miércoles, 23 de septiembre de 2026

Repescas de septiembre

Una buena mujer

Para el cine de ellos (antes la literatura y las artes plásticas), ¡qué ricos y superiores lucen siempre los anglosajones en su vida social por el Mediterráneo! En esta película también, claro. Con un poco de jazz antiguo y títulos de crédito iniciales intencionadamente allenianos, el libreto adapta de forma evidente El abanico de lady Windermere de Osca Wilde. Lo hace bien, con una realización artesana, una dirección artística cuidadosa, unas localizaciones embriagadoras, un rutilante reparto femenino (y Tom Wilkinson). 

El resultado es una buena película, nada más (y nada menos).

Los justos

Otra propuesta abiertamente teatral, no exenta de gracia, aunque un poco estirada para llegar al largo comercial de sala. Como telefilme de una hora les habría salido más redonda. Me viene pasando últimamente con varias propuestas fílmicas españolas, que bien podrían componer una serie de episodios independientes. Algo así como Cuentos imposibles (o inquietantes), alternativa no terrorífica a las míticas Historias para no dormir. Aquí la cosa va de jurado ante un jugoso soborno, de sus tiras y aflojas con la conciencia y la necesidad, aunque la sazón de humor opaca gran parte del dilema moral de fondo. Bien, su reparto puede con todo y lo convierte en un digno (incluso justo) espectáculo para el televidente. Perdón, espectador. 

Jugada maestra

Norteamericanos de hoy ejecutando una revisión descarada y mala de Ocho sentencias de muerte (título emblemático de la Ealing en su década de oro), pone de relieve una vez más que los clásicos es mejor dejarlos tranquilos. Más aun cuando se tiene una industria como la del actual Hollywood. Por otra parte Glen Powell, su protagonista absoluto, empieza a ser veneno para la cinefilia, incluso para la más joven. Se mete en unas cosas que a él pueden parecerle de calidad superior a la media sobre el guion, pero inevitablemente destinadas al naufragio cuando llegue el resultado proyectable. En fin, supongo no le llegan esos juicios del frikismo crítico hasta la piscina y sigue cobrando bien mientras le cae algún súper de la siguiente fase marvelita. Esa debe ser la verdadera jugada.

U.S. Marshalls

Siempre está bien revisar los entretenimientos solventes de los años noventa, la última década en la que el cine espectáculo del Hollywood industrial con presupuestos medianos sabía proponer cosas de FX sin croma, manejando repartos cuajados y carismáticos pero veraces, pendientes de la trama y el ritmo. Estas películas han envejecido francamente bien. Pero claro, Tommy Lee Jones envejece bien cualquier película que te imagines. Incluso él mismo lo ha hecho, con su cara de fea piedra y su determinación.

viernes, 28 de agosto de 2026

El final del verano

Cuando yo era niño, uno sabía que el verano se aproximaba porque las ventanas del patio del edificio se abrían para aliviar el calor. Nadie tenía aire acondicionado y los diálogos de las películas salían por nuestros televisores llenando de ecos la oscuridad, como si aquel patio fuese un cine de verano.

A lo mejor por eso, cuando se acaba el verano, parece que el cine de nuestra memoria se tiñe de melancolía. Porque el verano de la pantalla es ese en el que podemos encontrarnos el amor inesperado, como les pasó a Audrey Hepburn y a Gregory Peck en Vacaciones en Roma, para perderlo enseguida y también por amor. El verano es ese tiempo y lugar en el que un humilde cartero puede decirle a Pablo Neruda que la poesía no es de quien la escribe sino de quien la necesita. El verano es La rodilla de Clara, que no sabes si podrás tocar antes de regresar a tu ciudad, y El último Tango en París, aunque suceda en invierno.

El verano es Kathleen Turner sudorosa y mortífera, invitándote a escuchar las campanitas de su terraza a cambio de la perpetua y Grace Kelly dispuesta a investigar un crimen de tu vecindario a condición de que te cases con ella. La joven viuda de la casa en la colina que te desvirga en el Verano del 42, o los amigos capaces de buscar un cuerpo en el bosque y decirte pase lo que pase Cuenta conmigo.

