lunes, 2 de noviembre de 2026

La ballena

 

He tardado en enfrentarme a la penúltima película de redención de Darren Aronofsky. El tío se arriesga, indudablemente, es uno de los pocos autores reales en la industria estadounidense, pero me da en ocasiones un poco de pereza. Con La ballena me la daba, por ese rollo tan de Hollywood de la redención doble (personaje y actor), pero al fin me decidí a verla en este largo puente. 

Es una película desoladora y -a su modo- bonita, bastante ambigua pero siempre tristísima, atinada y abierta, algo casi imposible de ver ya en el cine de Holywood, que lo deja todo atado y bien atado aunque tenga que inventarse tres finales consecutivos y no cortar ninguno.

No sé de dónde levanta Darren la pasta, para hacer sus películas y para conseguir que lleguen a los Oscar y ganen casi siempre alguno de los importantes. Pero lo consigue y sigue rodando sus historias amargas de juguetes rotos, reventados a equivocaciones, pero dignos de compasión y a veces hasta de respeto. 

Creo que el rescate de Brendan Fraser durará más que el de Rourke.   

Marty Supreme

Marty Supreme está basada libremente en la peripecia vital y deportiva del real Marty Reisman, buscavidas, contrabandista, timador y grandísimo jugador estadounidense de ping pong. La película parece partir de una regla decisiva que le hace bordear constantemente la catástrofe: para hacerla, despejemos la mesa de trabajo de todos los tópicos manejados por Hollywood en sus películas deportivas, un género siempre pujante en el país -y en su cine- en el que solo importa ganar.

Es una gran decisión, pero muy coherente, porque al protagonista solo le importa ganar. Luce impulsivo, egoísta, manipulador, deslenguado y espídico. Se mete en todos los charcos y sale de cada uno de ellos para caer en el siguiente, pero sin perder de vista su objetivo: el campeonato del mundo, la celebridad, el éxito monetizable. La película sigue a Marty a todo correr, incómoda, irritante, cómica y adictiva. No sabes lo que opinas de ella y su figura deportiva mientras la ves, si todo es demasiado loco y él un completo gilipollas o si se puede ser gilipollas con un gran talento (consulten deportistas actuales) y no tener financistas o patrocinadores que permitan al fuera de serie centrarse en su capacidad sobresaliente, sino sobrevivir a su propio cataclismo mientras lo hace.

Marty está maravillosamente encarnado por Timothée Chalamet (un actor que empieza a caerme bien). Y lo arropan el talento de Gwyneth Paltrow (haciendo de estrella de cine en decadencia), Odessa A’zion (su novia intermitente y preñadísima), Tyler, the Creator (otro buscavidas, metido a taxista), Kevin O´Leary (ricachón cornudo e implacable) o el mítico Abel Ferrara, marcándose un pasote de gángster enganchado a su perro.

El director Josh Safdie conduce la espectacular función, en la que a mi juicio aprueba con nota. Hay que seguirle la pista la próxima vez que saque.


 

sábado, 31 de octubre de 2026

Colisión

 

Un título desafortunado para territorio español en estos días de desgracia y luto por una colisión distinta, la de los trenes. Pero esta coincidencia desafortunada y negra no le resta mérito a una película notable. Me está gustando este Sánchez Arévalo cada vez más libre, capaz de embarcarse en historias y géneros muy dispares, alejándose de la "autoría". Mejor la firma, que garantiza películas interesantes, logradas, sean del género que sean.

Ésta es un thriller. Poliédrico y bastante sorprendente, aunque más en la primera mitad que en la segunda. A medida que la fórmula se entiende, el Sánchez Arévalo guionista y su cómplice Ramón Campos se ven obligados a inventar nuevas sorpresas que mantengan el nivel y no todas son tan estupendas como las primeras. Pero tiene diálogos magníficos, intérpretes sólidos, dirección y montaje pegados al terreno. Y le sale. 

