nieto enganchado al móvil hasta que descubre el tren eléctrico, las mascotas y las fogatas. 

Redford y Fonda, dos leyendas vivas con azarosa pero incontestable carrera, llenan la pantalla en esta película de realización plana y bonita fotografía. Por eso, desperdiciar las posibilidades de ese otoño jodido-pero-contento, en manos de estos dos intérpretes, se hace más visible y deprimente. Nos hemos quedado sin saber de qué se puede hablar durante la noche a cierta edad, más allá de lo tópico, cuando estás frente a alguien a quien no tienes nada que esconder.

El humor hubiese elevado la película. El humor de barrio con los colegas de café, el humor a costa del sexo a ciertas edades, el humor ante los recuerdos dulces o amargos, el humor entre padre postizo e hijo encabronado,… 

Mientras veía esta película, me venían a la memoria aquellos chispeantes diálogos de El próximo año a la misma hora, en la que Ellen Burstyn y Alan Alda envejecen de cita en cita, y lo que se cuentan de ellos mismos y sus parejas ausentes.  O aquel momentazo en Memorias de África en el que el marido de Meryl Streep, al coincidir con el amante Redford en el porche de la granja de ella, le decía picajoso: “Podías haber pedido permiso”. Redford contestaba entonces con naturalidad desarmante: “Lo hice. Y ella me lo dio”.

A eso es a lo que me refiero. 

Con todo, la película es como ya he dicho, agradable. En especial para mi madre, contemporánea de Redford.

lunes, 2 de octubre de 2017

La llamada


La llamada es una película de gestación azarosa, sorpresiva y feliz, como su argumento. Un Marcelino pan y vino del Siglo XXI, con música de la Houston, Presuntos implicados (hermoso momento) y temas de electro-latino, la inestimable colaboración de cuatro cómicas fenomenales y los ojazos de Macarena García

Como ya casi todo se hace con el carnet en la boca, habrá quien barra para casa o la barra fuera de casa por esto o por lo otro.


Para mí, La llamada es todo frescura y optimismo, que buena falta hace. Ni las monjas son siniestras ni las adolescentes anormales. El grado de irresponsabilidad, dudas existenciales y desconcierto cantado o en seco son los propios de un libreto hábil y desprejuiciado, escrito para divertir.

No esperes alardes de cineasta con la cámara, ni teatro filmado. Lo que hay se ve realizado con la solvencia suficiente. Y lo que importa es el libreto (brillantísimo en su último tramo), la calidad incontestable de las cuatro actrices principales, el humor, el amor, la música.

Sobran aquí explicaciones milagrosas. Id a verla.


miércoles, 27 de septiembre de 2017

Más de lo mismo


De estreno cercano o acabando el rodaje: Sólo se vive una vez y El increíble finde menguante.

A lo mejor son divertidísimas, pero los títulos me parecen reveladores de un mal que no decae: Ser la cara chusca de la industria norteamericana, por el convencimiento de que no se puede ser otra cosa.


martes, 26 de septiembre de 2017

Intérpretes fulgurantes 1: Laura del Sol


Hace poco volví a admirar su talento viendo Carmen.

Laura del Sol. La bailarina carnal de los dos grandes musicales de Saura, que le aguantaba el tipo a Gades (y en el flamenco era como aguantarle a Astaire bailando claqué); la compañera de caminos de José Sacristán en El Viaje a ninguna parte, con la Ponte, Juan Diego y Fernán Gómez; la miliciana descarada y generosa de Las bicicletas son para el verano; la chica de The Hit, esa rareza molona y sureña de Stephen Frears, con Stamp, Hurt y Roth; la puta velazqueña de El rey pasmado, inolvidables aquellas calzas rojas acentuando la blancura de una desnudez creada para pasmar reyes.

La década de los 80 fue la de Laura del Sol, que además de revalorizar el baile en pantalla grande y codearse con repartos irrepetibles, tuvo la ocasión de trabajar con directores como Saura, Fernán Gómez, Tornatore, Monicelli o Frears.

Se casó con un francés y desapareció de escena. Sigue en esto, pero aquí ya rara vez se la volvió a ver el pelo. Quizá sea mejor así. Se ahorró la carcoma, la telemierda y lo demás.

