Una buena mujer
Para el cine de ellos (antes la literatura y las artes plásticas), ¡qué ricos y superiores lucen siempre los anglosajones en su vida social por el Mediterráneo! En esta película también, claro. Con un poco de jazz antiguo y títulos de crédito iniciales intencionadamente allenianos, el libreto adapta de forma evidente El abanico de lady Windermere de Osca Wilde. Lo hace bien, con una realización artesana, una dirección artística cuidadosa, unas localizaciones embriagadoras, un rutilante reparto femenino (y Tom Wilkinson).
El resultado es una buena película, nada más (y nada menos).
Los justos
Otra propuesta abiertamente teatral, no exenta de gracia, aunque un poco estirada para llegar al largo comercial de sala. Como telefilme de una hora les habría salido más redonda. Me viene pasando últimamente con varias propuestas fílmicas españolas, que bien podrían componer una serie de episodios independientes. Algo así como Cuentos imposibles (o inquietantes), alternativa no terrorífica a las míticas Historias para no dormir. Aquí la cosa va de jurado ante un jugoso soborno, de sus tiras y aflojas con la conciencia y la necesidad, aunque la sazón de humor opaca gran parte del dilema moral de fondo. Bien, su reparto puede con todo y lo convierte en un digno (incluso justo) espectáculo para el televidente. Perdón, espectador.
Jugada maestra
Norteamericanos de hoy ejecutando una revisión descarada y mala de Ocho sentencias de muerte (título emblemático de la Ealing en su década de oro), pone de relieve una vez más que los clásicos es mejor dejarlos tranquilos. Más aun cuando se tiene una industria como la del actual Hollywood. Por otra parte Glen Powell, su protagonista absoluto, empieza a ser veneno para la cinefilia, incluso para la más joven. Se mete en unas cosas que a él pueden parecerle de calidad superior a la media sobre el guion, pero inevitablemente destinadas al naufragio cuando llegue el resultado proyectable. En fin, supongo no le llegan esos juicios del frikismo crítico hasta la piscina y sigue cobrando bien mientras le cae algún súper de la siguiente fase marvelita. Esa debe ser la verdadera jugada.
U.S. Marshalls
Siempre está bien revisar los entretenimientos solventes de los años noventa, la última década en la que el cine espectáculo del Hollywood industrial con presupuestos medianos sabía proponer cosas de FX sin croma, manejando repartos cuajados y carismáticos pero veraces, pendientes de la trama y el ritmo. Estas películas han envejecido francamente bien. Pero claro, Tommy Lee Jones envejece bien cualquier película que te imagines. Incluso él mismo lo ha hecho, con su cara de fea piedra y su determinación.















