
Decía Howard Hawks que "una buena película es tres buenas escenas y ninguna mala", pero Soderbergh es capaz de encadenar una buena secuencia tras otra y conseguir un resultado decepcionante. Después de un planteamiento aterrador y bien rodado, donde todo el mundo se pone malo (el espectador casi también), nada especial sucede en ninguno de los frentes abiertos por la película y el apocalíptico contagio del virus, que discurre con corrección narrativa y estética moderna por los tópicos de siempre. Intentar el realismo formal con un reparto encabezado por gente como Jude Law, Laurence Fishburne o Gwyneth Paltrow (aunque se convulsione maravillosamente) es un fracaso anunciado que sólo compensaría una historia original o profunda (o ambas cosas, lo que últimamente parece inalcanzable para Hollywood).
Al final se trata simplemente de guión y supongo que a eso se refería Hawks cuando hablaba de escenas en lugar de hablar de secuencias. No sólo hace falta saber poner la cámara, lo que importa es para qué la pones.

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