jueves, 18 de mayo de 2017

Nunca te saltes una de Allen: Irrational man



La penúltima de Woody (que pronto será la ante-penúltima) es otra de esas en las que el pequeño gafotas de Brooklyn habla de cosas complicadas (y sombrías) con una sencillez y luminosidad abrumadoras. Lo adereza con asesinato, que resulta más llevadero y cinematográfico, pero es precisamente ese elemento el que le permite filosofar, en el buen sentido de la palabra, sobre las contradicciones de la vida, la reputación, el desánimo y el amor. Las pocas cosas que en un momento concreto de la existencia parecen animarte a la acción o invitarte a beber sin freno de una petaca de bolsillo. 

Los actores están impecables, como suelen con Allen, y la fotografía, escenarios, música y ritmo son de una frescura tranquila que parece fácil, pero que apenas está ya al alcance de ningún cineasta norteamericano. 

Sin autorías contorsionistas, sin metrajes desmesurados, sin créditos molones. Allen parece casi el único artista racional de Hollywood. Obviamente, allí deben tomarle por loco.


domingo, 14 de mayo de 2017

Guardianes de la Galaxia vol.2


Con la galería de personajes principal ya conocida por los espectadores y una historia mucho menos compacta (los diferentes frentes de maldad tienen poca miga o dan pocas sorpresas, huelen a transición), lo que se impone es lo que suele en todas las secuelas Marvel: más de todo.

El humor y la capacidad genuina para emocionar siguen ahí, pero enterrados bajo tres toneladas de pirotecnia estirada hasta más allá de lo recomendable, cuando con media tonelada era suficiente. La duración de las peleas, destrozos y cuentas atrás desactivan en muchos casos lo mejor del guión, que siguen siendo las coñas y el lirismo.

Lo malo es que en la próxima no volverán al equilibrio. Harán más de todo (otra vez) y el resultado será muy fragoroso y menos divertido. Lástima, porque la primera era una maravilla. En ésta, lo único alucinante son los cameos y eso debería hacerles pensar en la utilidad de lo que se están gastando en croma.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Presentación madrileña de Gilda en los Andes

Hoy toca.
Estáis todos invitados.
Es a las siete y media, en la librería Lé (Castellana 154). 
A las siete y media de la tarde
Seremos rápidos y divertidos.


viernes, 5 de mayo de 2017

Comanchería


Estados Unidos está hecho polvo. Y si te das una vuelta por Texas (fuera de Austin, claro), la cosa da miedo. No sólo por la sensación de abandono, que también, sino porque todo el mundo tiene pistola y se muere por usarla.

Partiendo de eso, se puede hacer cualquier película de atracadores. Ya sabéis, malas maneras en la sucursal, fajos en bolsa de deportes, coches grandes pero algo pasados de moda quemando rueda por carreteras comarcales, tíos heridos pero con armas dentro del coche, caretas variadas, policía a mogollón, una tía buena que adorne y hasta dispare, un comisario majete, algún que otro corruptillo del establishment

Lo hemos visto miles de veces. Pero no como en Comanchería. Aquí hay ideas, personajes, escenas inteligentes (de las violentas y de las pausadas), un verdadero plan y un duelo final ¡a base de palabras!.

Jeff Bridges está en un nivel inalcanzable. Es como Sacristán, Mitchum, Von Sydow,… Una mala bestia a la que no le importa envejecer, hacer cine alimenticio o clavar obras maestras como ésta. 
No os la perdáis, que os tiroteo. 


jueves, 4 de mayo de 2017

Dos modos de ser autor: Julieta y El Olivo


Ser “autor” es algo que en España parece a menudo sospechoso de petulancia o prepotencia. Cuando todos sabemos que la mayoría de autores no tienen dónde caerse muertos. Supongo que, parafraseando a Fernán Gómez, no se conoce gente en España con vocación de autor, sino de autor de éxito.

