Paul Rudd es un actor que cae bien. Encaja especialmente en lo papeles de simpático sin demasiada suerte, que a pesar de todo se gana el respeto de quien debe tenérselo antes de que la historia termine. Esta película podría resumirse así, pero afortunadamente hay mucho más. El argumento surfea sobre asuntos tan peliagudos como la autoría, la frustración vital, la corrupción de la fama, las incomprensiones de los que tienes más cerca, las lealtades, la codicia o la autenticidad. Todo ligero, como una buena canción de los ochenta.
John Carney, el director irlandés de Once, rebaja sus expectativas y las nuestras. Eso le sienta maravillosamente a la película, que aprovecha un guion bien ligado, cero experimental. Contiene buena música (¡qué gran selección!), con la que alimentar bodas, bautizos y comuniones, un grupito de carrozas resultón y moderadamente gamberro, unos momentos de humor muy logrados y una estrella musical que se presta al desuelle: el hermano Jonas (Nick Jonas) que más se ha trabajado lo del cine y aun canta bien. Con eso y en poco más de hora y media, la feel good movie de 2025.
Por supuesto, estuvo tres semanas en nuestra cartelera. Los superhéroes venían pegando fuerte y necesitan espacio para sus destrucciones urbanas, que -por cierto-, se plagian unas a otras.

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