martes, 17 de diciembre de 2013

Películas del año: La Gran Belleza


Con una terraza como la de Gambardella frente al Coliseo, solo existían dos opciones: ser un gran novelista o un gran mundano. Pero él se ha convertido en esa especie de Capote heterosexual que hubiese escrito A sangre fría a los 25 y después nada, el gacetilleo con caché y la mejor agenda frívola de la ciudad.

Roma y ese bon vivant con terraza que acaba de cumplir 65 es todo lo que necesita Sorrentino para soltarnos su versión de la Dolce vita seis décadas después de Fellini y titularla la Grande Bellezza.

Grande en sus extravagancias, en sus mentiras piadosas y en sus vanidades crueles, en su decadencia lenta pero inevitable, en su profunda desolación, en su silencio que amanece, en su belleza abrumadora.

Gambardella nos hace de cicerone por la ciudad eterna en un carrusel de situaciones desaforadas o melancólicas, de cinismos y ternuras, de irreverencia y búsqueda. 

Gambardella: Elegante y noctámbulo, inteligente, superficial, generoso e hipócrita, sensible y despiadado, construyendo consigo mismo esa novela sobre la nada que se le resistió a Flaubert y descubriéndolo tarde, como Gil de Biedma al asumir que no quería ser poeta sino poema. 

Roma es la ciudad perfecta para entender cosas así. Su belleza se pone de tu parte hasta destruirte. Y este homenaje a su voracidad es una de las grandes películas del año.


lunes, 16 de diciembre de 2013

O´Toole y Fontaine

Peter O´Toole

No eran frecuentes entonces los protagonistas de habla inglesa tan rubios, tan de ojos azules. Pero Peter era así y lo suplía con talento para la ira, la ironía, la carcajada, la congoja y el remordimiento. Igual que Mitchum, se emborrachaba como un piojo y luego hacía la escena sin descomponerse. Una vez dijo con el frasco en la mano: Yo no soy un actor, soy una estrella de cine. Otra batalla perdida de una generación irrepetible, harta de copas.

Joan Fontaine

Su primer gran papel de juventud, el de la segunda señora de Winter, jamás tuvo nombre, ni el de soltera. Y eso que lo mejor de Rebeca era su “crono” para conseguir marido en la Costa Azul. Ahí estaba Joan a tope de revoluciones, luego en la mansión se agüevaba ante el estilo nosferatu de la Danvers. La película hubiera sido redonda si se hubiese titulado Olivia.

domingo, 15 de diciembre de 2013

viernes, 13 de diciembre de 2013

David y Goliat

Este fin de semana se estrena Guadalquivir



Y la segunda de El Hobbit

lunes, 9 de diciembre de 2013

12 años de esclavitud

El viernes que viene aterriza en los cines una de esas películas con prestigio que suelen asomar en el último trimestre para competir con garantías en los próximos Oscars.

La crítica que precede su estreno en España la pone por las nubes y supongo que en ello influyen el tema abordado, la potente producción, la dirección sólida de McQueen, el impecable reparto encabezado por Chiwetel Ejiofor y Michael Fassbender con aparición especial de Brad Pitt incluida (es productor de la película) y el siempre agradecido detalle de estar basada en una historia real.

Pero el espectador que haya leído La cabaña del tío Tom o visto la serie Raíces encontrará pocas novedades en este nuevo repaso al horror cotidiano de la esclavitud en las viejas plantaciones de algodón sureñas de antes de la Guerra.

Esas pocas novedades tienen parte narrativa y parte estética: En la primera, la narrativa, se nos ofrece la condición de hombre libre del protagonista, que no remite a un reciente pasado africano sino a su vida de clase media alta newyorkina, en una época previa a la secesión americana. Una circunstancia bastante original para esta clase de relato, de la que se hubiese agradecido mayor información en el arranque e influencia en el desarrollo.


En la parte estética, la novedad es que la violencia ejercida sobre los esclavos gana en realismo y en crudeza.

Por lo demás, la historia no se despega demasiado de las convenciones propias del género: un negro listo siempre cae mal a un blanco ignorante, un dueño de plantación blando es pronto sustituido por uno abyecto, las señoras de la casa combinan la indiferencia más escalofriante con los celos mal llevados, y así hasta reunir la docena. 

Su contundente realizador extrae de todo ello algunos momentos muy poderosos. Quizá toda la película lo sea para el espectador muy joven, al que se dirige preferentemente la industria de Hollywood hoy día. Sin embargo, a mí me ha resultado una de esas narraciones correctas e interesantes en la que ser testigo otra vez de una verdad terrible, pero ya conocida.

Aunque, paradójicamente, en esta ocasión ni siquiera te permiten calcular el paso de los años. 


domingo, 1 de diciembre de 2013

Frozen: El reino del hielo.


A estas alturas del partido, mis patillas, las guías de mi bigote y casi toda mi perilla se han vuelto prácticamente blancas, aunque nadie me haya helado todavía el corazón. Lo que quiero decir es que he visto TODO el cine de Disney. En pantalla grande, televisión, Beta, Vhs, Dvd o Blu Ray: sus clásicos, sus películas de declive, su remontada musical y su entrada en el 3D en paralelo a Pixar.

La capacidad en la producción y comercialización de sus títulos, por completo insuperable, hace de cada nuevo estreno un triunfo que solo la propia Disney puede juzgar con tibieza en algunos casos en los que su recaudación no gana por aplastamiento. Pero ese no será el caso de Frozen, que ha estrenado en España en el momento justo, con su propio espacio después de Turbo y antes de Futbolín y un puente goloso para ella solita.

La pericia técnica de esta película esta fuera de discusión. No se puede animar mejor. Basta esperar el gag posterior a los créditos para hacerse una idea de cuántos profesionales han contribuido a que esto sea así. Lo que pasa (a lo mejor son las canas) es que yo veo a las dos princesas protagonistas y me imagino de inmediato a las muñecas de la sección juguetera, con ese tufillo a heroína japonesa tipo Candy Candy, adaptada al toque Barbie que necesita el merchandising de la casa.

Para que la cosa no cante tanto, vuelven las canciones. Pero lo hacen con un concepto empeorado que no las utiliza como sustitutivo optimista de la elipsis, sino interponiéndose en la narración en la línea de Los Miserables, hablo, canto, vuelvo a hablar, vuelvo a cantar. Hasta mi hija juzgando la película positivamente empezó diciendo "tiene mucha música, pero aún así está bien".

Sobre todo por el muñeco de nieve (que triunfará también estas Navidades en las tiendas y los restaurantes de comida rápida con pack infantil). De hecho, el cortometraje que publicitaba la película, en el que solo aparecían el muñeco y el reno, es sin duda lo mejor de Frozen sin formar parte de ella. 

Con secundarios como estos, Disney seguirá triunfando, aunque tenga el corazón helado.