lunes, 18 de marzo de 2019

70 binladens


Apenas quedan pases de 70 binladens y lleva dos semanas escasas en cartel. Es el destino de muchos estrenos cinematográficos que no suenan "de relumbrón" desde mucho antes de salir (con relumbrón estoy pensando en Almodóvar o en Los Vengadores, por poner dos casos opuestos).


Esta pequeña película de Koldo Serra contiene dentro dos versiones:

La completa, desafortunada por un prólogo completamente innecesario y un epílogo confuso que busca añadir sorpresas vinculadas al prólogo y que no aportan mejoría al conjunto, incluso lo devalúan.

La segunda, que empieza donde importa, cuando aparece Emma Suárez, y tiene su desarrollo casi completo en la sucursal y la plaza que hay delante de ella. Terminaría en  la carta que un personaje deja en un hotel, centrándose en su contenido y, como mucho, con algún apoyo de imágenes y voz en off de su lectura. Eso hubiese bastado para redondear la historia y completado el puzzle mejor.


Así que me quedo con la sucursal, sus recovecos, las atribuciones de cada cual, el atraco, las complicaciones, el pulso entre las desesperaciones de los atracadores y la más avispada cliente, los policías de fuera con sus dudas, piques y protocolos,… en fin, me quedo con la batalla por los “binladens” en juego. Todo excelentemente rodado, con ritmo del bueno, con suficiente intriga por la suerte de cada cual y, con un par de personajes potentes a cargo de dos actrices fogueadas y magnéticas, Emma Suárez y Nathalie Poza.

Pero ninguna de las películas que contiene o pudo contener 70 binladens es un "evento", una experiencia de las que hay que vivir en sala para que en tu temporada de Cine no quede una joya pendiente. Vamos, que si la versión que yo propugno hubiese sido la ganadora en el guión y en la sala de montaje, dudo que la suerte de la película en taquilla hubiera variado a mejor.


El negocio del Cine se está poniendo cada vez más duro, hasta para conseguir una recaudación de 70 binladens.


jueves, 14 de marzo de 2019

Triple frontera


Hay un dicho para aquellos melones que tienen poco sabor, pero no llegan a considerarse “pepinos”,  y que califica una fruta que sin ser deliciosa tampoco se deshecha: “Por donde pasa moja”.

Eso le pasa a Triple Frontera, que se ve sin desagrado, aunque no aporte gran cosa al subgénero comando de élite en misión selvática que se tuerce. Tiene un reparto más joven e interesante que lo que se estila en este subgénero, sobre todo desde que Stallone se empeñó en reverdecerlo a estas alturas de su larga y musculosa vida. Tiene un director, J.C. Chandor, que no pretende estilizar la violencia, sino contar la justa ante la cámara y la peor fuera de campo. Tiene un guión común y corriente, que no innova pero tampoco se desmelena. Y le sobra Ben Affleck, que debería dedicarse ya a dirigir películas sin salir en ellas o hacer de actor con cineastas que le moldeen (que los hay).

Netflix sigue su senda: hacer cosas de género que parezcan mejores que la media hollywoodiense del nuevo milenio, pero que luego se descubren, en el mejor de los casos, como dignas (aunque pálidas) sucesoras de lo que se hizo antes de Marvel. 

Hawks, Lean o Fuller rodaban mucho mejor. También sus guiones lo valían. En fin: por donde pasa moja.


miércoles, 13 de marzo de 2019

Nueve años sin don Miguel



Ayer hizo nueve años del fallecimiento de uno de los grandes narradores del siglo XX, Miguel Delibes, un señor de Valladolid afortunado como pocos en las adaptaciones cinematográficas de sus novelas: El camino versus El caminoMi idolatrado hijo Sisí versus Retrato de familiaEl príncipe destronado versus La guerra de papá, Cinco horas con Mario versus Función de noche, El disputado voto del señor Cayo versus El disputado voto del señor Cayo y, por supuesto, Los santos inocentes versus Los santos inocentes, ésta última una de las contadas obras maestras del cine mundial.

Que levante el ratón quien no haya oído nunca la expresión "Milana bonita"...

martes, 12 de marzo de 2019

Una cuestión de género


El viernes pasado hice los deberes: fui a ver Una cuestión de género, oportunamente estrenada en fecha propicia.

La cosa va de discriminación femenina y statu quo masculino vinculado a esa discriminación, que para la mayoría es ya inconsciente (aunque estamos en los años 70, las cosas son cómo siempre han sido, qué necesidad hay de cambiarlas).

