miércoles, 27 de febrero de 2019

Malos tiempos en El Royale


Malos tiempos en El Royale tiene referentes notables y notorios: Tarantino y los Coen. Afortunadamente, se queda con lo mejor de ambos estilos, porque la estética, la música, el reparto de campanillas en el que todos pueden morir, las explosiones de violencia en la que algún huésped se recrea, el escenario único y vintage, los interesantes desdoblamientos de puesta en escena (el espectador como mirón puro o mirón de otro mirón),… todo se aprovecha con inteligencia en El Royale, salvo la anécdota referida a su carácter de establecimiento bi-estatal (mitad en California mitad en Reno), que parece crucial al inicio y rápidamente se desdibuja hasta dedicarle en los momentos finales un mero guiño.


Si no fuera por ese olvido de guión fácilmente subsanable, Malos tiempos en El Royale vendría a recordarle a Quentin lo que casi tuvo y perdió en aras de la divertida –para él- crueldad y a los Coen que las puestas en escena de sangre fácil tienen que conducir siempre a alguna parte, que no se puede ir de listo haciendo que el espectador piense que eres demasiado listo para él.


A título personal, me hace gracia que una filmación olvidada y escandalosa tenga su espacio en la trama, aunque dudo que Goddard se haya leído Gilda en los Andes, mi novela editada en 2017 y cocinada en años anteriores. En fin, una buena idea siempre está viajando por el aire.


 Para volver al Royale, esta película tiene alma por debajo de las maldades y afina en lo narrativo y lo  estrictamente visual. Como dijo alguien del Marlowe que sucedió a Spade, “el plagio debe ser con asesinato”. Creo que el director Drew Goddard lo ha evitado a su manera y con brillantez, para no matar a nadie. 


A quien no lo perciba así, le aconsejo esperar a las próximas de Tarantino y los hermanos Coen, que de un tiempo a esta parte, y artísticamente hablando, parecen con ganas de suicidarse.  


2 comentarios:

  1. Desde luego sobre esta peli le preguntan a uno y la mejor definición que puede dar es esa, una peli que parece cocinada por Tarantino y los hermanos Coen a medias.
    A mi me gustó, pero la disfruté mas en sus tres primeros cuartos que en el último, donde la cinta derivó hacia su lado mas Tarantino en un desenlace de los que a este director le gusta, aunque si hubiera sido él quien lo hubiera orquestado, seguramente no hubiera habido tanto superviviente.
    Yo no se tú, pero cuando hicieron referencia al supuesto personaje muy conocido ya fallecido que veían en la cinta, a mi se me vino del tirón uno a la cabeza.
    Lo de las cintas olvidadas o que no se conocen su existencia vende, a ver quien aprovecha ese filón en una buena novela como Gilda en los Andes y lo lleva al cine.

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  2. Está bien, de hecho no se nota que pasa de las dos horas

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