lunes, 29 de mayo de 2017

Piratas del Caribe 5. Versión extendida


Versión extendida en todos los sentidos: Johnny bebe mucho más ron, los malvados sobrenaturales son más sobrenaturales que nunca, la banda sonora no para un segundo, la espectacular patochada inicial agota el presupuesto de cualquier película digna tirando a cara de cualquier otra cinematografía del planeta, el tesoro que buscan es un pasote flamenco… y así.

Hollywood está muriendo –creativamente, en lo económico goza de muy buena salud- por exceso de recursos y necesidad compulsiva de gastarlo todo ante los ojos del espectador. Sin ir más lejos, las cuatro primeras escenas de esta película podrían ser su principio único. Todas las escenas parecen pensadas para ser “la escena”, estas cuatro primeras y todas las demás, olvidándose los guionistas (o quienes les pagan), de que una película es un todo no coincidente con la suma de sus partes.

Así las cosas, los diálogos humorísticos de las negociaciones piratas (dos o tres, muy pocos minutos del total), son con mucho lo mejor del filme. Ya poco importa si un barco se traga cualquier cosa, si el mar se abre en canal, si la ciudad portuaria es demolida,… puesto que esas maravillas técnicas dejan de impresionar a los cinco minutos y duran veinte (cada una).

Exageradito, super-intenso, agotador.

Recuerdo una frase de Fritz Lang a Peter Bogdanovich (dos dinosaurios que más de uno tendrá que buscar en google): “En algún momento los estudios dejaron de pensar películas que hiciesen dinero para hacer dinero haciendo películas”. Y lo lamentaban en 1965. Eso le pasa hoy a Disney, que tiene en un puño casi todas las sagas apisonadora de la industria: Piratas, Starwars, Marvel, Pixar franquiciándose de forma temeraria, revisitación de clásicos animados en imagen real,… y así. Cualquier día se compran Bond (deben estar en ello) y terminamos de joderla. Las primeras de cada “línea de negocio” fueron cine, de consumo, pero cine al fin (y el “cine de consumo” atesora la mayoría de las obras maestras, no hay que ponerse estupendos). Lo malo es pedirle a cada gallina un huevo de oro más grande cada vez, porque el tamaño de su culo sigue siendo el mismo. No parece importar, si la gallina explota también haremos caja.

Y lo peor es que la hacen. También conmigo, maldita sea. 

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