Para los actores, asumiendo todos los registros posibles de lo que pasa después de un atraco, este trabajo tiene que haber sido un regalo.  Y eso que aquí gastamos poco croma y poca IA. Cuando eso entre en juego en nuestra raquítica industria, tendremos una nueva colisión.

viernes, 30 de octubre de 2026

Elke Sommer

 

Ha fallecido con 85, la internacionalísima Elke Sommer, que se paseó por el cine de Hollywood, el italiano, el británico, el alemán y hasta hizo película en España (Las Vegas, 500 millones). Fue famosa por sus papeles junto a Peter Sellers, otras comedias y terrores variados. Para mí, será la eterna asistente Inger Lisa Anderson, que la organización del Nobel asigna a Paul Newman, interpretando al literato borrachín Andrew Craig en El premio.

Me encantaban sus recogidos de melena. Adiós, rubia. Buscaré tus pelis.

 

 

jueves, 29 de octubre de 2026

Lo dejamos acá

 

Producida por Kenya Films (responsable de otros logros cinematográficos argentinos como El amor menos pensado, La odisea de los giles o Argentina 1985) y distribuida por Netflix, creo que Lo dejamos acá ha ido directa a plataforma, al menos en España.

Como las otras mencionadas, esta tiene por protagonista a Ricardo Darín, un valor seguro. Verle interpretar cualquier papel es siempre un deleite. A él se suma Diego Peretti, otro actorazo de la misma cantera, que ha protagonizado títulos comerciales argentinos con notable acierto.

Y vamos con el asunto: un sicólogo argentino con métodos peculiares de tratamiento. Mejor la premisa, con sus ejemplos más rompedores de terapia, que el desarrollo, centrado en el caso concreto de Peretti, aunque tiene también su gracia y los dos en pantalla dan su juego. Hay un factor de ventaja para el público argentino: aquel es el país con más sicólogos por metro cuadrado, lo que les permite cazar cada broma de la película sin perderse una. 

Sólida, amena, con poco despropósito y con Darín. Digamos que un siete y medio. Y lo dejamos acá. 

martes, 27 de octubre de 2026

La vida de Chuck

Estrenada el año pasado en España sin gran fanfarria ni repercusión, La vida de Chuck es una rara avis dirigida por Mike Flanagan, experto en terror meditado (sirva de ejemplo La maldición de Hill House) a la que he llegado tarde, pero sin ayuda del algoritmo (o eso creo).

La protagoniza el cada vez más versátil Tom Hiddleston, haciendo de Chuck y muy bien acompañado por sus versiones infantiles (Cody Flanagan, Benajmin Pajak), algunos intérpretes de culto (Mark Hamil, Mia Sara) o muy solventes para lo que les pongas (Chiwetel Ejiofor, Karen Gillan, Carl Lumbly).

La vida de Chuck empieza por su tercer y último acto y retrocede a partir de ahí. La historia tiene su origen en ese escritor prolífico, archiconocido y regulero llamado Stephen King, que ha tenido más suerte que nadie con sus adaptaciones al cine. Aquí también. Cada acto de esta narración circular tiene interés y encanto por si misma, pero el conjunto es además interesante y turbador. Tan bien contado que hasta lo más inverosímil deja de parecértelo. Es más, casi se ve como inevitable.

Y luego está el baile en mitad de la calle, algo que los estadounidenses han sabido utilizar en el cine en su máxima potencia narrativa y visual. Solo queda decir "Gracias, Chuck".

sábado, 24 de octubre de 2026

La bola negra

  

La última de la Fiesta del Cine que pude ver a precio de ganga (es un decir), fue la sensación de la temporada: La bola negra de Los Javis. Por esas alineaciones de planetas que nadie controla, a esta película se le ha puesto la suerte de cara y lo está ganando todo y lo que te rondaré morena/o/e.

También arrasó en su día Ocho apellidos vascos y era una comedia simplemente aseada y no maestra. "¡El  Cosmos!", que diría Punset. Y es que la última de Los Javis no está mal, pero tampoco es lo nunca visto, ni en el subgénero guerra civil ni el de homo-cine. La novedad es que se combinen con astucia ambos palos y que las ideologías en liza no sean el condicionante principal en la peripecia trágica de los protagonistas.  

