sábado, 31 de octubre de 2026

Colisión

 

Un título desafortunado para territorio español en estos días de desgracia y luto por una colisión distinta, la de los trenes. Pero esta coincidencia desafortunada y negra no le resta mérito a una película notable. Me está gustando este Sánchez Arévalo cada vez más libre, capaz de embarcarse en historias y géneros muy dispares, alejándose de la "autoría". Mejor la firma, que garantiza películas interesantes, logradas, sean del género que sean.

Ésta es un thriller. Poliédrico y bastante sorprendente, aunque más en la primera mitad que en la segunda. A medida que la fórmula se entiende, el Sánchez Arévalo guionista y su cómplice Ramón Campos se ven obligados a inventar nuevas sorpresas que mantengan el nivel y no todas son tan estupendas como las primeras. Pero tiene diálogos magníficos, intérpretes sólidos, dirección y montaje pegados al terreno. Y le sale. 

Para los actores, asumiendo todos los registros posibles de lo que pasa después de un atraco, este trabajo tiene que haber sido un regalo.  Y eso que aquí gastamos poco croma y poca IA. Cuando eso entre en juego en nuestra raquítica industria, tendremos una nueva colisión.

viernes, 30 de octubre de 2026

Elke Sommer

 

Ha fallecido con 85, la internacionalísima Elke Sommer, que se paseó por el cine de Hollywood, el italiano, el británico, el alemán y hasta hizo película en España (Las Vegas, 500 millones). Fue famosa por sus papeles junto a Peter Sellers, otras comedias y terrores variados. Para mí, será la eterna asistente Inger Lisa Anderson, que la organización del Nobel asigna a Paul Newman, interpretando al literato borrachín Andrew Craig en El premio.

Me encantaban sus recogidos de melena. Adiós, rubia. Buscaré tus pelis.

 

 

jueves, 29 de octubre de 2026

Lo dejamos acá

 

Producida por Kenya Films (responsable de otros logros cinematográficos argentinos como El amor menos pensado, La odisea de los giles o Argentina 1985) y distribuida por Netflix, creo que Lo dejamos acá ha ido directa a plataforma, al menos en España.

Como las otras mencionadas, esta tiene por protagonista a Ricardo Darín, un valor seguro. Verle interpretar cualquier papel es siempre un deleite. A él se suma Diego Peretti, otro actorazo de la misma cantera, que ha protagonizado títulos comerciales argentinos con notable acierto.

Y vamos con el asunto: un sicólogo argentino con métodos peculiares de tratamiento. Mejor la premisa, con sus ejemplos más rompedores de terapia, que el desarrollo, centrado en el caso concreto de Peretti, aunque tiene también su gracia y los dos en pantalla dan su juego. Hay un factor de ventaja para el público argentino: aquel es el país con más sicólogos por metro cuadrado, lo que les permite cazar cada broma de la película sin perderse una. 

Sólida, amena, con poco despropósito y con Darín. Digamos que un siete y medio. Y lo dejamos acá. 

martes, 27 de octubre de 2026

La vida de Chuck

Estrenada el año pasado en España sin gran fanfarria ni repercusión, La vida de Chuck es una rara avis dirigida por Mike Flanagan, experto en terror meditado (sirva de ejemplo La maldición de Hill House) a la que he llegado tarde, pero sin ayuda del algoritmo (o eso creo).

La protagoniza el cada vez más versátil Tom Hiddleston, haciendo de Chuck y muy bien acompañado por sus versiones infantiles (Cody Flanagan, Benajmin Pajak), algunos intérpretes de culto (Mark Hamil, Mia Sara) o muy solventes para lo que les pongas (Chiwetel Ejiofor, Karen Gillan, Carl Lumbly).

La vida de Chuck empieza por su tercer y último acto y retrocede a partir de ahí. La historia tiene su origen en ese escritor prolífico, archiconocido y regulero llamado Stephen King, que ha tenido más suerte que nadie con sus adaptaciones al cine. Aquí también. Cada acto de esta narración circular tiene interés y encanto por si misma, pero el conjunto es además interesante y turbador. Tan bien contado que hasta lo más inverosímil deja de parecértelo. Es más, casi se ve como inevitable.

Y luego está el baile en mitad de la calle, algo que sólo los estadounidenses han sabido utilizar en el cine en su máxima potencia narrativa y visual. Solo queda decir "Gracias, Chuck".

sábado, 24 de octubre de 2026

La bola negra

  

La última de la Fiesta del Cine que pude ver a precio de ganga (es un decir), fue la sensación de la temporada: La bola negra de Los Javis. Por esas alineaciones de planetas que nadie controla, a esta película se le ha puesto la suerte de cara y lo está ganando todo y lo que te rondaré morena/o/e.

También arrasó en su día Ocho apellidos vascos y era una comedia simplemente aseada y no maestra. "¡El  Cosmos!", que diría Punset. Y es que la última de Los Javis no está mal, pero tampoco es lo nunca visto, ni en el subgénero guerra civil ni el de homo-cine. La novedad es que se combinen con astucia ambos palos y que las ideologías en liza no sean el condicionante principal en la peripecia trágica de los protagonistas.  

