Estamos deseosos de irnos a alguna galaxia lejana, esa es la verdad. En ésta la cosa pinta mal, pero allí por lo menos los ciudadanos tentados por la alianza rebelde o por el imperio saben distinguir el poder de la fuerza del poder del lado oscuro.
Quizá por eso han estrenado ésta, spin off de una serie con personajes spin off, que parece el aperitivo ligero antes de la próxima de la saga principal: El ascenso de Skywalker.
No sé si el mandaloriano, Grocu o el hijo de Jawa el Hut saldrán haciendo un cameo, pues he dejado de seguir la cronología de cada personaje en cada planeta. Pero si no fuesen coetáneos igual nos lo tragaríamos, el espacio-tiempo todo lo puede.
El mandaloriano y Grogu, la única que se ha estrenado por el momento, es una peli sencilla, palomitera, de Jon Favreau, bastante respetuosa con el fan y un poco menos con el espectador no viciado, que ve sin mucho esforzarse la ramplonería del argumento y la falta de profundidad de los personajes más relevantes y hasta de secundarios que podrían mejorar mucho (sin ir más lejos se me ocurren ya el pescador y el jefe imperial sin identificar).
Esa falta de profundidad hace menos significativo que palmen éste o aquel. Y la falta de esmero en la historia deja casi fuera el humor (imperdonable en Starwars), el asombro técnico nunca antes visto o la importancia de la Fuerza, más allá de recurrir a ella por defecto cuando no hay ninguna idea mejor.
Grogu por supuesto, es un bichín adorable. Y a Sigourney el casco de piloto de caza le sienta como un trueno. Lo demás aprueba, aunque va justito.



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