El verano son las banderitas de la última feria tiradas en la playa, cuando ya empieza a hacer frío, como al final de Calabuch o Novio a la vista, las películas veraniegas del gran Berlanga, o Los inútiles y La Dolce Vita del gran Fellini.

Y el verano es sobre todo, un pueblo italiano donde un proyeccionista de cine guarda los besos de todas las películas y de todos los veranos, para regalárnoslos envueltos en la música más triste y más hermosa del cine: La que suena cuando el verano se ha acabado, la que nos hace sentir que siempre queda un verano de nuestra vida en el que fuimos completamente felices. 


martes, 18 de agosto de 2026

Al final de Oak Street

 

Con los años nos damos cuenta de que el verano lo excusa casi todo. 

Uno de los pecadillos más frecuentes del estío es ver películas malas en sala, a sabiendas. Cuando niño, podías zamparte varias de diferente género y catadura en uno de esos cines armados frente a un patio de vecinos con pared trasera blanca y ventanas en los laterales, sillas de hierro y mar de cáscaras de pipa bajo los pies. 

Aquellas pelis, descarada serie B o clásicos salpicados de heridas, amputaciones y sonido de lata, colmaban nuestra ansiedad durante dos horas en las que los padres (él y ella), soñaban con noches a solas por completo desaparecidas. Los novietes, al amparo de una oscuridad muy discutible, se metían mano frente a Godzillas baratos, cowboys sin caché o exploradores de selvas por transparencia. Todo muy vintage y entrañable.

Con el tiempo, de los cines de verano saltamos a los refrigerados de butaca, en los que meterse mano era más cómodo. A efectos cinematográficos, algunos de los estrenos ochenteros tampoco tuvieron mucho más que un pasar para el adulto que pagaba los tickets y vigilaba adolescentes por el rabillo del ojo. Pero los ochenta (sin pipas, con palomitas), eran otra cosa y varios de aquellos títulos han acabado convirtiéndose en clásicos con celebraciones de aniversario. Véanse Los Goonies o Gremlins

Nada de esto pasará con la de hoy. Ya no hay cines de verano al aire libre, los cerrados de butaca en zonas de playa mueren de consunción y las chatarradas de agosto van a tener un envejecer detestable, para niños y adultos, caso de que las vean. No mejorarían ni con amputaciones del metraje.

La sala estaba prácticamente vacía: nosotros dos sintiéndonos una pareja de jubilados antes de serlo,  un grupito de tres amigos inclasificables (¿qué se les había perdido allí con veinte años?), otros dos deslavazados a nuestra espalda y una prosti del puerto haciendo tiempo para que la noche se animase de verdad. Creo que teníamos más potencial que la pandilla de anormales residentes Al final de Oak Street, una película que no se sabe si va en serio o en broma, si es de ciencia ficción, de aventuras, familiar (la familia que sobrevive unida permanece unida), terrorífico-normativa, woke o heteromierder.

El asunto va de una inesperada traslación del barrio de Oak Street a 140 millones de años más atrás del jurásico (cuyo nombre y animalejos deben estar vetados por derechos adquiridos en Spielberg y asociados entertainment). Allí, Ewan McGregor y Anne Hathaway, dos intérpretes notables con irregular carrera, de los que no garantizan otra cosa que la salud de sus cuenta bancarias, ejercen como padres "loser" de dos adolescentes aspirantes a "loser" (ella lee sobre el tejado, él tira con arco casero). Para ponernos en contexto, todo transcurre en un barrio de los ochenta (nostalgia trampa) y la historia empieza larguísima y mal traída. Luego, unas luces nocturnas y ya están los dinosaurios allí, comiendo vecinos. Especies de dinosaurios no registradas, se entiende. 

