martes, 18 de agosto de 2026

Al final de Oak Street

 

Con los años nos damos cuenta de que el verano lo excusa casi todo. 

Uno de los pecadillos más frecuentes del estío es ver películas malas en sala, a sabiendas. Cuando niño, podías zamparte varias de diferente género y catadura en uno de esos cines armados frente a un patio de vecinos con pared trasera blanca y ventanas en los laterales, sillas de hierro y mar de cáscaras de pipa bajo los pies. 

Aquellas pelis, descarada serie B o clásicos salpicados de heridas, amputaciones y sonido de lata, colmaban nuestra ansiedad durante dos horas en las que los padres (él y ella), soñaban con noches a solas por completo desaparecidas. Los novietes, al amparo de una oscuridad muy discutible, se metían mano frente a Godzillas baratos, cowboys sin caché o exploradores de selvas por transparencia. Todo muy vintage y entrañable.

Con el tiempo, de los cines de verano saltamos a los refrigerados de butaca, en los que meterse mano era más cómodo. A efectos cinematográficos, algunos de los estrenos ochenteros tampoco tuvieron mucho más que un pasar para el adulto que pagaba los tickets y vigilaba adolescentes por el rabillo del ojo. Pero los ochenta (sin pipas, con palomitas), eran otra cosa y varios de aquellos títulos han acabado convirtiéndose en clásicos con celebraciones de aniversario. Véanse Los Goonies o Gremlins

Nada de esto pasará con la de hoy. Ya no hay cines de verano al aire libre, los cerrados de butaca en zonas de playa mueren de consunción y las chatarradas de agosto van a tener un envejecer detestable, para niños y adultos, caso de que las vean. No mejorarían ni con amputaciones del metraje.

La sala estaba prácticamente vacía: nosotros dos sintiéndonos una pareja de jubilados antes de serlo,  un grupito de tres amigos inclasificables (¿qué se les había perdido allí con veinte años?), otros dos deslavazados a nuestra espalda y una prosti del puerto haciendo tiempo para que la noche se animase de verdad. Creo que teníamos más potencial que la pandilla de anormales residentes Al final de Oak Street, una película que no se sabe si va en serio o en broma, si es de ciencia ficción, de aventuras, familiar (la familia que sobrevive unida permanece unida), terrorífico-normativa, woke o heteromierder.

El asunto va de una inesperada traslación del barrio de Oak Street a 140 millones de años más atrás del jurásico (cuyo nombre y animalejos deben estar vetados por derechos adquiridos en Spielberg y asociados entertainment). Allí, Ewan McGregor y Anne Hathaway, dos intérpretes notables con irregular carrera, de los que no garantizan otra cosa que la salud de sus cuenta bancarias, ejercen como padres "loser" de dos adolescentes aspirantes a "loser" (ella lee sobre el tejado, él tira con arco casero). Para ponernos en contexto, todo transcurre en un barrio de los ochenta (nostalgia trampa) y la historia empieza larguísima y mal traída. Luego, unas luces nocturnas y ya están los dinosaurios allí, comiendo vecinos. Especies de dinosaurios no registradas, se entiende. 

¿Y la familia? pues tomando decisiones absurdas de manera ininterrumpida. ¿Las víctimas con frase? Por completo irrelevantes, ni para la progresión narrativa valen ¿Las explicaciones pseudo-científicas? Escasas, pero casi mejor no darlas. ¿La solución? Un delirio con descojone (en la sala, claro). En fin, la chatarrada mayor del año, puede que de la década. Perpetrarla solo ha costado la friolera de noventa millones de dólares. Ole por el director, que convenció a la Warner.

Al final de esta calle llamada Oak debieron tener un cine echando Hace un millón de años. Al menos habríamos podido ver fugazmente a la Welch y su bikini prehistórico. Será que el director no la conoce o que ha tenido el mínimo pudor de no remontarse a las chatarradas con pedigrí. Qué espanto.  

miércoles, 5 de agosto de 2026

Spiderman brand new day

Sony y Marvel se pusieron de acuerdo en derechos y dividendos y Tom Holland se quedó como Spiderman, con Zendaya por novia y Jacob Batalon como amiguete. Bien, muy bien, a veces el dinero anima a decidir con sensatez (y rápido). 