Es lo mejor de esta propuesta, en mi opinión: que no está llena de hombres abyectos o ridículos. Sólo uno de ellos es intencionadamente como es, un tipo que cuando deja espacio a las mujeres no olvida restregarles por la cara que se trata de una merced que él les concede graciosamente.  Los demás, a  favor o en contra de las tesis de la protagonista, son coherentes y hacen lo que deben hacer desde sus posiciones: subir profesionalmente, intentarlo, luchar por los derechos civiles desde una institución comprometida en ello, defender la fortaleza de la institución aunque sea sacrificando peones, defender principios, intentarlo, ganar el caso, intentarlo… y así sucesivamente.

Es decir, que cada personaje esgrime sus razones y se atiene a ellas. No lo hace únicamente la terca protagonista.

La narración es clara, interesada e interesante. Los anglosajones son maestros en internarse en temas técnicos exponiéndolos de forma que el espectador no se pierda con los tecnicismos. La cámara no inventa ni pizca, todo luce académico, funcional y elegante (a veces un poco televisivo). El marido es guapo y entregado (se agradece que no metan una traición conyugal en el guiso), la hija evoluciona de forma adecuada, desde el enfrentamiento adolescente a la compresión y complicidad con esa madre tirando a severa que le ha tocado en suerte.

Y así llegamos al único punto discutible de la película, la actriz Felicity Jones, que es, según mi gusto particular, muy poco empática, no resulta inspiradora (salvo en un par de "zascas" realmente logrados).

Me queda la duda de si hubiera mejorado el conjunto con una actriz que no respire en todo momento “cáscara amarga”, aunque no le falten motivos.

Lo de "basada en un hecho real" y la aparición última de la mujer verdadera a la que encarna la actriz, es sólo para quien necesite de estos datos de “valor añadido”.


viernes, 8 de marzo de 2019

Mujeres de Cine



Hoy ocho de marzo toca mujerío militante, al que ya se arriman los políticos (y políticas) con un oportunismo esclavo de los próximos votos. Os harán lo mismo que a todos (y todas): cuando pase su fecha de renovar curro bien pagado, a otra cosa mariposa. Lo que no quita para que os revindiquéis como mejor os parezca y convenga, en la calle, en las redes, en los medios, en el cine. Y aquí es donde quería yo llegar. Las películas de mujeres, que no para mujeres. Las que demuestran vuestra importancia y valor en el mundo actual o pasado.

Esto de la igualdad de derechos hombre-mujer no debería ser un subgénero cinematográfico, sino un “tema transversal”, como diría algún (o alguna) imbécil a la moda. Así que yo voy a quedarme con unas pocas películas que a mi juicio cumplen sobradamente con las reivindicaciones que corresponden, incluso con las que han quedado antiguas, sin que las elegidas sean películas de tesis, que por regla general es lo peor que puede hacerse en artes narrativas como el Cine.

Empezaré por Caravana de mujeres. Este clásico de William Wellman retrata una epopeya protagonizada por mujeres de toda clase y condición, aunque comandada por un hombre. Quizá en eso radique gran parte de su grandeza: en como este hombre (Robert Taylor en el mejor papel de su vida), un conductor de caravanas Far West cargado de prejuicios hacia el otro sexo, aprende a valorar el tesón, el talento, la sensibilidad, el arrojo y la determinación femeninas para cruzar el país e iniciar una nueva vida en un valle lleno de esposos potenciales.

Podrá alguien poco avispado reprocharle eso a la película: que todas van hacia un marido, que ese es su limitativo acicate. Sería una torpeza restarle mérito alguno a esta historia por semejante detalle, en un relato ambientado en el siglo XIX y en un país fundado bajo los principios clásicos Dios-Patria-Familia; pero además, uno tiene la certeza de que si alguno de los hombres que esperan en el valle tiene ganas de ejercer “dominación” de cualquier especie, no tendrá nada que hacer.

Por eso, puede que el momento más especial de esta película sea aquel en el que Robert Taylor irrumpe en el valle y les prohíbe a todos acercarse a las mujeres recién llegadas, so pena de que él mismo les pegue un tiro entre los ojos: “Nadie va a ir. Así es como ellas lo quieren y así será. No quieren que las veáis hasta que no se hayan arreglado y si alguno se acerca a 100 metros le meteré una bala aquí. Tú, tú fuiste de los primeros que vino al Oeste, estuviste con la gente de O´Donnell y sabes lo que es trabajar duro, pero ninguno ha pasado el infierno que han pasado ellas. Son verdaderas mujeres, buenas mujeres, grandes mujeres. Así que a ver si sois lo bastante hombres para ellas, a ver si sabéis tratarlas y que Dios os ayude si no lo hacéis”. Entonces, un viejo tipo se vuelve hacía el compañero más próximo y murmura: “¡Deben ser fantásticas!”. Y vaya si lo son. Quien ha visto la película bien puede jurarlo.

