En 2024, cuando estrenamos
estrellona hollywoodiense con Sigourney, esbocé mi crítica a la ceremonia, pero
no terminé de perfilarla, así que ni la colgué en el blog. Iba por aquí:
"Anoche
pude ver la gala casi desde su comienzo y la dejé
pasar entera dedicándome a mejores empresas. Por lo que llevo leído aquí y
allá, creo que hubo solidaridades y denuncias sobre todo, menos sobre
los muertos israelíes de primera hora en su concierto, los guardias
civiles del viernes en Barbate, los agricultores puteados por
todos los gobiernos de España y Puchi, ese santo laico de la Europa
que viene. Política selectiva en la que abundan una y otra vez. Que saquen la
política de ahí (mi deseo vano) o que se tiren todos a la piscina. Pero claro,
estaba Peter, para asegurar la posición pública del artisteo, que nadie se
mueva.
Qué
uniformidad, qué cobardía, qué coñazo.
Ojalá hubiese números entre medias que lo endulzasen, pero con Bisbal y Estopa no creo que hayan alcanzado unas cotas de excelencia como las que envidia la honrada Sigourney. A ver si a fuerza de estrellas foráneas aprenden los nuestros a agradecer y reivindicar.
Otro año. Y con
alud. Me alegro por Bayona y Coronado."
Han pasado dos años desde entonces y dos
estrellonas más (Gere y Sarandon, más declinantes que Sigourney, pero más
progresistas, eso para la Academia es ganancia). Podría cambiar apenas los
nombres y los casos denunciables olvidados "por lo que sea", valiendo
igual la crítica para la edición 40. Le hice poco más o menos el mismo caso y me alegro esta vez
por Álvaro Cervantes (coprotagonista de Sorda) y por Alauda Ruiz
de Azua (guionista directora de Los domingos).


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