No hay persecución homófoba de la falange o de los soldados cafeteros hacia "los maricones", ni defensa irreal de estos por parte de los republicanos. Ese no es el meollo de la cuestión, o no me lo ha parecido. Lo que hay es una denuncia de la vida obligadamente secreta que los homosexuales sufrían en aquella época (los años treinta de España), cuyo drama se exacerba en la guerra aunque llegados a ese punto el drama es general.

 

En cambio, lo que la película no explora es la posibilidad de que unos y otros (aquí los bandos no son rojos y azules, sino homos y heteros), puedan comprenderse y tenerse aprecio o respeto en una situación tan delicada como es una guerra. Si me apuras, en ninguna situación y lugar, pues la historia que transcurre en el presente es también estanca. La única persona hetero de la trama que se desarrolla en la actualidad es la madre amargada y desastrosa que encarna Lola Dueñas con su convicción de siempre.

Para Los Javis, el mundo homosexual y el hetero apenas se tocan. El que no ha salido del armario puede deslizar miraditas turbadas a los marineros cántabros (ya os vale, la pasarela Jean Paul Gaultier), o a la espalda desnuda del preso o a los cuerpos de la tropa bañista que corre y juega en pelotas a cada rato. Pero nadie se descubre y se tolera. La condición se preserva, se oculta, se calla o se comparte con los que también "entienden". 

Quizá la vida sea más bien así, pero eso significaría que apenas se registra ningún avance. Porque ese Madrid de bohemia y transformismo que añora el personaje de Penélope Cruz (excelente aquí), es sobre guion una añoranza impostada. Aquel no era el Madrid de "la movida", coño. Ni siquiera el de los artistas en el que la cabaretera se movería contaba con demasiada libertad para exhibir según que atributos. El propio Lorca es el mejor ejemplo. 

Por lo demás, la trama está bien armada, con su trenza de historias en tiempos y realidades diferentes, la literaria, la histórica, la investigadora. Aunque no todos los intérpretes estén a la misma altura y, junto a hallazgos como Guitarricadelafuente, se cometan errores como el de Milo Quifes o Abert Pla.

Los Javis siguen teniendo oído para salpicar los parlamentos con detalles naturales muy logrados, pero casi rozan ya esa línea roja que hay entre la frescura auténtica y la artificiosidad de tesis. Entre hacer películas y dar discursos. Están recorriendo el camino de Almodóvar al doble de velocidad. Esperemos que el éxito no entierre el talento que han demostrado hasta ahora. 

 

Tom Skerritt


 Ya solo quedan ellas, Tom, no hay alien que las tumbe.

Buen viaje sin Nostromo a este gran actor, que nunca llegó a estrella ni falta que le hizo. 

viernes, 23 de octubre de 2026

El poder de la red


Aaron Sorkin vuelve a la carga, retomando a uno de sus juguetes rotos pero ricos y peligrosos, o sea, Mark Zuckerberg. Aunque ahora ya no es un chico inseguro con el que se puede empatizar, sino un amargado magnate (monocorde Jeremy Strong), preocupado exclusivamente por el acoso gubernativo y judicial y por las cifras de sus logros, en clics y en beneficio económico puro y duro. Para esta película, el todopoderoso inventor y propietario de Facebook, ahora META (si le añadimos Instagram, WhatsApp, Messenger...), se ha convertido en el epítome del capitalismo más descarnado, del que Sorkin es permanente azote en sus pelis-alegato. Son bastante más humanos sus colaboradores, los que le ayudan a preparar la comparecencia ante comisiones del Congreso, jurados y prensa. En ellos se cuela con razonable naturalidad el carácter didáctico y preventivo que aporta este film sobre el poder de la red.
 
Nota aparte merecen los otros dos personajes de fuste que justifican la historia y acentúan el interés por seguirla de principio a fin, aunque sea a última hora en un multicine de barrio dormitorio. Estos son la tecnóloga Frances Haugen (muy bien encarnada por la joven Mikey Madison) y el analógico periodista de investigación Jeff Horowitz (a cargo del camaleónico y solvente Jeremy Allen White).  Hacen una buena dupla en pantalla, cada vez que la comparten la película crece, aunque siga pecando de didactismo excesivo. 
 
