miércoles, 4 de noviembre de 2015

Marte


Parece que a Scott le perdonamos menos ser prolífico y picotear en todos los géneros (aunque tiene especial debilidad por un par de ellos, el histórico y la cifi), que a Allen o a Scorsese, Spielberg, Coppola o Eastwood, que tampoco andan tan finos como antaño, pero se empeñan en no retirarse.

Es como si en el tranquilo pero implacable mundo de la cinefilia, Ridley nos hubiese traicionado después de levantar tres joyas consecutivas (Los duelistas, Alien, Blade Runner), que lo elevaron a los altares de la autoría total. Películas menores o decididamente comerciales, desafortunadas o notables, se han sucedido después en la filmografía del pelirrojo sin que la sombra de la sospecha desapareciese nunca. Las tres últimas (Prometheus, El Consejero y Exodus) agotaron su crédito hasta tal punto que algunos críticos ya le habrían abandonado en Marte dándole por muerto. 

Pero ahí le tenemos, de nuevo en forma. Su talento ha vuelto a brotar gracias a un guión sólido y bienhumorado y a un actor empático y fiable, digamos que Matt Dammon es la versión más cálida y cercana del concepto estrella que en Hollywood continúa brillando.


Dammon está perfecto en un papel en el que tiene que desesperarse lo justo y dedicarse el resto del metraje a resolver problemas y felicitarse por ello. Ni siquiera se echa en falta  un "Wilson". Este astronauta naúfrago pertenece a la era youtube y habla con nosotros directamente a cámara, vía videoblog, con la convicción de que al menos la grabación será rescatada y acabaremos viéndole. Tiene por tanto muy claro que hay que comportarse, todos en la NASA saben que el espectáculo que fomenta su popularidad forma parte del trabajo (y ayuda a obtener fondos). Esa actitud, un equivalente moderno a la honra española de otros tiempos e imperios, es la que le salva la vida. Eso y la conexión mental con el tipo que en la Tierra se ocupa de defender y centralizar su rescate (una conexión resuelta en un par de momentos de guión simples y brillantes).


El resto del reparto cumple gracias a una selección de actores muy oportuna (sin personajes muy definidos, pero con empaque), aunque su labor sea prácticamente instrumental. Scott va al grano en las tareas de equipo y regresa cuanto antes, una y otra vez, a ese marciano perseverante que detesta la música disco pero la escucha para mantener la moral, que conoce los riesgos pero no se amilana. Que rezuma humanidad de la mejor, la del luchador solitario frente a los retos vitales más jodidos, la que reprochamos a Norteamérica desde nuestro europeo -y no digamos hispano- pesimismo. 

Ridley ya debe estar filmando otra, ajeno a estas disquisiciones. Ahora le avala un éxito que nos ha caído bien a todos. Y su eterno pelo rojo como el suelo de Marte. 

3 comentarios:

  1. El cosejero podía haberla titulado Consejerus.
    Y así tenía su trilogía fatídica mejor rematada: Prometheus, Consejerus y Exodus.

    (The martian mola)

    ResponderEliminar