Un zapateado en su honor. 
Aunque sea martes y sea en España.

jueves, 21 de septiembre de 2017

El Bar



De La Iglesia le pasa lo que a Ridley: Tiene un par de obras maestras y todo lo demás que hace lo medimos en relación a El día de la bestia y La Comunidad.

Es injusto, Alex, pero es lo que hay. Si te sirve de consuelo, no todos los cineastas dejan perlas imperecederas en la vitrina.

Veamos que más hace este director: Películas de arranque vigoroso, desarrollo chulo pero en descenso y un último tramo de desbarre que les pone el borrón, aun siendo notables. En ese lote podemos colocar fácilmente a Balada triste de trompeta y a  Las brujas de Zugarramurdi (que a mí me encanta hasta que aparece Venus).

Películas coherentes de principio a fin, pero fallidas, por malas o por decepcionantes: Muertos de risaCrimen Ferpecto800 balas y El Bar.

El Bar tiene tres debilidades evidentes: La sobre-explotación del personaje mendigo, la explicación de la premisa (Los pájaros, hombre, Los pájaros) y la búsqueda suicida de una coherencia interna que le sienta a este cineasta como a un santo dos pistolas.

Por eso las buenas sensaciones duran menos que otras veces, los bajones de ritmo se notan más, el desenlace se hace demasiado largo. Con todo, el tinglado aguanta porque el director rueda con nervio indudable y edita lo rodado sacando oro hasta de la mierda.

Tiene otra en cocinas (Perfectos desconocidos). Si esa no entra en el selecto club de sus obras maestras, Alex De La Iglesia debería parar después a leerse unos cuantos guiones ajenos. 

Pero si entra, también.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Las dos últimas de un adaptador de best sellers


Me he visto las adaptaciones al cine de El guardián invisible y Palmeras en la nieve, esforzadas producciones que parten de sendos éxitos lectores, con lo jodido que ya va estando que te lea nadie. Haber publicado una novela recientemente pone las cosas algo más difíciles, porque los peros pueden parecer interesados. Pero allá cada cual, seguramente quien lea esto ni sabe que yo publico en papel, o apenas le importa. Vamos al lío.

He leído la novela de Dolores Redondo, primera de su trilogía del Batzán, de la que lo bebe todo la película El guardián invisible, empezando por el título. No he leído, en cambio, Palmeras en la nieve, la novela de Luz Gabás que propició una película inmediatamente anterior, dirigida por el mismo Fernando González Molina. Aún así, ver ambas adaptaciones me ha dejado la impresión de que la historia de El guardián invisible debió mejorarse notablemente con el trabajo de guión, mientras que el guionista de Palmeras en la nieve, por el contrario, dejó demasiada novela sin contar.

Lo que quiero decir es que El guardián invisible es una novela con carencias notables y trasladarla con fidelidad las evidencia todas. La producción destaca (en especial las localizaciones, la fotografía, la dirección artística), pero a un casting irregular hay que añadir la cantidad de diálogos meramente informativos que se desgranan en pantalla. El Batzán es hermoso, Elizondo también, el rumor del agua, el bosque, la niebla,… todo luce inquietante y telúrico. Pero esa fuerza no se traslada a la pantalla hasta que la madre anciana asoma la patita, casi al final. A partir de ahí, la película adquiere el pulso (ritmo, tensión, puesta en escena), que debió tener desde su inicio. Mucho antes de esa violencia bien rodada, un buen guión habría desarrollado mejor a la tercera hermana, a la tía, no digamos a los hombres de la historia. Tal y como queda, todo es demasiado tópico, demasiado plano. Y González Molina y su guionista parecen fiar en la adaptación de las dos partes restantes para tapar los huecos, perfilar pasiones y traumas, ganar en intensidad y sorpresa. Veremos.

Con Palmeras en la nieve diría que el problema es inverso, que la novela daba para mucho más, que el guionista ha sacrificado información valiosa del propio libro, dejándolo en pura peripecia exótico-romántica de bajo vuelo.