El conjunto, gracias a un ritmo muy medido y al talentoso guion (nadie dialoga como Sorkin), resulta notablemente interesante. Solo flaquea un poco al emplear como ejemplos de polarización y grupos de odio los de un extremo del tablero y nada más que esos. Es cierto que ningún ejemplo es tan ilustrativo y cinematográfico como el que encarna la turba que asaltó el Capitolio en 2021, pero en las meras menciones, informes y videos colgados en la red se pudo incluir más odio que el que generan los proTrump y a la derecha de Trump. 
 
Seguramente, es pedirle demasiado al brillante Aaron Sorkin, a estas alturas "ultrademócrata". ¿Tendrá grupo en Facebook?  

Whalefall: lo que la ballena me enseñó.

 

La primera que vi en la Fiesta del Cine, inaugurando el otoño, me tragó y me escupió al cabo de cien minutos que no aportaron apenas nada. Es lo que tiene un trailer perfecto, de los que te promete emociones claustrofóbicas y submarinas, un Buried dentro de un cachalote, y luego te da un psicodrama familiar flojeras con algunos momentos logrados de angustia en el estómago del cetáceo (muy bien lo del calamar gigante). 

Lo malo de las premisas locas es que hay que alargarlas hasta que funcionen en un largo y, como no lo hacen, necesitas alguito en paralelo que contar. Eso condena la película irremisiblemente. Aquí tenemos a un jovenzuelo huérfano de padre, con trauma al respecto e ideas absurdas de cómo resolverlo. La historia de ese padre, un hombre obsesivo, monotemático y huraño hasta la antipatía es incomprensible y pesada. Pero cuando su voz pasa al interior del animal para sacar a su vástago de apuros, se sumerge (nunca mejor dicho) en el ridículo absoluto.

Los demás personajes, por mencionarlos un poco aquí, no pintan prácticamente nada. Por otra parte, el chico es un irrelevante enigma en lo que a vida personal se refiere. Se entiende que se vaya, pero ¿porqué vuelve y además a bucear y además donde no toca? En fin, una bobada todo. 

Bajonazo.

viernes, 16 de octubre de 2026

A Complete Unknown

 

James Mangold vale para un roto y un descosido: lo mismo te hace una de Lobezno, que una aventurilla de Cruise sin franquiciar, el último Indiana Jones, o una de polis con Stallone gordo y sorderas, para que se vea que no es mal actor si le dejan; un biopic de Jhonny Cash, una romanticada de Meg Ryan, una de loquero para chicas rebeldes, un ramake de western (notable, por cierto) o una de coches de carreras y escuderías rivales. Era cuestión de tiempo que cocinase otro biopic musical en medio de este furor por el género que le ha dado a la industria (Queen, Elton John, Bob Marley, Springsteen, Elvis...). Ya tenía experiencia en ese campo y por fechas similares con su más bonita película: En la cuerda floja.

El estilo invisible no es lo mismo que la falta de estilo. Mangold es más de lo segundo: no tiene estilo claro. Pero sabe rodar, colocar la cámara y manejar la luz en cada película que tiene entre manos. Pertenece a la pequeña y un poco avejentada cofradía de buenos artesanos estadounidenses. Hace muy poco estrenó la de Bob Dylan. Está bien que la haya rodado él, porque es una película de estrella y se necesitaba un director que no ejerza de tal. Para eso ya está Timothée haciendo de Bob. 

Es lo que lastra el film en mi opinión, que Chalamet clava al Dylan más autista y antipático, preocupado porque no vean en él al joven galán, sino al actor metódico capaz de meterse en otras pieles de manera radical. Lo hace aquí, indiscutiblemente: canta como Dylan, fuma como Dylan, mira de través como Dylan... es tan tedioso como Dylan cada vez que deja de cantar. 

