miércoles, 18 de julio de 2018

Yvonne Blake



Ganó cuatro Goyas y un Oscar, éste último por el vestuario de Nicolás y Alexandra; hizo El último valle, Robin y Marian, Jesucristo Superstar, Superman, Los señores del acero, Remando al viento, Loking for Richard, Los fantasmas de Goya, Canción de Cuna.

Trabajó con Lester, Forman, Truffaut, Verhoeven, Parrish, Garci, Chávarri, Suárez, Donner, Aranda, Pacino.

Se batía con la misma solvencia en una superproducción anglosajona que en una peliculita de Enrique y Ana, hablaba un castellano con acentazo de Manchester y asumió esa presidencia de la Academia del cine español que empieza  a ser como un hierro candente que nadie quiere agarrar porque quema de extremo a extremo.

En fin, era una profesional como la copa de un pino, se diga como se diga eso en Manchester.

El Cine, y los que lo amamos, te vamos a extrañar, Yvonne.

miércoles, 11 de julio de 2018

Fuera de Cartel


Loving Pablo
Nunca sabremos si la síntesis que gasta la película sobre Pablo Escobar y su periodista “de cabecera” funciona porque está bien hecha o porque cuenta con el conocimiento previo de la audiencia sobre ambos personajes adquirido en la serie Narcos de Netflix.

En cualquier caso, habiendo visto ambas, me parece que la película es ágil y entretenida. Y Javier Bardem, por descontado, hace un Escobar muy logrado y temible.

Otra cosa es el sindios idiomático de la producción, que en nada la favorece: unos españoles imitando el acento colombiano para hablar en inglés. Joder con el mercado.


Bajo la piel del lobo
Fotografía, reparto, música y paisaje: Bravo.

Guión: Hombre, Samu, no era tan difícil hacerlo un poco más interesante, bonito y rematado, sin dejar de ser creíble (me remito al primer párrafo).


Nunca me abandones
British (o sea, bien hecha y bien interpretada), bonita y desoladora. Un extraño artefacto de ciencia ficción que arranca en el pasado y se mantiene fiel a esa premisa para avanzar paralela a nuestro tiempo, reconocible en todo salvo en el avance científico que pone sobre la mesa de operaciones el asunto moral y su deriva amorosa.

La Mulligan necesita cuanto antes una comedia loca, ya está bien de verla sufrir en silencio.


Marea negra
Esto es Hollywood hoy ante los grandes temas: un vertido petrolero como no ha habido igual en la Historia, y sólo nos centramos en la explosión de la plataforma, en los augures desoídos por la codicia de manual que le endosan a Malkovich, y en el perfil heroico de los que se empeñan en salir de allí con vida con la mayor cantidad de compañeros posible, aunque los lleven en volandas con quemaduras de tercer grado.

En fin, acción ante todo. Lo del desastre ecológico es cosa de Dios, que no siempre bendice a América.


No respires
Un thriller de los de verdad, donde las licencias no importan porque la trama es magnética, el reparto idóneo y la dirección impecable.

Tensión desde el minuto tres (treinta segundos de sobra al final, por si se cuela la secuela).

Cinco personajes, una casa, una historia en plan cebolla, por capas, violencia medida y contundente, sonido, luz, oscuridad, giros,… todo en su punto de cocción.

Te comes las palomitas. Te comes las uñas. Una delicia sin exceso de presupuesto, ambiciones ni trucos demasiado vistos. Basta con el perrazo de sueño ligero.

lunes, 9 de julio de 2018

Feliz cumpleaños "Laura" McGuillis


Hoy es el cumpleaños de Kelly McGuillis, la que fue protagonista de tres hitos de los 80: Único testigo, Top gun, Acusados.

La efeméride me ha recordado una anécdota jugosa sobre la McGillis: durante muchos años (hace algunos que le perdí la pista), tuve una gran amiga que en el teatro de instituto se encargaba del vestuario y que se parecía mucho a la McGillis. En una ocasión, creo que sólo una, fui a su casa y reponían en la tele Único testigo. Nada más empezar, señalé lo mucho que Laura y la McGillis se parecían.