En pantalla, nadie pone en antecedentes al espectador (en el barco que les lleva a Fernando Poo, a través del personaje de Emilio Gutiérrez Caba una vez en tierra), sobre qué hace España en Guinea y cómo. Tampoco sabremos nada del deterioro en la vida colonial y sus razones, más allá de un cruel basiquito (impecable Luis Callejo, como siempre), unos blancos puteros y un par de frases nativas entre lo naif y lo filosófico, eso sí, muy resultonas.  

A pesar de la música, de la hermosa Berta Vázquez y del paraje guineano abrumador, la ambientación escrupulosa de los escenarios en dos épocas, la banda sonora emotiva, etc. todo queda como una serie de TV abreviada para cine. Si de verdad fuese una serie, mi crítica sería otra en lo formal, aunque el guión siga necesitando aclaraciones y puntos de vista menos académicos. Realizada para la pantalla grande (donde, por cierto, alcanzó enorme éxito), me parece tan bien fotografiada y tan plana de realización como El guardián invisible.

González Molina sabe manejar grandes presupuestos, pero necesita mejores guiones y mejores montadores. Mientras eso no cambie, me temo que será un adaptador funcional de best sellers. A lo que parece, el mejor disponible.


viernes, 1 de septiembre de 2017

El regreso

He vuelto después de semanas de desconexión absoluta (literalmente, puesto que estoy sin móvil desde mi último viaje transoceánico) y mientras pasaba el tiempo "del corazón a mis asuntos", han fallecido gentes de valía como Terele Pávez, Basilio Martín Patino o Jerry Lewis.

Agosto siempre ha sido un mes perro para los profesionales del cine. Pero éste ha sido especialmente cabrón. Buen viaje a los talentos que nos han abandonado.

De los estrenos más recientes y algunas repescas septembrinas hablaremos en breve. 

lunes, 31 de julio de 2017

Sam Sephard


Pues sí que estamos bien. Adiós, Sam. 
Siempre fuiste un gran piloto.

Jeanne Moreau


Saluda a Miles de mi parte. Allí nos veremos.

domingo, 30 de julio de 2017

Dunkerke


Nolan rueda muy bien, eso es indiscutible. La cuestión es siempre el qué. Esta vez tenemos tema de empaque, la Segunda Guerra Mundial. Y un hecho histórico poco utilizado por los anglosajones: la huida en masa de su ejército (con matices, claro). 

A la producción no le falta de nada: escenarios impresionantes, amplio reparto con alguna que otra estrella, extras a millares, barcos de todo tonelaje, aviones persiguiéndose y bombardeando, hundimientos, música de Zimmer y una exquisita integración de todo ello en la postpro.  

La historia, centrándonos en la supervivencia de un personaje que abre y cierra la película, es muy interesante, porque cualquiera puede empatizar con ese "a ver cómo coño salgo vivo de aquí".

Pero la ventaja de que dirija Nolan es también el inconveniente. A Christopher no le basta con narrar con solvencia un hecho cierto y duro. Tenemos que ponerle una chispa de trascendencia enigmática, en la estructura narrativa, en la banda sonora, en los silencios atormentados (¿pueden ser de otro modo en una situación así?). 

La película podría terminar en el vuelo a hélice parada y la estética poderosísima de esa imagen hubiera dejado la película en alto. Pero el negocio obliga a encadenar tantos finales como acciones paralelas o desordenadas hay en liza. Apurarlas es innecesario, ya se sabe lo que depara cada una. Sabemos que el chico saldrá en la prensa local, que el ruido de los cazas pone los pelos de punta a quien sigue en la playa, que los ingleses se sentirán orgullosos de su ejército incluso en la derrota.

Esto es Hollywood: La espectacularidad a toda costa -aunque ésta es una espectacularidad medida, fascinante y oportuna-, los mensajes bien claritos, el sabor de boca a palomita de julio.

Para mí, la discusión sobre cómo se aligera el peso de un barco agujereado, los desertores mojándose, la selección de los que zarpan, la carrera con la camilla o el comportamiento del viejo marinero y el avión solitario son las maestrías que le arranca el director a Dunkerke. Lo demás es temor a la taquilla. 

Un temor relativo, claro, es una peli de Nolan, experto en joyería del siglo XXI.


sábado, 15 de julio de 2017

La guerra del planeta de los simios


De nuevo los simios dando lecciones, de lo que debe ser un taquillazo veraniego, se entiende.