La costilla de Adán es otra de mis favoritas: Katharine Hepburn y Spencer Tracy en un mano a mano de enamorados con talento, en una sociedad que prioriza el talento del hombre, especialmente fuera del hogar, donde copa los puestos de toda especie de forma abrumadora. De hecho, el duelo entre abogados que va contaminando la armonía hogareña, no se ciñe únicamente a las distintas maneras de utilizar la ley en el caso de un homicidio fallido propiciado por un adulterio, sino también a la competición cada vez más sañuda entre los dos profesionales del litigio, Katharine y Spencer. El desfile por el estrado de mujeres capacitadas para cualquier cosa que imaginarse pueda no tiene desperdicio: es pura “visibilidad” a finales de los años 40.  Como sucede en todas las películas de esta pareja maravillosa, cada uno acaba ganando a su manera y el asunto termina en un acuerdo final, cerrando las cortinas de un dosel de cama: “vive la différence”.

La expresión francesa no es casual, porque en este momento ya no se habla de derechos en igualdad, sino de placeres compartidos.

Por no extendernos más de la cuenta, recomiendo igualmente La Kermesse heroica, en la que las mujeres de un pueblo de Flandes demuestran quién los tiene bien puestos ante la llegada de los temibles tercios españoles; Sola en la oscuridad, en la que Audrey Hepburn da una lección impagable de sagacidad y resistencia frente a unos piezas de cuidado; Eva al desnudo, en la que las mujeres son la película, como sucede en La ventana indiscreta, aunque Stewart esté allí para romperse las piernas. Y Mujeres al borde de un ataque de nervios, en la que los varones lucen al fondo como objeto de amor o desengaño, y más difíciles de entender que una buena moto.

Es curioso que sea en esta última donde una mujer pone de manifiesto la dificultad de entender al hombre, que presume de simple y de que, para complejas, vosotras. A mí todo eso me parece propio de naranjas por mitades, pero revueltas. 

Conclusión: vive la différence (la expresión francesa no es casual, porque en este momento ya no se habla de derechos en igualdad, sino de placeres compartidos).

martes, 5 de marzo de 2019

Tu hijo



Siguiendo con el repaso "goyesco", nos detendremos hoy en Tu hijo, la película de Miguel Ángel Vivas que le valió una nominación al Goya a José Coronado, aunque se lo llevaría Antonio de la Torre por El Reino, una película mucho mejor que ésta.

Tu hijo cuenta con un excelente trabajo de Coronado y una esmerada realización, pero el guión -más fino en sus silencios que en sus voces- se embadurna de un tremendismo creciente que llega a ser desaconsejable y se saca una par de conejos de la chistera que buscan descubrimientos de impacto a última hora, pero le restan coherencia al desarrollo de varios personajes y a la historia misma.

No es mala, es que pudo ser mucho mejor. Eso sí, desde que Coronado asume roles de pocas palabras, cada vez escucha mejor. Siendo ya un actor solidísimo, todavía gana en la voz con cada nuevo título, pero sus gestos silenciosos son en verdad de premio.


lunes, 4 de marzo de 2019

4 latas


Dos amigos, un tercero en ausencia, una chavala de armas tomar y los encuentros del camino africano hacia Tombuctú. Gerardo Olivares no ha necesitado más para poner en pie una película de trayecto físico y emotivo lograda, amena, bonita, grande en sus pocas pretensiones cumplidas con creces.

Los tres protagonistas, Jean Reno, Hovik Keuchkerian y Susana Abaitua son intérpretes sólidos adecuados a sus papeles y los más episódicos están en lo que tienen que estar. Lo demás lo ponen el desierto, la música y el buen humor general, que no va de gags sino de tono fílmico. A pesar de que todos los personajes chapotean en sus fracasos personales, pero sin regodeos.

Los vascos, el francés, el chico de Malí (Juan Dos Santos) y hasta el valenciano exagerado de Arturo Valls tienen encanto y se lo entregan a la película sin reservas. Quique San Francisco pone su retranca al off, pero tiene reservados unos minutos finales en los que aparece de cuerpo entero y demuestra cómo un actor de verdad es capaz de ponerte el nudo en la garganta sin apenas texto, con ojos, abrazos y dolor contenido.

El resultado es algo que merece verse en cine, aunque temo que será carne de plataforma y sofá. Si es así como piensas verla, al menos descálzate cuando lo hagas para que un poco de esa África te entre por los pies.