Son la época, la ciudad de New York y el resto de figuras lo que consigue  que la cinta se convierta cada pocos minutos en caramelo: Joan Báez (Monica Barbaro), Pete Seeger (Edward Norton), Jhonny Cash (Boyd Holbrook), y por encima de todos la bonita, inteligente y desgraciada primera novia newyorkina Sylvie Russo (trasunto de la fallecida Suze Rotolo). Encarnada por Elle Fanning con una dulzura que hace a Bob/Timotée aun más idiota y egoísta de lo que debe/debió ser. Pero el talento desmesurado no suele compaginarse con la sensibilidad hacia los seres queridos. Algo que los melómanos y los cinéfilos saldríamos ganando cuando el biopic queda redondo, que no es el caso. 

Eso sí: ¡qué letras las de Dylan!  

jueves, 15 de octubre de 2026

Revive y deja morir

 

Ya lo contamos aquí (era por mayo): la fecha tentativa para desvelar el próximo intérprete encargado de encarnar a 007 era  el 5 de octubre. 

Han pasado diez días (estamos a 15), y todavía no han elegido ni anunciado al nuevo James Bond. Siguen desojando la margarita. Aunque esa elección debe parecerse bastante más a la ruleta rusa. 

martes, 13 de octubre de 2026

La acompañante

 

Y como broche de oro en el día de la Hispanidad, me enchufé otra estadounidense palomitera. Esta vez una corta y de cifi, que coquetea con el rollito Black Mirror, pero le pone un humor negro bastante majo. A ese tono con tendencia al descacharre (nunca mejor dicho) contribuyen el hábil guion de Drew Hancock (también director) y la participación actoral de Harvey Guillén (familiar en la serie de Lo que hacemos en las sombras) y el hijo de Meg Ryan y Dennis Quaid, de nombre en créditos Jack Quaid.

Una vez desvelada la sorpresa del argumento, su desarrollo pierde un poco de garra, transita por terrenos más vistos, aunque mantiene el interés y arranca más de una sonrisa malévola: a poca atención que pongas, lo que la película viene a decirte entre muerto y muerto es que los hombres quieren por norma a una pareja menos inteligente, que les dé la razón, que quiera por encima de todo plegarse a sus exigencias con tal de hacerles felices, que folle cuando se precise sin dar luego la turra, que se ponga en pause a la orden. Y esto vale lo mismo para hombres gais, o para rusos desagradables, no se salva ni el tato. 

En cuanto a las mujeres, apenas hay donde escoger: la bruja y la víctima. La víctima que va espabilando, claro, para que aumente la adrenalina del espectador y el envoltorio de la propuesta se salpique convenientemente de sangre. Sophie Thachter compone una mujer biónica la mar de aparente, sus movimientos corporales y gestos faciales medidísimos la convierten en la actriz perfecta para el papel. Esperemos que no se lo hagan repetir en La acompañante 2, que son muy capaces. 

12 de Octubre, Madrid, planeta Tierra. Fin de la transmisión. Vamos, gatito. 

lunes, 12 de octubre de 2026

Lo que el pulpo me enseñó

 

Han transcurrido ya lo menos seis generaciones de pulpos desde que este documental ganó el Oscar, el BAFTA y unos cuantos premios gordos más. Pero una tarde de puente da para clásicos rescatados, chatarradas de siesta y hasta documentales de naturaleza. 

Vaya por delante que no soy muy fan de esta clase de formato, no sé si por la voz neutra y especialmente monótona que le han colgado a los que emitían en La 2 de TVE (y ahora no sé dónde) o porque son muy recurrentes los de leonas espantando moscas con el rabo, gacelas en apuros y elefantes dándose baños de barro.

Desde que Jacques Cousteau y Félix Rodríguez de la Fuente abandonaron la escena del mundo natural, mi interés por la Naturaleza ha ido en declive. Claro que ¡menudas voces, la del propio Félix y la de Rafael Taibo en los documentales de Cousteau! Todo el magnetismo de las imágenes e historias sobre especies distintas  a la nuestra en mar o tierra cobraban su exacta dimensión, su trascendencia impagable en manos de aquellos montajes, guiones y narradores. Ya sé, ya sé que cualquiera tiempo pasado fue mejor, porque fue el de nuestra juventud, pero no creo que aquellas cimas del documental de naturaleza se hayan superado. Esta pieza del pulpo está muy lejos, a mi juicio. Quizá influya el doblaje.