Claridad y coherencia narrativas. Prodigio técnico insuperable. Personajes entendibles e interesantes. Buen enganche a la primera de Heston, pero sin subrayado. Un ritmo perfecto en la primera mitad y lógico, aunque lento en comparación, en la segunda.

Explosiones, claro, y gordas, pero donde tocan.

Sólo tres peros:
- Música demasiado presente (definitivamente, en Hollywood ya sustituye a las emociones enlatadas).
- Después de verlas todas, no sé de dónde viene la expresión "follar como monos"
- A César debieron llamarle Moisés.


viernes, 14 de julio de 2017

Casi leyendas


Ésta es de las que en el mundo hispano, cuando la realiza nuestro propio cine, no nos la creemos, pero cuando la hacen los anglosajones se puede tolerar y a muchos hasta les gusta.

Un ejemplo clarísimo de lo que hace un reparto carismático por universal (o sea, de Hollywood) y un presupuesto gordo, por una historia blanda que se vuelve más buenista a medida que avanza su metraje.

La vi hace pocos días, en Netflix, y los momentos de humor propiciados por la sinceridad sin edulcorar del personaje de Segura son en su mayoría buenos. Peretti es un intérprete notable, pero le toca una de las vertientes del guión que más se azucara (salvo que comparta plano con Segura). Y el que hace de guapo…, vaya, no es Darín.

Con un guión más medidito y una dirección y montaje finos, les hubiera quedado mucho mejor (hubiera sido otra película, claro). Aunque ya digo, los norteamericanos (y algún actor inglés, para ponerle especias), son los verdaderos reyes en esto del “cuando tiramos de bondad, se os saltan las lágrimas”.

En salas, por descontado, no la vio ni el tato. 
Ni yo.

miércoles, 12 de julio de 2017

lunes, 3 de julio de 2017

Gru 3

La 2 acusaba cierta fatiga, pero tenía historia. Eso se acabó: los minions, que siguen geniales, no mantienen una película entera a flote (salvo que sea enteramente suya).

Desde luego, el villano "ochenteisson" de ésta tercera es estupendo y daba para mucho más.

Banda sonora para los nostálgicos, aunque no se dediquen ya a las villanías de barrio (mi hermano mayor lleva en su coche la banda sonora de la cuarta, mejor aún que la que suena en la 3).

Lo demás, el mensaje agotadoramente familiar que los niños que van a verla no quieren ver.

Así que no hace falta consumirla entera y en butaca. Lo bueno de la película, que lo tiene, acabará en youtube, si no se exhibe ya en ese canal de moda, cementerio de elefantes.

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miércoles, 28 de junio de 2017

Cine de avión



Villaviciosa de al lado

No entiendo el boom. El planteamiento, que agotaba el trailer, era excelente. Lo que luego ofrece la pantalla no pasa de ser una comedia de fácil digestión como hay dos docenas al año. Que ésta fuese la tocada por los dioses supongo que se debe a telecinco. Pero que se vea en avión dice algo más: películas de avión, comida de avión...

Los del túnel

Comedia que podía haber funcionado como la anterior, pero con más mérito. Creo que tiene un problema de ritmo, y de humor menos complaciente. Las soluciones, la estructura, las cargas de profundidad,.. Mucho más ambiciosa y mejor acabada. El ritmo y la promo la dejaron volando bajo. Y, claro, volando.

Contratiempo

Fluida, elegante, negra... Lo tenía todo, salvo un difícil, si no irresoluble, problema de caracterizaciones. De una en concreto. Y no hablamos de Mario Casas, que está correctísimo. No quiero pasarme de listo. Para ir en avión, aprueba con nota. De otro modo, no estaría tan seguro.

El ciudadano ilustre

Tomar de protagonista a un escritor, aunque reciba el Nobel, es ya un detalle a su favor. El intérprete, además, lo clava.Peca de excesivamente cerebral y de una realización plana. Pero me pareció como si me ofrecieran durante el vuelo otra bebida gratis. Ilustre en comparación.