No hay persecución homófoba de la falange o de los soldados cafeteros hacia "los maricones", ni defensa irreal de estos por parte de los republicanos. Ese no es el meollo de la cuestión, o no me lo ha parecido. Lo que hay es una denuncia de la vida obligadamente secreta que los homosexuales sufrían en aquella época (los años treinta de España), cuyo drama se exacerba en la guerra aunque llegados a ese punto el drama es general.

 

En cambio, lo que la película no explora es la posibilidad de que unos y otros (aquí los bandos no son rojos y azules, sino homos y heteros), puedan comprenderse y tenerse aprecio o respeto en una situación tan delicada como es una guerra. Si me apuras, en ninguna situación y lugar, pues la historia que transcurre en el presente es también estanca. La única persona hetero de la trama que se desarrolla en la actualidad es la madre amargada y desastrosa que encarna Lola Dueñas con su convicción de siempre.

Para Los Javis, el mundo homosexual y el hetero apenas se tocan. El que no ha salido del armario puede deslizar miraditas turbadas a los marineros cántabros (ya os vale, la pasarela Jean Paul Gaultier), o a la espalda desnuda del preso o a los cuerpos de la tropa bañista que corre y juega en pelotas a cada rato. Pero nadie se descubre y se tolera. La condición se preserva, se oculta, se calla o se comparte con los que también "entienden". 

Quizá la vida sea más bien así, pero eso significaría que apenas se registra ningún avance. Porque ese Madrid de bohemia y transformismo que añora el personaje de Penélope Cruz (excelente aquí), es sobre guion una añoranza impostada. Aquel no era el Madrid de "la movida", coño. Ni siquiera el de los artistas en el que la cabaretera se movería contaba con demasiada libertad para exhibir según que atributos. El propio Lorca es el mejor ejemplo. 

Por lo demás, la trama está bien armada, con su trenza de historias en tiempos y realidades diferentes, la literaria, la histórica, la investigadora. Aunque no todos los intérpretes estén a la misma altura y, junto a hallazgos como Guitarricadelafuente, se cometan errores como el de Milo Quifes o Abert Pla.

Los Javis siguen teniendo oído para salpicar los parlamentos con detalles naturales muy logrados, pero casi rozan ya esa línea roja que hay entre la frescura auténtica y la artificiosidad de tesis. Entre hacer películas y dar discursos. Están recorriendo el camino de Almodóvar al doble de velocidad. Esperemos que el éxito no entierre el talento que han demostrado hasta ahora. 

 

Tom Skerritt


 Ya solo quedan ellas, Tom, no hay alien que las tumbe.

Buen viaje sin Nostromo a este gran actor, que nunca llegó a estrella ni falta que le hizo. 

viernes, 23 de octubre de 2026

El poder de la red


Aaron Sorkin vuelve a la carga, retomando a uno de sus juguetes rotos pero ricos y peligrosos, o sea, Mark Zuckerberg. Aunque ahora ya no es un chico inseguro con el que se puede empatizar, sino un amargado magnate (monocorde Jeremy Strong), preocupado exclusivamente por el acoso gubernativo y judicial y por las cifras de sus logros, en clics y en beneficio económico puro y duro. Para esta película, el todopoderoso inventor y propietario de Facebook, ahora META (si le añadimos Instagram, WhatsApp, Messenger...), se ha convertido en el epítome del capitalismo más descarnado, del que Sorkin es permanente azote en sus pelis-alegato. Son bastante más humanos sus colaboradores, los que le ayudan a preparar la comparecencia ante comisiones del Congreso, jurados y prensa. En ellos se cuela con razonable naturalidad el carácter didáctico y preventivo que aporta este film sobre el poder de la red.
 
Nota aparte merecen los otros dos personajes de fuste que justifican la historia y acentúan el interés por seguirla de principio a fin, aunque sea a última hora en un multicine de barrio dormitorio. Estos son la tecnóloga Frances Haugen (muy bien encarnada por la joven Mikey Madison) y el analógico periodista de investigación Jeff Horowitz (a cargo del camaleónico y solvente Jeremy Allen White).  Hacen una buena dupla en pantalla, cada vez que la comparten la película crece, aunque siga pecando de didactismo excesivo. 
 
El conjunto, gracias a un ritmo muy medido y al talentoso guion (nadie dialoga como Sorkin), resulta notablemente interesante. Solo flaquea un poco al emplear como ejemplos de polarización y grupos de odio los de un extremo del tablero y nada más que esos. Es cierto que ningún ejemplo es tan ilustrativo y cinematográfico como el que encarna la turba que asaltó el Capitolio en 2021, pero en las meras menciones, informes y videos colgados en la red se pudo incluir más odio que el que generan los proTrump y a la derecha de Trump. 
 
Seguramente, es pedirle demasiado al brillante Aaron Sorkin, a estas alturas "ultrademócrata". ¿Tendrá grupo en Facebook?