Los anglosajones son muy de contarnos su especial conexión con un animal concreto del ecosistema que toque, designarlo coprotagonista, su seguimiento y filmación suele acabar en vínculo. Joder, casi ves la peli entera por si al final de casan. Y aquí  va así la cosa. Lo que resulta innegable es la dificultad extrema de contarnos la historia de este pulpo y hacerla emotiva. Pero ya está. Si un hispanoparlante nos pone a cámara la carita compungida de Craig Foster hablando de los problemas de su pulpo hembra en el bosque de algas australiano, nos daría la risa. La amenaza permanente de los tiburones gato, la pérdida del tentáculo, la incubación de huevos, la terminación de un ciclo vital propio de cefalópodos, todo lo que se nos cuenta compone la vida más prosaica de cualquier especie, submarina o terrestre.

Para conmover a un español en su sofá a media tarde hay que tener la voz de Félix o llamar a tu pulpo Paul. 

domingo, 11 de octubre de 2026

Tiempo de victoria

El título original es Pressure, mucho más preciso y hasta sugerente: la presión atmosférica, la presión humana. ¿El día D es factible meteorológicamente hablando?, ¿hay que aplazarlo?, ¿por cuánto tiempo? 

La película de Anthony Maras, por tanto, aborda una nueva vertiente de la Segunda Guerra Mundial centrada en la importancia del clima de cara al desembarco de Normandía. Allí, el tiempo es tan cambiante que te puede ganar la guerra antes de tocar playa y pegar un tiro. De hecho, lo único innecesario de esta película son los tiros del desembarco, parece que hay que ponerlos porque Spielberg estableció el canon y saltárselo es poco serio.

Lo de verdad serio se dirime en el puesto de mando, donde los generales estadounidenses y bitánicos quieren atacar y el meteorólogo debe aguantar la presión y ceñirse a las predicciones avaladas por datos en tiempo real. Andrew Scott como el capitán James Stagg, Brendan Fraser como Ike Eisenhower y Kerry Condon como la asistente del general están excelentes llevando el peso del drama. Los demás, evidentemente, también lo hacen de coña, pero importan menos.

Una solvente película sobre un hecho no contado dentro de un acontecimiento histórico sobadísimo. De esas que acabas viendo en plataforma tres años después de su estreno, pero he tenido la fortuna de disfrutar en sala antes de que la quiten por la irrupción masiva de cualquier bobada de aquí o de allá. Afortunadamente, siempre hay tiempo. 

 

jueves, 8 de octubre de 2026

Series: otro barrido

 
Neagley:
La compañera de correrías de Reacher, antigua subordinada en sus tiempos de policía militar y temible francotiradora, echa a volar con serie propia. Su narrativa se desmarca lo suficiente de la del gigantón rubio, aunque conserva de ella la habilidad seca de las secuencias violentas y el respeto por la trama y los personajes. Incurre en algunos patinazos menores y tiene un final de temporada muy de "club de investigadores listo para nuevo caso", pero en líneas generales es una propuesta excelente con una protagonista que interesa cada vez que sale en cámara. Lo esencial. 

 
 
El problema final:
Plumbeo cluedo lleno de tópicos detectivescos y de los otros, más bien plano y, lo peor, previsible en el "quién lo hizo". Empiezo a pensar que muchas de las novelas de Arturo Pérez Reverte funcionan solo en la imaginación del lector, donde el uso de clichés le mantienen en su zona de confort. Allí, negro sobre blanco, quien recorra sus páginas gustará de recrearse en esas conversaciones intemporales y cosmopolitas en las que unos y otros muestran cierta brillantez, cierta elegancia, cierto desengaño, cierto "estar de vuelta". Con esos mimbres se construyen novelas de héroes cansados y mujeres fatales (que nos mola leer en los trenes), pero llevarlas a la pantalla y que no se acartonen es harina de otro costal. Lástima de reparto y localización, impecables. Pero la puesta en escena, la dirección, el montaje, la congruencia narrativa... en todo eso hace aguas. Bajonazo con muchos clics. 
 
