Han transcurrido ya lo menos seis generaciones de pulpos desde que este documental ganó el Oscar, el BAFTA y unos cuantos premios gordos más. Pero una tarde de puente da para clásicos rescatados, chatarradas de siesta y hasta documentales de naturaleza.
Vaya por delante que no soy muy fan de esta clase de formato, no sé si por la voz neutra y especialmente monótona que le han colgado a los que emitían en La 2 de TVE (y ahora no sé dónde) o porque son muy recurrentes los de leonas espantando moscas con el rabo, gacelas en apuros y elefantes dándose baños de barro.
Desde que Jacques Cousteau y Félix Rodríguez de la Fuente abandonaron la escena del mundo natural, mi interés por la Naturaleza ha ido en declive. Claro que ¡menudas voces, la del propio Félix y la de Rafael Taibo en los documentales de Cousteau! Todo el magnetismo de las imágenes e historias sobre especies distintas a la nuestra en mar o tierra cobraban su exacta dimensión, su trascendencia impagable en manos de aquellos montajes, guiones y narradores. Ya sé, ya sé que cualquiera tiempo pasado fue mejor, porque fue el de nuestra juventud, pero no creo que aquellas cimas del documental de naturaleza se hayan superado. Esta pieza del pulpo está muy lejos, a mi juicio. Quizá influya el doblaje.
Los anglosajones son muy de contarnos su especial conexión con un animal concreto del ecosistema que toque, designarlo coprotagonista, su seguimiento y filmación suele acabar en vínculo. Joder, casi ves la peli entera por si al final de casan. Y aquí va así la cosa. Lo que resulta innegable es la dificultad extrema de contarnos la historia de este pulpo y hacerla emotiva. Pero ya está. Si un hispanoparlante nos pone a cámara la carita compungida de Craig Foster hablando de los problemas de su pulpo hembra en el bosque de algas australiano, nos daría la risa. La amenaza permanente de los tiburones gato, la pérdida del tentáculo, la incubación de huevos, la terminación de un ciclo vital propio de cefalópodos, todo lo que se nos cuenta compone la vida más prosaica de cualquier especie, submarina o terrestre.
Para conmover a un español en su sofá a media tarde hay que tener la voz de Félix o llamar a tu pulpo Paul.


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