jueves, 27 de octubre de 2016

Tarde para la ira


Un solitario en busca de venganza, un barrio y su bar, un exconvicto con pocas -pero firmes- lealtades y menos suerte, una mujer a la deriva, una cacería lenta e implacable, una sorpresa inesperada.
  
El cine hecho por actores a veces tiene estas cosas: Concreción, sencillez, contundencia. Y lucimiento de intérpretes, claro. Antonio de la Torre está soberbio (aunque necesita un papel amable con algo de diálogo cuanto antes), Manolo Solo tiene un papel breve pero agradecido, de gran actor. Los otros que están metidos en el lío funcionan como suizos. Y cómo está Luis Callejo, hubiera merecido una escena más, la única que le falta a un sólido guión. Ellas (Ruth Díaz y Alicia Rubio), ponen un contrapunto muy medido, con habilidad interpretativa digna de elogio. 

Para todos ellos lucen los ambientes, milimetrados, y la música puntual. Ésta encaja sin subrayarse y eso que con la música, en una historia así, Arévalo hubiera podido caer fácilmente en la trampa. Pero ha preferido el sonido limpio, convencido de que no por eso queda una narración más árida, otro acierto.

Y luego está la cámara, dónde un director novel se lo juega todo. Bien por Arévalo y su textura granulada. Travellings solventes, cargados de electricidad, un primer plano secuencia para enmarcar, movilidad suficiente en los interiores, la carretera, los pueblos, el campo. 

La muerte rodada de forma explícita o fuera del encuadre, en el orden idóneo, para que sepamos que todas son igual de terribles sin poner a prueba nuestro nivel de tolerancia a la sangre.

Raúl Arévalo ha debutado con una película seca y ajustada, a su modo pudorosa, que no le queda redonda por muy poco. De lo mejor que he visto últimamente.


7 comentarios:

  1. está muy bien, pero ya hace tiempo que se estrenó, si te descuidas se cae de la cartelera antes de tu recomendación

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    1. nunca es tarde si la ira es buena

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  2. Voy a verla hoy al Conde Duque

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  3. Fantástica.
    Y es verdad que Callejo está descomunal.

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