La madre y la abuela se pasaron toda la película dándome la razón: "hay que ver lo que se parecen, es verdad". Hasta que llegó la escena en que aparecía la McGillis con la pechuga al aire. Se hizo un silencio de tumba en aquel salón, mientras todas las presentes pensaban: "ahora este hijoputa dice que hay que ver lo que se parecen".

No dije nada, pero creo que fue peor. La madre y la abuela se habían formado su propia opinión y nada que yo dijera o callara iba a mejorar o disipar lo que su propia imaginación dictaba en aquel momento crucial.

Aquella tarde, cuando Laura y yo salimos por fin de su casa a beber por los bares cercanos, nos reímos como nunca.

Feliz cumpleaños, reinas. 

viernes, 6 de julio de 2018

Adiós a Pepe


Un buen amigo ha abandonado repentinamente el escenario. Tenía un libro estupendo sobre cine titulado 444, un blog en el que retrataba los pros y contras de cada nueva película vista, defendía apasionadamente el doblaje, recibía a sus amigos con la curiosidad siempre incólume y unos gin tonics de gentleman, adoraba el cine de Scorsese, de Allen, de Berlanga, las películas de Pixar, nos recordaba la pronunciación en alemán del apellido de Billy Wilder.  

Era Pepe García Berdoy, alias Atticus.

Nos citamos durante años, primero en un bar cercano al cine Doré, luego en su apartamento del barrio de Salamanca. El grupo fue cambiante (David, Luna, Luis…), pero Pepe nunca faltaba, ávido de conocer nuestra opinión sobre el último estreno oscarizado, la nueva comedia boba francesa, los progresos de nuestra escritura cinéfila o literaria, los viajes y los hijos, el ir y venir de nuestras vidas.

Siempre nos acicateaba para vernos más. Pero pensamos que el tiempo es inagotable, aunque a cada uno se le agota cuando lo dice ese reloj invisible que avanza indefinidamente.

En fin, no sé qué más decir. Prosigue el poderoso drama. Woody estrenará otra y no irás a verla en sala, pero te lo contaré aquí, amigo. Es un texto un poco flojo, lo sé, para ser el que me sale en tu memoria. Pero estábamos de acuerdo en que conviene adornarse lo justo. Y hoy lo pone todo la tristeza.


lunes, 25 de junio de 2018

Hereditary


Esto del terror es subjetivo, salvo que la cosa vaya de sustos a costa de la subida sorpresiva del volumen para que brinques en la butaca. Pero Hereditary no hace ese tipo de apuesta. Se lo toma con calma, trabaja la atmósfera, la situación anímica de los protagonistas (muy bien todos), sus razones, sus querencias y miedos.

Los horrores de Hereditary, en fin, van dosificándose hacia el momento en el que se desvela la tragedia en toda su aterradora dimensión. Una tragedia escalonada, pero catártica en el desenlace, en el que todo queda lo suficientemente claro, o eso parece.

Por desgracia, algunos de los tiempos dedicados a cada cosa son a mi juicio excesivos y en varios momentos se quedan algo cortos (esas cajas que guardan los secretos de la difunta…) Esto da como resultado una película que sólo funciona si entras, no puedes ser mero espectador y eso está bien, aunque tiene sus riesgos: El desenlace puede convencer o mover a risa. Depende de lo que te hayas implicado en la proyección.

Hereditary no está construida sobre sustos baratos, pero la impaciencia o descreimiento de los millennials (público natural del género a día de hoy),  es el precio que el realizador tiene que pagar por ser brillante de forma autoconsciente y a la manera clásica.