100 metros

Es una lástima no tener un protagonista menos encasillado y equilibrar la primera parte, bastante sensata y atinada, con la segunda, en la que empiezan a rechinar ciertos "buenismos" desaconsejables (ese noviazgo tardío...), y sobre todo la tercera, donde la épica que garantizaba la prueba deportiva se envuelve en melaza. Pero hasta las bandejitas de avión llevan un dulce. Eso sí, a estas alturas la química entre Rovira y Elejalde parece ya indestructible, sobre todo si se putean en pantalla. En resumen, que a 100 metros de distancia quizá no, pero a 10.000 mil de altura, vale.


miércoles, 7 de junio de 2017

Gilda en la Feria

Mañana en la Feria del Libro de Madrid, caseta 65, de seis a siete de la tarde (y luego en la terraza más próxima), firmaremos ejemplares.

Rita no ha confirmado su asistencia. Pero no dejemos de soñar.


(carboncillo de José Luis García)


lunes, 29 de mayo de 2017

Piratas del Caribe 5. Versión extendida


Versión extendida en todos los sentidos: Johnny bebe mucho más ron, los malvados sobrenaturales son más sobrenaturales que nunca, la banda sonora no para un segundo, la espectacular patochada inicial agota el presupuesto de cualquier película digna tirando a cara de cualquier otra cinematografía del planeta, el tesoro que buscan es un pasote flamenco… y así.

Hollywood está muriendo –creativamente, en lo económico goza de muy buena salud- por exceso de recursos y necesidad compulsiva de gastarlo todo ante los ojos del espectador. Sin ir más lejos, las cuatro primeras escenas de esta película podrían ser su principio único. Todas las escenas parecen pensadas para ser “la escena”, estas cuatro primeras y todas las demás, olvidándose los guionistas (o quienes les pagan), de que una película es un todo no coincidente con la suma de sus partes.

Así las cosas, los diálogos humorísticos de las negociaciones piratas (dos o tres, muy pocos minutos del total), son con mucho lo mejor del filme. Ya poco importa si un barco se traga cualquier cosa, si el mar se abre en canal, si la ciudad portuaria es demolida,… puesto que esas maravillas técnicas dejan de impresionar a los cinco minutos y duran veinte (cada una).

Exageradito, super-intenso, agotador.

Recuerdo una frase de Fritz Lang a Peter Bogdanovich (dos dinosaurios que más de uno tendrá que buscar en google): “En algún momento los estudios dejaron de pensar películas que hiciesen dinero para hacer dinero haciendo películas”. Y lo lamentaban en 1965. Eso le pasa hoy a Disney, que tiene en un puño casi todas las sagas apisonadora de la industria: Piratas, Starwars, Marvel, Pixar franquiciándose de forma temeraria, revisitación de clásicos animados en imagen real,… y así. Cualquier día se compran Bond (deben estar en ello) y terminamos de joderla. Las primeras de cada “línea de negocio” fueron cine, de consumo, pero cine al fin (y el “cine de consumo” atesora la mayoría de las obras maestras, no hay que ponerse estupendos). Lo malo es pedirle a cada gallina un huevo de oro más grande cada vez, porque el tamaño de su culo sigue siendo el mismo. No parece importar, si la gallina explota también haremos caja.

Y lo peor es que la hacen. También conmigo, maldita sea. 

Piratas del Caribe, y van cinco


Pues fuimos a verla, mi peque es fan. Y lo voy a resumir con una frase de Bruce Willis (en La jungla 5): "Lo que hay que hacer por los hijos".

jueves, 18 de mayo de 2017

Nunca te saltes una de Allen: Irrational man



La penúltima de Woody (que pronto será la ante-penúltima) es otra de esas en las que el pequeño gafotas de Brooklyn habla de cosas complicadas (y sombrías) con una sencillez y luminosidad abrumadoras. Lo adereza con asesinato, que resulta más llevadero y cinematográfico, pero es precisamente ese elemento el que le permite filosofar, en el buen sentido de la palabra, sobre las contradicciones de la vida, la reputación, el desánimo y el amor. Las pocas cosas que en un momento concreto de la existencia parecen animarte a la acción o invitarte a beber sin freno de una petaca de bolsillo. 

