viernes, 2 de octubre de 2026

Gonzalo Suárez

 

Ha muerto Gonzalo Suárez.

Su primera época me la perdí cuando estrenaba, aunque la rescaté después y tiene un poco de todo. Pero me encantó Epílogo, que ya vi en el cine (¡cielo santo, qué mayor soy!). Sus queridos escritores ficticios Rocabruno y Ditirambo escribían una descarada actualización de Hamlet y Charo López iba de uno a otro protagonista (Paco Rabal y José Sacristán nada menos), con un magnetismo de los que siempre ha gastado ella. Suárez no necesitaba más para levantar una de las mejores películas españolas de los años ochenta.

Después me gustaron Remando al viento, Don Juan en los infiernos, La reina anónima,  El detective y la muerte (¡menuda racha!). Hasta El portero tenía su cosa. Ahora no recuerdo muy bien el porqué, pero el caso es que me planté ahí. A lo mejor me pasó como a él, que se refugió en la letra impresa, su talento de origen.

Cómo escritor era también notable. Tengo en grueso volumen (Las fuentes del Nilo), una antología de sus novelas cortas y relatos, de la que fui picoteando hasta acabarla. Interesante siempre.

Para colmo, Gonzalo Suárez tenía un buen cerca si te gusta el olor del habano. Fumaba, conversaba, hasta podía hacerse un cameo en la película más deliciosa del más fresco Almodóvar, como ludópata, borracho y estafador.  

Vaya, que tenía genuino talento y era asturiano. Me caía bien. Otro maestro que se fue.


 

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