lunes, 28 de septiembre de 2026

Buena suerte, pásalo bien, no mueras

 

Ésta es una película a borbotones, llena de ideas excelentes y algunas líneas de diálogo afortunadísimas, humor negro a paletadas, sátira bizarra, referencias malévolas e imaginería descacharrante. Pero no le basta con eso, busca emoción, solemnidad, tensiones, enjundia. Y así es como naufraga: demasiados tonos alternándose, de un momento black mirror a otro zombieland, del viajero en el tiempo a la IA desaforada, del smartphone tóxico al espíritu de videojuego. Todo a borbotones, ya digo, con desasosiego y frenesí.

Una vez más, el exceso de metraje juega en contra. Esta vez no estira innecesariamente las escenas, sino que las acumula y mezcla, las esenciales y las innecesarias (lo del gato gigante y algunos otros despropósitos hubieran podido tacharse desde el mismo guion sin pestañear). 134 minutazos que al menos nos evitarán las escenas eliminadas cuando este título se convierta en una peli de culto, al estilo Brazil.

Con todo, merece verse. Sam Rockwell está inmenso durante toda la película y su mirada vitriólica sobre lo que nos espera no deja de interesar. Esa mirada casi se resume en el plano de inicio, cuando la cámara sigue a una jarra de café que va rellenando tazas de una cafetería nocturna y, junto a todas ellas, descansa la mano de cada cliente sosteniendo el correspondiente smartphone encendido y a la vista, para no perderse cualquier bobada que salga en la mini-pantalla. Esa sola escena parece indicar cual es el consejo más importante del título Buena, suerte, pásalo bien, no mueras. Es "pásalo bien".

  


 

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