Los actores están impecables, como suelen con Allen, y la fotografía, escenarios, música y ritmo son de una frescura tranquila que parece fácil, pero que apenas está ya al alcance de ningún cineasta norteamericano. 

Sin autorías contorsionistas, sin metrajes desmesurados, sin créditos molones. Allen parece casi el único artista racional de Hollywood. Obviamente, allí deben tomarle por loco.


domingo, 14 de mayo de 2017

Guardianes de la Galaxia vol.2


Con la galería de personajes principal ya conocida por los espectadores y una historia mucho menos compacta (los diferentes frentes de maldad tienen poca miga o dan pocas sorpresas, huelen a transición), lo que se impone es lo que suele en todas las secuelas Marvel: más de todo.

El humor y la capacidad genuina para emocionar siguen ahí, pero enterrados bajo tres toneladas de pirotecnia estirada hasta más allá de lo recomendable, cuando con media tonelada era suficiente. La duración de las peleas, destrozos y cuentas atrás desactivan en muchos casos lo mejor del guión, que siguen siendo las coñas y el lirismo.

Lo malo es que en la próxima no volverán al equilibrio. Harán más de todo (otra vez) y el resultado será muy fragoroso y menos divertido. Lástima, porque la primera era una maravilla. En ésta, lo único alucinante son los cameos y eso debería hacerles pensar en la utilidad de lo que se están gastando en croma.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Presentación madrileña de Gilda en los Andes

Hoy toca.
Estáis todos invitados.
Es a las siete y media, en la librería Lé (Castellana 154). 
A las siete y media de la tarde
Seremos rápidos y divertidos.


viernes, 5 de mayo de 2017

Comanchería


Estados Unidos está hecho polvo. Y si te das una vuelta por Texas (fuera de Austin, claro), la cosa da miedo. No sólo por la sensación de abandono, que también, sino porque todo el mundo tiene pistola y se muere por usarla.

Partiendo de eso, se puede hacer cualquier película de atracadores. Ya sabéis, malas maneras en la sucursal, fajos en bolsa de deportes, coches grandes pero algo pasados de moda quemando rueda por carreteras comarcales, tíos heridos pero con armas dentro del coche, caretas variadas, policía a mogollón, una tía buena que adorne y hasta dispare, un comisario majete, algún que otro corruptillo del establishment

Lo hemos visto miles de veces. Pero no como en Comanchería. Aquí hay ideas, personajes, escenas inteligentes (de las violentas y de las pausadas), un verdadero plan y un duelo final ¡a base de palabras!.

Jeff Bridges está en un nivel inalcanzable. Es como Sacristán, Mitchum, Von Sydow,… Una mala bestia a la que no le importa envejecer, hacer cine alimenticio o clavar obras maestras como ésta. 
No os la perdáis, que os tiroteo. 


jueves, 4 de mayo de 2017

Dos modos de ser autor: Julieta y El Olivo


Ser “autor” es algo que en España parece a menudo sospechoso de petulancia o prepotencia. Cuando todos sabemos que la mayoría de autores no tienen dónde caerse muertos. Supongo que, parafraseando a Fernán Gómez, no se conoce gente en España con vocación de autor, sino de autor de éxito.

Almodóvar y Bollaín son dos autores de éxito, cada cual a su manera. El manchego lleva unos años a la deriva, por asuntos varios (cinematográficos y de los otros), pero su caja internacional no tiene comparación en la mayor parte de la industria del cine (española, si la hay, y mundial). La pelirroja Bollaín no llega a tanto, pero es la directora más solvente de por aquí y sus películas, con más o menos acierto y repercusión, siempre interesan.

Veamos cómo les ha ido a cada uno con la última, en mi opinión:


Julieta

Llevo mucho tiempo tratando de decidir si lo que he presenciado es una obra depurada y sentimental o un precioso frasco vacío. Almodóvar vive ensimismado porque no puede ya vivir de otro modo, eso salta a la vista. Sus personajes sufrientes, más literarios que los que cocinaba a pie de calle, son reales gracias a un casting que nadie más se puede permitir, y su gusto por el color, la decoración, el arte y la lectura es de agradecer, pero alambica el envoltorio y nos distancia cada vez más de su autenticidad. Todo esto parece inevitable, pero Almodóvar debiera tener talento sobrado para evitarlo. Cada personaje, por sí sólo, me parece cinematográficamente afortunado, pero  no terminan de encajarme en sus conexiones, motivos y secretos. Julieta es como es, enigmática, doliente, un poco innecesaria. Pero el talento sigue ahí, bajo capas y capas de autocomplacencia y peloteo (que rima con Deseo). Es el precio del éxito. 