La leyenda de Vox Máquina 4:
Los gamberros del universo de espada y brujería en esta feliz idea que mezcla roll, animé, ultraviolencia, misticismo y cachondeo están de vuelta. Siguen en forma y, gráficamente, varios capítulos deparan soluciones sorprendentes, guiños artísticos para friquis de la ilustración, tonos y géneros que milagrosamente armonizan con la historia principal, suficiente intriga, no poco drama, temor por la vida de nuestros héroes.... Lo que necesita cualquier historia de aventuras, metido todo en una botella pequeña de licor con palabrotas. Qué buena serie, coño.
 
 
Linternas: 
Un nuevo y agradecible punto de vista para contar al súper héroe menos adaptable de todos: Linterna verde. Hacer creíble al del anillo es más difícil que secar a Aquaman. Lo resuelven muy bien aquí mediante investigación policial, con soluciones no previsibles a situaciones que la lógica interna del relato coloca donde corresponde y con un puñado de intérpretes perfectos en sus papeles. Para mí, la primera temporada termina al final del quinto. Así queda redonda. Los episodios posteriores podían haber dado inicio a la siguiente. Pero, claro, yo no hago el plan de producción ¡si me dejasen el anillo....! 
 

Eva Marie Saint

  

Ha muerto con 102 años. 

Tuvo la suerte de debutar en la mejor película de Elia Kazan, La ley del silencio, dándole la réplica a Marlon Brando. Después, Hitchcock la puso a hacer de Grace Kelly, a falta de Grace Kelly, acompañando a Cary Grant en uno de sus títulos mayores, el canon de las intrigas internacionales con mcguffin: Con la muerte en los talones. Para redondear, se codeó con Paul Newman en su esplendor y a las órdenes de Otto Preminger con Éxodo y se marcó una de terror apache, La noche de los gigantes, en la que Robert Mulligan se las hacía pasar muy perras a Gregory Peck. Fijaos en la cantidad de palabras en negrita que tiene este breve párrafo. Solo cubre catorce años de carrera, en la que se pueden añadir trabajos para Edward Dmytryk, Fred Zinnemann, John Frankenheimer, Vincente Minelli o Norman Jewison.

Luego empezó a dejarlo, se pasó a la tele y envejeció. 

Dónde hay que firmar.  

martes, 6 de octubre de 2026

Civil War

 

Un año después (2024), llegó Civil War, precedida de halagos a su originalidad, a su temática, a su crudeza... Quedémonos con la crudeza. Al director Alex Garland le pasa lo que a Villeneuve: cuanto más grande es el presupuesto, peor le sale la película. Y cómo consigue más dinero cada vez, sus películas van decayendo inexorablemente. 

Civil War cuenta un conflicto armado total en los USA actuales. Es muy solvente en la producción, las localizaciones, los ambientes, la fotografía (aquí esencial), el rodaje de la acción y la violencia. Los protagonistas de la película son unos pocos foto-periodistas y plumillas que la cubren.

Por supuesto, nuestro reportero de guerra vivo más mediático, es decir Pérez Reverte, ha elogiado su verismo en cuanto a la actitud de la prensa en frentes de batalla. Pero aquí no hay un solo motivo para esa guerra civil mínimamente explicado. Ni se mencionan por encima las coartadas políticas que convierten a Estados Unidos en un país sumido en el caos militar y paramilitar, los motivos de unos y de otros para sumergirse en el horror que genera una guerra civil de colosales dimensiones. Prescinde del detonante, del desarrollo de la guerra sobre un mapa antes y mientras avanzan los hechos. En fin, prescinde de todo lo que no sea violencia y captación de la violencia con el objetivo de una cámara de prensa. 

