Un año después (2024), llegó Civil War, precedida de halagos a su originalidad, a su temática, a su crudeza... Quedémonos con la crudeza. Al director Alex Garland le pasa lo que a Villeneuve: cuanto más grande es el presupuesto, peor le sale la película. Y cómo consigue más dinero cada vez, sus películas van decayendo inexorablemente.
Civil War cuenta un conflicto armado total en los USA actuales. Es muy solvente en la producción, las localizaciones, los ambientes, la fotografía (aquí esencial), el rodaje de la acción y la violencia. Los protagonistas de la película son unos pocos foto-periodistas y plumillas que la cubren.
Por supuesto, nuestro reportero de guerra vivo más mediático, es decir Pérez Reverte, ha elogiado su verismo en cuanto a la actitud de la prensa en frentes de batalla. Pero aquí no hay un solo motivo para esa guerra civil mínimamente explicado. Ni se mencionan por encima las coartadas políticas que convierten a Estados Unidos en un país sumido en el caos militar y paramilitar, los motivos de unos y de otros para sumergirse en el horror que genera una guerra civil de colosales dimensiones. Prescinde del detonante, del desarrollo de la guerra sobre un mapa antes y mientras avanzan los hechos. En fin, prescinde de todo lo que no sea violencia y captación de la violencia con el objetivo de una cámara de prensa.
Y mira que lo tienen a huevo, con un par de entradillas de reportero con micro mirando a cámara habría resuelto casi todo. O con un telediario entrevisto durante el viaje y alguna conversación intimista que rasque la superficie. Es la tragedia del guion, quizá del propio foto-periodismo moderno, rascar solo la superficie del drama, sin desentrañarlo. Quizá por eso importa tan poco la misión que se han autoimpuesto los periodistas del film. Y ya que ha salido Pérez Reverte a relucir: casi resulta más interesante el sueño de Carmelo Gómez de captar la voladura de un puente yugoslavo en Territorio Comanche.
En esa película que adaptaba novela, aquella guerra terrible y liosa de los noventa se entendía mejor. El sensacionalismo, también.