Y un misterio a título personal: ¿si esta película hubiese precedido a  Los abrazos rotos, La piel que habito y Los amantes pasajeros, me hubiera parecido mejor? Frente a ellas, lo es de largo. Frente a las precedentes, creo que no desentona pero tampoco brilla.


El Olivo

La pelirroja sabe lo que es acertar hasta el desborde (Te doy mis ojos) y patinar por pudor (Mataharis), tener olfato (Flores de otro mundo) y pasarse de frenada (También la lluvia). Aunque con todas aparenta partir de una premisa que Almodóvar parece haber olvidado: Mejor que intentar una y otra vez la obra maestra, procura hacer una buena película.

El Olivo lo es: sencilla, bien contada, con su punto reivindicativo marca de la casa (lo menos importante del relato), y un pulso de hierro para las tiranteces del vínculo familiar. Hay paisaje a vista de pájaro, países lejanos, escenarios adecuados,… En fin: medios razonables, pero no se notan, funcionan al servicio de ese trío metido en el camión y ese abuelo silencioso, viudo de árboles milenarios y sagrados. (La joven protagonista es una flor de otro mundo).


miércoles, 3 de mayo de 2017

Esperando al rey


Adaptaciones bobas pero aparatosas de las novelas de Dan Brown aparte, Tom Hanks ha retomado el pulso eligiendo hace varios años ya. Han bastado unos cuantos “americanos de bien”, su especialidad, metidos en diferentes apuros (somalíes, berlineses, newyorkinos o en plena Arabia), para demostrarnos que nadie empatiza como él con la gente a la que le gusta ver gente honrada en pantalla, echándole huevos a la globalización y a sus daños colaterales.

Esperando al rey sigue el manual: un tipo desubicado va a encontrar sentido a su vida donde nada parece tenerlo. Dicho esto, ver a un estadounidense sin uniforme militar en medio del desierto, comprendiendo que es un mero proveedor para un cliente que no se deja impresionar, resulta bastante novedoso, interesante y cómico. Tom Hanks se encarga de que nos identifiquemos con ese comercial en territorio desconocido y casi siempre chocante.

No hay subrayados (aunque varias cargas de profundidad están ahí para quien quiera sumergirse) y casi se agradece. La cara de Tom ante lo que va pasando mientras espera es suficientemente gráfica. Sigue así, viejo amigo. También a ti nos pasamos un tiempo esperándote.


viernes, 28 de abril de 2017

Dancing Beethoven



Mi recomendación para el puente. 
Aviso: no sale Hulk resolviendo el desenlace a piñazo limpio

miércoles, 26 de abril de 2017

Adiós, Demme

No todos en el negocio del cine hollywoodiense se van dejando tras de sí una obra maestra (El silencio de los corderos, por quedarnos en lo obvio).
Tú sí.
Y mucho cine bueno o como mínimo grato que tardará en envejecer (algunas de las tuyas ya tienen décadas y aún no lo han hecho).
Se te echará de menos, Jonathan Demme.


martes, 25 de abril de 2017

El Ministerio del Tiempo


Me encanta este tipo. Y la serie de la que forma parte. Con sus limitaciones, sus gazapos, sus guiños, sus ensayos de riesgo que a veces se desarrollan con acierto y otras aconsejan repliegue rápido pero bien resuelto. Además, la fotografía y el sonido (dos asignaturas que pocas aprueban aquí), son para quitarse el sombrero.
La tercera temporada está al caer:

viernes, 21 de abril de 2017

Put the blame on me


Después de un embarazo de varios años y un parto normal en imprenta, 
ya ha nacido: 410 páginas pesa la criatura.
Preciosa, qué voy a decir yo que soy el padre.

