Han venido a coincidir en mi cartelera doméstica dos títulos españoles que recogen a gente repensando su vida fuera de aquí. En ambas actúa David Verdaguer, una como protagonista y otra de secundario. Me han parecido interesantes ambas, pero sólo me ha gustado una.
Siempre es invierno, la última de David Trueba hasta la fecha, inmediatamente posterior a su gran acierto Saben aquell, es una historia que le gusta mucho más a él que al espectador. Podría haberle salido bien, los Trueba tienen un no-sé-qué con el cine de los países francófonos, atmósfera narrativa, su estética autoral, su rollito y esta historia en Bélgica, con un concurso de arquitectura paisajística como premisa, le permite escenarios exteriores e interiores diferentes y atractivos, cosmopolitismo idiomático, luz europea y contención muy del gusto del director.
Por desgracia, la película tiene un problema que lastra casi todo lo que sucede en ella: los personajes, en su mayoría españoles bastante pijos ("pijos erasmus", para entendernos) son un poco gilipollas. Los arquitectos, la novia y cuantos van saliendo responden a un perfil bastante antipático o irritante. Digamos que Verdaguer es una especie de neurótico a lo personaje prototípico de Allen, pero sin divertir con sus neurosis y mal humor. Las que salvan la función vienen a ser la sesentona belga, sensata, inteligente y guapa y la recepcionista del hotel, único punto cómico realmente logrado con apenas nada.
No siempre es invierno, porque a Trueba se le da mejor el verano.
Muy lejos es una apuesta bien distinta, de un director debutante Gerard Oms, buen guionista que se ha pasado a la cámara con nervio y olfato. Tiene al mejor Mario Casas de cómplice y una historia mínima que funciona a la perfección. Apenas una decisión inesperada del protagonista al quedarse en Holanda con lo puesto después de un viaje futbolero, una vida "en precario" que se dice ahora y un secreto descubierto a capas.
Con sencillez, idiomas variados como en la de Trueba y personajes no necesariamente gratos, pero sí empáticos. A lo mejor entra en juego el carisma y en eso Casas tiene mucho más que ofrecer que Verdaguer.
Lo que me importa de las dos propuestas es que parece imprescindible salir de aquí para pensar en lo que realmente se quiere. Estamos apañados.




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