Y mira que lo tienen a huevo, con un par de entradillas de reportero con micro mirando a cámara habría resuelto casi todo. O con un telediario entrevisto durante el viaje y alguna conversación intimista que rasque la superficie. Es la tragedia del guion, quizá del propio foto-periodismo moderno, rascar solo la superficie del drama, sin desentrañarlo. Quizá por eso importa tan poco la misión que se han autoimpuesto los periodistas del film. Y ya que ha salido Pérez  Reverte a relucir: casi resulta más interesante el sueño de Carmelo Gómez de captar la voladura de un puente yugoslavo en Territorio Comanche. 

En esa película que adaptaba novela, aquella guerra terrible y liosa de los  noventa se entendía mejor. El sensacionalismo, también. 

 

domingo, 4 de octubre de 2026

Pequeñas cartas indiscretas

La directora Thea Sharrock, a quien no he seguido, estrenó en 2023 esta película que acabo de pescar en plataforma. Narra una historia que, según parece, está basada en hechos reales (eso empieza a ser una rémora). También he leído que la historia en pantalla, respecto al caso real, lleva abundantes retoques. Después de comparar realidad y ficción es evidente que el guionista los ha aplicado para que se simplifiquen sin rubor razones, afinidades y coartadas. 

La película, eso sí, tiene una impecable factura british al viejo estilo entreguerras en la ambientación y una actriz superlativa (Olivia Colman), en el papel principal. Pero lo demás es brocha gorda, sesgo ideológico a la moda, simplificación al gusto de la feligresía y, lo peor de todo, poquísimo humor en lo que se presupone cine inglés de ese corte, o que evoca ese tipo de cine, pero sin demasiado éxito.

La intriga es ínfima, si es que la hay. La chica inocente, aunque sospechosa es, por descontado, irlandesa y luce libérrima: fuma, bebe, folla y palabrotea con desparpajo inverosímil en aquel tiempo y lugar. Pero así es más patente que lo que la condena en su comunidad es su "empoderamiento" pionero. Los personajes masculinos desfilan a cual más penoso: dictatoriales, machistas, clasistas, estúpidos (excepto el guapo chico de color, evidentemente). Y en cuanto a la escribidora de cartas, su beatería esconde una actitud desmedidamente rastrera y deseos reprimidos de una vida sojuzgada por un patriarca al  mismo tiempo ridículo y abyecto. 

La beata está para que la encierren, claro, aunque al final no se sabe si está mal de la cabeza por su falta de agallas para irse de casa, por la educación castrante de tan puritana, por el padre malparido o por todo a la vez. 

En fin, debió tener su público en el Reino Unido y alrededores. La actriz o el actor aún pueden pegártela para desperdiciar cien minutos una tarde de lluvia.    


viernes, 2 de octubre de 2026

Gonzalo Suárez

 

Ha muerto Gonzalo Suárez.

Su primera época me la perdí cuando estrenaba, aunque la rescaté después y tiene un poco de todo. Pero me encantó Epílogo, que ya vi en el cine (¡cielo santo, qué mayor soy!). Sus queridos escritores ficticios Rocabruno y Ditirambo escribían una descarada actualización de Hamlet y Charo López iba de uno a otro protagonista (Paco Rabal y José Sacristán nada menos), con un magnetismo de los que siempre ha gastado ella. Suárez no necesitaba más para levantar una de las mejores películas españolas de los años ochenta.

Después me gustaron Remando al viento, Don Juan en los infiernos, La reina anónima,  El detective y la muerte (¡menuda racha!). Hasta El portero tenía su cosa. Ahora no recuerdo muy bien el porqué, pero el caso es que me planté ahí. A lo mejor me pasó como a él, que se refugió en la letra impresa, su talento de origen.

Cómo escritor era también notable. Tengo en grueso volumen (Las fuentes del Nilo), una antología de sus novelas cortas y relatos, de la que fui picoteando hasta acabarla. Interesante siempre.

Para colmo, Gonzalo Suárez tenía un buen cerca si te gusta el olor del habano. Fumaba, conversaba, hasta podía hacerse un cameo en la película más deliciosa del más fresco Almodóvar, como ludópata, borracho y estafador.  

Vaya, que tenía genuino talento y era asturiano. Me caía bien. Otro maestro que se fue.