Dentro de dos semanas en librerías. 
Ya disponible en www.editorialberenice.com


jueves, 20 de abril de 2017

Kiki, el amor se hace


Aquí siempre estamos buscando al listo de la clase: Almodóvar, Amenábar, Fresnadillo, Bayona… Paco León. Creo que éste último es el verdadero chico listo. No le descubrí hasta Carmina y su puesta en pie, no digamos la comercialización, me pareció brillante. La segunda de Carmina es aún mejor. Y, mientras ha aportado su vis cómica o dramática al servicio de aciertos como Tres bodas de más o Siete años, León ha coescrito y dirigido Kiki, el éxito inesperado del 2016, del que opino demasiado tarde.

Se supone que Kiki es un remake (no voy a abrir google para mirarlo) y tiene un título para echarse a temblar. Pero León hace la historia absolutamente suya, destroza por comparación los intentos frustrados de humor del último Almodóvar, dirige a los actores con precisión y desparpajo, consigue el ritmo que la comedia necesita (lo más complicado que existe y en un vida cruzadas como éste, no digamos).

Da lo mismo que el final sea descaradamente complaciente. Las majaderías del novio-atracador, la conversación entre los cirujanos plásticos, las artimañas lacrimales de Candela Peña,  la primera visita al club sórdido pero descacharrante, la asistenta filipina, la llamada erótica del sordomudo, … León regala tantos momentos de risa catártica a su público que el final vale y hasta ayuda.

Música, fotografía y un equilibrio de virtuoso entre lo zafio, lo inteligente y lo cómico, hacen de Kiki un éxito merecido. A años luz de las comedias que han hecho taquilla últimamente en España. Almodóvar debería producirle la próxima y no entrometerse en ningún momento.

León es el chico listo.


domingo, 16 de abril de 2017

Fast and Furious 8


En mi descargo debo decir que era una sesión de machos alfa familiar (sobrino, hermano, patriarca, todos muy amantes de la alta cilindrada). A partir de ahí, hay que reconocerle a la saguita que no se moleste en poner títulos creativos. Ésta es la 8 y ya está: Carracos a toda leche, guapas mozas, parajes variados, piñazos a gogó, un plan para destruir el mundo, una improvisación igual de destructora para evitar el plan maligno,... y así. 

Sale la Pataki, pero nunca lució como conductora en la saga y eso trae consecuencias a la larga (hasta la 8 hemos llegado, guapa). Su cheque se habrá llevado a Asgard, qué duda cabe. 

También sale Charlize, que hace de mala y se marca una interpretación elocuente, que consiste en no pestañear para dar muy psicópata (o eso, o ha pasado por quirófano para nuestra desdicha actual y futura).


La gran novedad es que aparece La Habana, la verdadera. Suena Pitbull y malgastan una canción (mejor) de Orishas. El ambiente es mentira, obviamente, tan exagerado como todo lo demás, pero la arquitectura es la auténtica, y allá que va a todo gas un "almendrón" para el desguace por San Lázaro, Parque Central, Habana Vieja, Vedado y Malecón demostrando que Dominic Toretto es el mejor piloto vivo pisando pedal, que el trazado urbano se tunea lo que haga falta y que los gringos tienen una idea de Cuba más antigua que el bloqueo, pero venderá entradas de cine y billetes de avión a cascaporro.

Detalle simpático: después de moverse ufano por en medio de una flashmob de cubanas ligeras de trapo meneando el cun cun en plena calle (como si cualquier calle habanera fuera un anuncio veraniego de Coca-Cola), Toretto confiesa haberse instalado en Cuba atraído por su cultura y su gente. Que se prepare la Isla.


Poco más que añadir: New York luciendo atasco caído del cielo, Berlín en llamas, lago helado (ex-ruso) más largo que el campo de fútbol de Oliver y Benji... Los prodigios técnicos en lo que a acción se refiere son muchos, impresionantes hasta la comicidad, caros y rentables. 

A este género le pasa como al de las artes marciales, que el guión vale huevo si las peleas / persecuciones están a la altura. Para eso, conviene tener a un sobrino experto en coches que sabe de antemano el modelo de Lamborghini que va a darte problemas sobre hielo. 

Contratad a mi sobrino Kike como asesor para la siguiente, que ya os vale.