Almodóvar y Bollaín son dos autores de éxito, cada cual a su manera. El manchego lleva unos años a la deriva, por asuntos varios (cinematográficos y de los otros), pero su caja internacional no tiene comparación en la mayor parte de la industria del cine (española, si la hay, y mundial). La pelirroja Bollaín no llega a tanto, pero es la directora más solvente de por aquí y sus películas, con más o menos acierto y repercusión, siempre interesan.

Veamos cómo les ha ido a cada uno con la última, en mi opinión:


Julieta

Llevo mucho tiempo tratando de decidir si lo que he presenciado es una obra depurada y sentimental o un precioso frasco vacío. Almodóvar vive ensimismado porque no puede ya vivir de otro modo, eso salta a la vista. Sus personajes sufrientes, más literarios que los que cocinaba a pie de calle, son reales gracias a un casting que nadie más se puede permitir, y su gusto por el color, la decoración, el arte y la lectura es de agradecer, pero alambica el envoltorio y nos distancia cada vez más de su autenticidad. Todo esto parece inevitable, pero Almodóvar debiera tener talento sobrado para evitarlo. Cada personaje, por sí sólo, me parece cinematográficamente afortunado, pero  no terminan de encajarme en sus conexiones, motivos y secretos. Julieta es como es, enigmática, doliente, un poco innecesaria. Pero el talento sigue ahí, bajo capas y capas de autocomplacencia y peloteo (que rima con Deseo). Es el precio del éxito. 

Y un misterio a título personal: ¿si esta película hubiese precedido a  Los abrazos rotos, La piel que habito y Los amantes pasajeros, me hubiera parecido mejor? Frente a ellas, lo es de largo. Frente a las precedentes, creo que no desentona pero tampoco brilla.


El Olivo

La pelirroja sabe lo que es acertar hasta el desborde (Te doy mis ojos) y patinar por pudor (Mataharis), tener olfato (Flores de otro mundo) y pasarse de frenada (También la lluvia). Aunque con todas aparenta partir de una premisa que Almodóvar parece haber olvidado: Mejor que intentar una y otra vez la obra maestra, procura hacer una buena película.

El Olivo lo es: sencilla, bien contada, con su punto reivindicativo marca de la casa (lo menos importante del relato), y un pulso de hierro para las tiranteces del vínculo familiar. Hay paisaje a vista de pájaro, países lejanos, escenarios adecuados,… En fin: medios razonables, pero no se notan, funcionan al servicio de ese trío metido en el camión y ese abuelo silencioso, viudo de árboles milenarios y sagrados. (La joven protagonista es una flor de otro mundo).


miércoles, 3 de mayo de 2017

Esperando al rey


Adaptaciones bobas pero aparatosas de las novelas de Dan Brown aparte, Tom Hanks ha retomado el pulso eligiendo hace varios años ya. Han bastado unos cuantos “americanos de bien”, su especialidad, metidos en diferentes apuros (somalíes, berlineses, newyorkinos o en plena Arabia), para demostrarnos que nadie empatiza como él con la gente a la que le gusta ver gente honrada en pantalla, echándole huevos a la globalización y a sus daños colaterales.

Esperando al rey sigue el manual: un tipo desubicado va a encontrar sentido a su vida donde nada parece tenerlo. Dicho esto, ver a un estadounidense sin uniforme militar en medio del desierto, comprendiendo que es un mero proveedor para un cliente que no se deja impresionar, resulta bastante novedoso, interesante y cómico. Tom Hanks se encarga de que nos identifiquemos con ese comercial en territorio desconocido y casi siempre chocante.

No hay subrayados (aunque varias cargas de profundidad están ahí para quien quiera sumergirse) y casi se agradece. La cara de Tom ante lo que va pasando mientras espera es suficientemente gráfica. Sigue así, viejo amigo. También a ti nos pasamos un tiempo esperándote.