miércoles, 4 de marzo de 2026

Hasta los Goya

En 2024, cuando estrenamos estrellona hollywoodiense con Sigourney, esbocé mi crítica a la ceremonia, pero no terminé de perfilarla, así que ni la colgué en el blog. Iba por aquí:

"Anoche pude ver la gala casi desde su comienzo y la dejé pasar entera dedicándome a mejores empresas. Por lo que llevo leído aquí y allá, creo que hubo solidaridades y denuncias sobre todo, menos sobre los muertos israelíes de primera hora en su concierto, los guardias civiles del viernes en Barbate, los agricultores puteados por todos los gobiernos de España y Puchi, ese santo laico de la Europa que viene. Política selectiva en la que abundan una y otra vez. Que saquen la política de ahí (mi deseo vano) o que se tiren todos a la piscina. Pero claro, estaba Peter, para asegurar la posición pública del artisteo, que nadie se mueva.  

Qué uniformidad, qué cobardía, qué coñazo. 

Ojalá hubiese números entre medias que lo endulzasen, pero con Bisbal y Estopa no creo que hayan alcanzado unas cotas de excelencia como las que envidia la honrada Sigourney. A ver si a fuerza de estrellas foráneas aprenden los nuestros a agradecer y reivindicar. 

Otro año. Y con alud. Me alegro por Bayona y Coronado."

Han pasado dos años desde entonces y dos estrellonas más (Gere y Sarandon, más declinantes que Sigourney, pero más progresistas, eso para la Academia es ganancia). Podría cambiar apenas los nombres y los casos denunciables olvidados "por lo que sea", valiendo igual la crítica para la edición 40. Le hice poco más o menos el mismo caso y me alegro esta vez por Álvaro Cervantes (coprotagonista de Sorda) y por Alauda Ruiz de Azua (guionista directora de Los domingos).

Otro año de la Gala "y sus inercias", que dice un colega cinéfilo, entre el apego y la resignación. 

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