martes, 12 de abril de 2011

¿Para qué sirve un oso?





El director de La torre de Suso tiene un escenario imponente y lo sabe: Es Asturias, sus pueblos pequeños y coquetos, sus casas de piedra, y sobre todo, sus montañas, sus verdes, su pureza, su garra. Más garra que la de una pelicula amable y un poco superficial. Más garra que la de este oso que, en cualquier caso, sirve.

Sirve para comprobar lo que pueden hacer un paisaje, unos intérpretes queridos por el público y un poco de amor "blanco" por un cine como el español, tan perdido a veces en el extrarradio sórdido, la copia desangelada, el desnudo procaz o la inmersión ideológica de manual.

Lástima que el guión y la dirección necesiten algo más de ritmo, de dibujo emocional y de intriga "úrsida", porque estos hermanos científicos que valen para quererse a hachazos y para recrear cine mudo, hacen la vida más agradable dentro de la pantalla, poniendo de manifiesto además que un americano joven y guapo tiene que ser mejor actor frente a cómicos tan curtidos como Javier Cámara y Gonzalo de Castro.

Me gusta esta película aunque aproveche sólo algunos tarros de miel (el hallazgo antártico, la quema de primeras ediciones, la conferencia escolar, el encanto de Emma Coen, la aventura de los hermanos Wilson, el gag de las truchas, el plano final del oso) y desperdicie otros (la química entre el biólogo y la niña, el amor silencioso de la veterinaria, el desparpajo de Oona, la sabiduría de Geraldine Chaplin).

Pero sirve, sirve. Ojalá Tom Fernández siga mostrándonos Asturias, donde aún viven los osos.

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