¿Y la familia? pues tomando decisiones absurdas de manera ininterrumpida. ¿Las víctimas con frase? Por completo irrelevantes, ni para la progresión narrativa valen ¿Las explicaciones pseudo-científicas? Escasas, pero casi mejor no darlas. ¿La solución? Un delirio con descojone (en la sala, claro). En fin, la chatarrada mayor del año, puede que de la década. Perpetrarla solo ha costado la friolera de noventa millones de dólares. Ole por el director, que convenció a la Warner.

Al final de esta calle llamada Oak debieron tener un cine echando Hace un millón de años. Al menos habríamos podido ver fugazmente a la Welch y su bikini prehistórico. Será que el director no la conoce o que ha tenido el mínimo pudor de no remontarse a las chatarradas con pedigrí. Qué espanto.  

miércoles, 5 de agosto de 2026

Spiderman brand new day

Sony y Marvel se pusieron de acuerdo en derechos y dividendos y Tom Holland se quedó como Spiderman, con Zendaya por novia y Jacob Batalon como amiguete. Bien, muy bien, a veces el dinero anima a decidir con sensatez (y rápido). 

Seguramente por ese nuevo acuerdo, la peli huele un poco a reseteo. Hay que salir del lío que se montó en la anterior con los universos y las desmemorias. Pero también incluir un nuevo super-misterio para ser resuelto por el héroe, añadirle una pizca de problemas arácnidos y peter-problemas, invitar a algunos compañeros ilustres (Hulk y Punisher en cabeza), y mezclarlo todo en la batidora de un guion que se respete a sí mismo. 

Les ha salido estupenda, al menos para los fans, entre los que me cuento. Spidey siempre fue el mejor, el más ingenuo y divertido, el del corazón puro, agilidad arrolladora, fuerza imparable; quien elevaba con su presencia cualquier otro protagonista de Marvel, en sus cómics o en los de los demás, en una película o en cien. 

Tu amigo y vecino, una red segura contra blockbusters vacíos de los que el verano está lleno.    


 

jueves, 23 de julio de 2026

Torrente presidente

 

Cuando esta película iba por los doce millones de euros recaudados en salas, escribí como comentario en un blog vecino (elblogdelcineespañol.com), lo siguiente:

Con el panorama nacional que tenemos, va a pasar de 30 millones. Está el respetable muy receptivo a las burlas torrentianas hacia esa patulea de todo signo que dice representarnos y nos chulea sin sonrojo.

Es una película que acierta con el momento, como en su día lo hizo la muy corrientita “Ocho apellidos vascos”. No era tanto la película como el momento social. Segura se va a hinchar, aunque escueza a los bien pensantes.

Alcanzó los 29 millones en salas y no sé los clics en Netflix.

La he visto, por fin, y me ha costado. En streaming y dedicando cuatro sesiones para llegar hasta el final. Quizá viéndola en sala de cine llena el efecto contagio me la hubiese reconvertido en descacharrante comedia, pero no lo creo. Y eso que no soy bien pensante.  

Claro, que tampoco soy seguidor de las sagas de Santiago Segura: me planté en el segundo Torrente (la primera secuela es casi obligada) y vi un Padre no hay más que uno que me sobró. Después del primer Torrente (buena, en mi opinión), solo he visto una película suya que me pareció muy aseada. Se llamaba Sin rodeos (era el remake de un éxito chileno o de por ahí) y lo único que no estaba bien en ella resultó ser un papel que hacía él de brujo adivinador o algo, muy paródico, pero afortunadamente corto (me da que lo solventó así para ahorrarse un actor y darle un hueso a los fans).

De Torrente y todas sus entregas, me quedo con el mérito de acuñar un personaje longevo y querido por el público, por mucho asquito que dé. Como a Stallone siempre habrá que reconocerle Rocky, aunque lo haya estirado como un chicle.

Segura tiene un producto que funciona por su humor sarnoso y mugriento, no apto para todos los gustos. Aunque creo que la risa aquí nace, en gran medida, del cabreo nacional necesitado de algún tipo de catarsis. Porque lo que me parece sintomático es que quienes más criticaron a Segura en medios digitales y redes durante su éxito arrollador en cines fueron los ofendiditos (¿se dice así?) de izquierdas, mientras que los de derechas no parecían incómodos con la burla, como si las chanzas del personaje fuesen oportunas, porque zurraban al gobierno y a los derechistas malvados o frikis metidos a salvapatrias para esquilmar.

