James Mangold vale para un roto y un descosido: lo mismo te hace una de Lobezno, que una aventurilla de Cruise sin franquiciar, el último Indiana Jones, o una de polis con Stallone gordo y sorderas, para que se vea que no es mal actor si le dejan; un biopic de Jhonny Cash, una romanticada de Meg Ryan, una de loquero para chicas rebeldes, un ramake de western (notable, por cierto) o una de coches de carreras y escuderías rivales. Era cuestión de tiempo que cocinase otro biopic musical en medio de este furor por el género que le ha dado a la industria (Queen, Elton John, Bob Marley, Springsteen, Elvis...). Ya tenía experiencia en ese campo y por fechas similares con su más bonita película: En la cuerda floja.
El estilo invisible no es lo mismo que la falta de estilo. Mangold es más de lo segundo: no tiene estilo claro. Pero sabe rodar, colocar la cámara y manejar la luz en cada película que tiene entre manos. Pertenece a la pequeña y un poco avejentada cofradía de buenos artesanos estadounidenses. Hace muy poco estrenó la de Bob Dylan. Está bien que la haya rodado él, porque es una película de estrella y se necesitaba un director que no ejerza de tal. Para eso ya está Timothée haciendo de Bob.
Es lo que lastra el film en mi opinión, que Chalamet clava al Dylan más autista y antipático, preocupado porque no vean en él al joven galán, sino al actor metódico capaz de meterse en otras pieles de manera radical. Lo hace aquí, indiscutiblemente: canta como Dylan, fuma como Dylan, mira de través como Dylan... es tan tedioso como Dylan cada vez que deja de cantar.
Son la época, la ciudad de New York y el resto de figuras lo que consigue que la cinta se convierta cada pocos minutos en caramelo: Joan Báez (Monica Barbaro), Pete Seeger (Edward Norton), Jhonny Cash (Boyd Holbrook), y por encima de todos la bonita, inteligente y desgraciada primera novia newyorkina Sylvie Russo (trasunto de la fallecida Suze Rotolo). Encarnada por Elle Fanning con una dulzura que hace a Bob/Timotée aun más idiota y egoísta de lo que debe/debió ser. Pero el talento desmesurado no suele compaginarse con la sensibilidad hacia los seres queridos. Algo que los melómanos y los cinéfilos saldríamos ganando cuando el biopic queda redondo, que no es el caso.
Eso sí: ¡qué letras las de Dylan!


No hay comentarios:
Publicar un comentario