Ver a Javier Bardem clavar un papel bien escrito no es ninguna sorpresa. Lo que pasa es que cada vez hay menos papeles de esos en sus caladeros de pesca. Lo de Hollywood es un despiporre donde ya no saben si superar la era superheroica, resetearla o volverla crepuscular. Si los apocalipsis y las distopías siguen teniendo hueco, si las franquicias (todas van por la entrega cinco o más) aún pueden rentar lo suyo o toca inventar otras nuevas. Si los últimos grandes cineastas, Spielberg y Scorsese en cabeza, van a dar algo más de sí o se quedarán en casa con los nietos. Eso por no hablar de las cuotas, y Bardem, le guste o no, es cuota. Como lo fue su mujer -la única estrella española de aquella industria desde Banderas-, que ahora les parece a los departamentos de casting lo que dice su carnet: una cincuentona.
Todo ello, sin meternos en el pantanoso terreno de los lobbies políticos, especializados en tachar de los repartos a esta clase de actores a los que se les calienta la boca, en un país en el que eso siempre cotiza a la baja.
Así las cosas, el actor más talentoso del planeta tiene que volver a España, un mercado intervenido hasta la médula, donde solo se cocinan comedia casposa siglo XXI y autorías en retirada o ascenso, pues el cine de presupuesto medio sin factura televisiva se está extinguiendo rápidamente (y eso que, año tras año, ofrece lo mejor de lejos). Bardem ha podido encontrar aquí papeles de cierto fuste, con los más afamados y prestigiosos de su generación: el papel de la de Farhadi (Todos lo saben), el de León de Aranoa (El buen patrón) o éste.
En El ser querido está como él puede y sabe: infalible. Más meritorio es lo de Vicky Luengo, su contraparte esta vez, haciendo de hija desenfocada. Estupenda también, a la altura del reto. El guion de Rodrigo Sorogoyen y su socia eterna Isabel Peña es muy inteligente, la dirección adecuada, el resto del reparto cumple. Todo pita.
Algunos tics de “película importante” son solo eso, tics. Ni estorban ni suman. Aunque, a mi juicio, los cambios de formato y textura se los pudo ahorrar y el metraje admitía veinte minutos de tijera tranquilamente. Tampoco cuenta tanto. Pero el talento de los que lo cuentan radica precisamente en eso: interesar durante tanto tiempo con tan poco.
Esperando la nueva de Sorogoyen. Y la nueva de Vicky Luengo. Bardem, entretanto, va a estrenar Dune 3. Pues eso.


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