Lo único que parece claro es que ambos tipos de hooligan ideológico están fuera de la realidad. En la suya han convertido un producto de masas también en un producto de bandos. Un sindios, digno de películas mucho más divertidas que ésta.

Cruda y burda, ideal para incondicionales, Torrente presidente va a constituir, ella sola, el 25% de la recaudación total del cine español en salas. Y si la cuarta de Tadeo Jones pincha, el 30 o el 35. ¿Alguien de la malquerida industria extraerá enseñanzas de un fenómeno semejante o intentará la autocrítica? Hagan sus apuestas. 

domingo, 19 de julio de 2026

La Odisea

 

Es de agradecer a Nolan el esfuerzo por ser fiel al poema épico, canto a canto, y es comprensible su interés por la obra de Homero y el rigor que ha puesto al adaptarlo: La Odisea original está llena de flash backs, cosas que pasan antes pero se cuentan luego y en fin, esos modos narrativos que le pirran a Christopher.

Matt Dammon está espectacular como Odiseo / Ulises, Anne Hathaway como Penélope funciona a la pefección, también Robert Pattison de Antinous (el pretendiente intrigante y cobarde), Tom Holland interpretando a Telémaco da razonablemente la talla, Charlize -Calipso- Theron justifica siete años de desmemoria y John Leguizamo hace un estupendo Eumaeus. La tropa con caché o el Menelao de Jon Bernthal encajan sin gran problema. Lupita Nyong´o como Elena de Troya es por descontado lo más discutible, más que el revuelto étnico en soldados, sirvientes y sacerdotes, que la antigúedad también estaba muy movida y el Mediterráneo traía y llevaba gentes de todas partes, tanto o más que ahora. 

La ambientación, el sonido, la omnipresente música... todo milimétricamente Nolan, un director que conoce las reglas, respeta la tendencia o incluso la crea. Y por lo narrativo, el desorden de la casa pero atado en corto por Homero. Para la posteridad, una vez más, la historia del caballo, de lejos lo mejor de la película. Solo lo de la diosa Atenea - Zendaya no se entiende muy bien hasta el final (incluso entonces el profano necesitará ir del asterisco al pie de página). 

Vamos, que notable. Tampoco hay que levitar, eso se lo dejo al crítico de El Mundo y otros favorecidos por los dioses. 


 

domingo, 28 de junio de 2026

El día de la revelación

 

Steven Spielberg no tiene ya nada que demostrar, así que se ha dado el lujo de volver a sus temas favoritos. Es decir, que esta vez juega en casa: vida extraterrestre, conspiraciones gubernamentales, involuntarios héroes perseguidos por medio país, recuerdos de infancia... la tercera fase puesta al día, pero no en remake, sino buscando una manera nueva de contar lo que el chico de la gorra lleva sosteniendo toda su vida, que no estamos solos en el universo.

La película carga con el lastre de tantas representaciones de lo tecnológicamente sobrenatural como llevamos vistas desde aquella nave que se comunicaba por notas musicales. Así que esta vez es mucho más apasionante el desarrollo que el desenlace. Entonces, el encuentro final de Melinda Dillon Richard Dreyfuss con la vida extraterrestre era lo más grandioso de la película y aquí en cambio, el momento equivalente de Emily Blunt y Josh O´Connor me resultó lo de menos. 

Dicho esto, Spielberg tiene setenta y ocho palos, pero no se le notan. ¡Joder, si hasta sabe usar el dron solo cuando hay que usar el dron! Larga vida al viejo Steven, aquí  o en futuras galaxias, donde seguro que proyectarán sus pelis para pasar el rato en los largos viajes interestelares. Espero que no tomen demasiado en cuenta lo que muestra de nuestra terrible especie. 

Muchos dicen que la prueba definitiva de que hay vida inteligente en otros planetas es precisamente que no vienen.