Ya no hay artesanos en Hollywood. Sólo realizadores y autores. El espectador decide qué es cada uno. Un horror.


jueves, 21 de junio de 2018

Irrepetibles, segunda entrega

Ángela es un lujo que quizá ni cuando nos falte se valorará en su justa medida. Debería levantar el auditorio en cualquier encuentro para los focos que la acoja, en cualquier lugar de Europa, no digamos aquí. Tiene un apellido de leyenda bajo cuya sombra jamás se refugió. Ha trabajado con Buñuel, con Pontecorvo, Borau, Bellocchio, Comencini, Picazo, Chavarri, Gutiérrez Aragón, Tanner, Scott, Tornatore, Littín, Almodóvar, Villaronga, Colomo, los Taviani, Armiñán, Berger, Bigas o Josefina Molina, así, por hacer una lista corta y sabrosa.

Las películas de estos y otros muchos fueron de calidad desigual, pero ella siempre ha estado impecable. No le hizo ascos a la tele y se apuntó al teatro cuando decidió que era el momento, con 47 primaveras en el lomo. Acumula un puñado de premios y cinco hijos. Es la matriarca de su clan, discreta y fuerte como una roca de camino.

Su hermosura física se ha ido surcando de arrugas y canas sin que la potencia febril de su mirada se agote. Una voz selvática, sensual y desesperada se ha encargado de recordarnos en cada aparición que una grande llenaba el plano.

Aquí os la dejo, posando. ¿Que no haría una Cruella de Vil o una Maléfica cojonudas?


Don Fernando era, sobre todo, un caballero. Además de un actor excelente, capaz de cualquier personaje. Vivió mucho y bien. Y tuvo lo que se dice "una carrera".

Según me saltan en la memoria: Los palomos, Viridiana, Campanadas a Medianoche, El quinteto, El viaje de los malditos, Tristana, Ese oscuro objeto del deseo, El discreto encanto de la burguesía, Diario de invierno, Elisa vida mía, Pasodoble, Padre nuestro, Mi general, Jesús de Nazaret, French Conexión, El bosque animado, El Quijote… Trabajos para Luis Buñuel, Orson Welles, William Friedkin, Franco Zeffirelli, Carlos Saura, Ridley Scott, Francisco Regueiro, Luigi Comencini, John Frankenheimer, Jaime Chavarri, José Luis Cuerda, Sergio Leone, Jaime de Armiñán, Manuel Gutiérrez Aragón, Ladislao Vadja, Juan de Orduña… Encarnando admirablemente personajes inspirados en la obra de Cervantes, Shakespeare, Fernández Flores, Cortázar… Midiéndose implacable con Gerard Depardieu, Paco Rabal, Carole Bouquet, Gene Hakcman. Vittorio Gassman, Catherine Deneuve, Max Von Sydow, Fernando Fernán Gómez... Y podría pasarme el blog entero enumerando talento.

En cuanto se dejó la barba, le bastó estar en las secuencias de las películas para dejar en ellas ese toque de clase marca de Rey.


lunes, 18 de junio de 2018

Jurassic World 2, el reino caído


No sé juzgar muy bien qué sentirá un chaval en esta quinta entrega de la saga jurásica, pero dudo que lleguen al cine sin referentes visuales previos a mogollón. Cuando la de Spielberg, una inteligente campaña nos escamoteó a los dinosaurios hasta entrar en la oscuridad de la sala. Pero de eso hace 25 años.

Bayona dirige una secuela de lujo. Tiene lo principal de la anterior, rescata claves de la era spielbergiana, reparte guiños a diferentes filmografías (especialmente a la del maestro y a la suya propia). Asume, sobre todo, que lo que importa en el guión es la tensión de pruebas sucesivas a las que sobrevivir y que lo demás es puro maquillaje conceptual basiquito: el malo de manual, la eterna cacería amañada, las charletas morales de Goldblum... Pegamento rápido. 

El espectáculo lo ponen los dinosaurios, la parejita de estrellas y la niña. Bayona cumple en esto con solvencia siglo XXI. 

Pedir más es del Jurásico, de donde yo procedo.