domingo, 28 de junio de 2026

El día de la revelación

 

Steven Spielberg no tiene ya nada que demostrar, así que se ha dado el lujo de volver a sus temas favoritos. Es decir, que esta vez juega en casa: vida extraterrestre, conspiraciones gubernamentales, involuntarios héroes perseguidos por medio país, recuerdos de infancia... la tercera fase puesta al día, pero no en remake, sino buscando una manera nueva de contar lo que el chico de la gorra lleva sosteniendo toda su vida, que no estamos solos en el universo.

La película carga con el lastre de tantas representaciones de lo tecnológicamente sobrenatural como llevamos vistas desde aquella nave que se comunicaba por notas musicales. Así que esta vez es mucho más apasionante el desarrollo que el desenlace. Entonces, el encuentro final de Melinda Dillon Richard Dreyfuss con la vida extraterrestre era lo más grandioso de la película y aquí en cambio, el momento equivalente de Emily Blunt y Josh O´Connor me resultó lo de menos. 

Dicho esto, Spielberg tiene setenta y ocho palos, pero no se le notan. ¡Joder, si hasta sabe usar el dron solo cuando hay que usar el dron! Larga vida al viejo Steven, aquí  o en futuras galaxias, donde seguro que proyectarán sus pelis para pasar el rato en los largos viajes interestelares. Espero que no tomen demasiado en cuenta lo que muestra de nuestra terrible especie. 

Muchos dicen que la prueba definitiva de que hay vida inteligente en otros planetas es precisamente que no vienen.  


 

lunes, 22 de junio de 2026

Toy Story 5

 

Volver a la pandilla toy es siempre un placer. Debe de serlo en Pixar y lo es para los espectadores. Esa es su ventaja y también su punto débil. Quieres que vuelvan a sorprenderte, divertirte y conmoverte y cada vez es más difícil, no ya superarse, sino llegar al listón. 

El final de lo que bien pudo ser una trilogía perfecta, no dejaba nada para el futuro. Aquel Andy con el coche aparcado frente a la valla de la niña Bonnie, entregándole los juguetes uno a uno, contándole sus cualidades hasta llegar a Woody... Esa última tarde jugando sobre la hierba con sus viejos amigos, el genuino disfrute del chico que va a crecer en cuanto se ponga al volante y de la niña solitaria e imaginativa, es un momento absolutamente impagable que no se puede superar.

Así que la cuarta entrega fue como cambiar de Bond después de Connery: un patinazo. Sin un solo personaje memorable nuevo ni una escena para el recuerdo. Sin molestar, claro, aseada de ver, moderadamente divertida, trepidante, emotiva.... moderadamente todo. Pero la verdad es que cuando entré en la quinta entrega, no recordaba ni cómo había acabado cada personaje, quién seguía con niño y quién al raso. 

Toy Story 5 está mucho más cerca de las tres maravillas primeras que de la cuarta, porque vuelve a su espacio natural, las habitaciones de infancia, los jardines con valla, las calles entre viviendas unifamiliares de barrios idílicos USA, pero esta vez con pantallas comiéndose la tostada. De eso va esta entrega, del duelo entre los juguetes tradicionales y las "consolas", tablets y otras mierdas enchufables de ayer y de hoy. Dinamismo, perfección técnica, sus pizquitas de humor y una moralina de ni pa ti ni pa mí, dejarán razonablemente satisfecha a la chiquillería y, por eso mismo, a los adultos que les acompañen. Pero si fueron niños cuando esto empezó o padres más jóvenes, sabrán que "hasta el infinito y más allá" no es una frase que se pueda aplicar a la longevidad narrativa de una saga. 

La calculadora, ya saben, es otra maquinita de mierda, aunque vaya a pilas.

 

lunes, 15 de junio de 2026

Post de retales y perla

Finch, para la Apple TV de 2021. Produce Robert Zemeckis, el mismo de Naúfrago. En ésta, el papel de "Wilson" oscila entre el carrito de la compra, el perro y el robot humanoide. Tom Hanks demuestra sin mucho esfuerzo que de carisma anda sobrado (no sé ahora que se ha quitado la barba y la delgadez afila su edad). La puesta en pantalla pide a gritos un talento para la tensión y la lágrima como el de Spielberg, que no asoma ni cuando llegan al Golden Gate. En fin, un aprobadillo por ser Tom quien es. 


53 domingos. Cesc Gay para Netflix se muestra más blando y superficial de lo que suele, pero igual de fácil de seguir y disfrutar. Todo rezuma teatralidad en este encadenado de citas familiares para abordar el futuro de un padre anciano, con la hija sacrificada, el hijo victimizado y el egoísta. Por desgracia, no rasca apenas en lo que duele, ni con humor negro (le da a los mcguffins más protagonismo que a lo mollar), pero se ve con agrado. Un 6,25 en plan profe cicatero con las décimas.
 


La mujer crucificada. Mizoguchi es otra liga. Ochenta minutos de oro para una historia que levantaría ampollas en los años cincuenta y que hoy no tiene quien la escriba y la dirija con ese nervio libérrimo y furioso. Burdeles mínimamente maquillados, mujeres empoderadas en el barro, curdas japonesas, puteros, amores por interés, suicidas potenciales, teatro kabuki mientras transcurren las traiciones, se cierran negocios sucios o se duerme la mona. Virtuosismo de un clásico del XX. No disponible en plataforma, claro.