Seguramente por ese nuevo acuerdo, la peli huele un poco a reseteo. Hay que salir del lío que se montó en la anterior con los universos y las desmemorias. Pero también incluir un nuevo super-misterio para ser resuelto por el héroe, añadirle una pizca de problemas arácnidos y peter-problemas, invitar a algunos compañeros ilustres (Hulk y Punisher en cabeza), y mezclarlo todo en la batidora de un guion que se respete a sí mismo. 

Les ha salido estupenda, al menos para los fans, entre los que me cuento. Spidey siempre fue el mejor, el más ingenuo y divertido, el del corazón puro, agilidad arrolladora, fuerza imparable; quien elevaba con su presencia cualquier otro protagonista de Marvel, en sus cómics o en los de los demás, en una película o en cien. 

Tu amigo y vecino, una red segura contra blockbusters vacíos de los que el verano está lleno.    


 

jueves, 23 de julio de 2026

Torrente presidente

 

Cuando esta película iba por los doce millones de euros recaudados en salas, escribí como comentario en un blog vecino (elblogdelcineespañol.com), lo siguiente:

Con el panorama nacional que tenemos, va a pasar de 30 millones. Está el respetable muy receptivo a las burlas torrentianas hacia esa patulea de todo signo que dice representarnos y nos chulea sin sonrojo.

Es una película que acierta con el momento, como en su día lo hizo la muy corrientita “Ocho apellidos vascos”. No era tanto la película como el momento social. Segura se va a hinchar, aunque escueza a los bien pensantes.

Alcanzó los 29 millones en salas y no sé los clics en Netflix.

La he visto, por fin, y me ha costado. En streaming y dedicando cuatro sesiones para llegar hasta el final. Quizá viéndola en sala de cine llena el efecto contagio me la hubiese reconvertido en descacharrante comedia, pero no lo creo. Y eso que no soy bien pensante.  

Claro, que tampoco soy seguidor de las sagas de Santiago Segura: me planté en el segundo Torrente (la primera secuela es casi obligada) y vi un Padre no hay más que uno que me sobró. Después del primer Torrente (buena, en mi opinión), solo he visto una película suya que me pareció muy aseada. Se llamaba Sin rodeos (era el remake de un éxito chileno o de por ahí) y lo único que no estaba bien en ella resultó ser un papel que hacía él de brujo adivinador o algo, muy paródico, pero afortunadamente corto (me da que lo solventó así para ahorrarse un actor y darle un hueso a los fans).

De Torrente y todas sus entregas, me quedo con el mérito de acuñar un personaje longevo y querido por el público, por mucho asquito que dé. Como a Stallone siempre habrá que reconocerle Rocky, aunque lo haya estirado como un chicle.

Segura tiene un producto que funciona por su humor sarnoso y mugriento, no apto para todos los gustos. Aunque creo que la risa aquí nace, en gran medida, del cabreo nacional necesitado de algún tipo de catarsis. Porque lo que me parece sintomático es que quienes más criticaron a Segura en medios digitales y redes durante su éxito arrollador en cines fueron los ofendiditos (¿se dice así?) de izquierdas, mientras que los de derechas no parecían incómodos con la burla, como si las chanzas del personaje fuesen oportunas, porque zurraban al gobierno y a los derechistas malvados o frikis metidos a salvapatrias para esquilmar.

Lo único que parece claro es que ambos tipos de hooligan ideológico están fuera de la realidad. En la suya han convertido un producto de masas también en un producto de bandos. Un sindios, digno de películas mucho más divertidas que ésta.

Cruda y burda, ideal para incondicionales, Torrente presidente va a constituir, ella sola, el 25% de la recaudación total del cine español en salas. Y si la cuarta de Tadeo Jones pincha, el 30 o el 35. ¿Alguien de la malquerida industria extraerá enseñanzas de un fenómeno semejante o intentará la autocrítica? Hagan sus apuestas. 

domingo, 19 de julio de 2026

La Odisea

 

Es de agradecer a Nolan el esfuerzo por ser fiel al poema épico, canto a canto, y es comprensible su interés por la obra de Homero y el rigor que ha puesto al adaptarlo: La Odisea original está llena de flash backs, cosas que pasan antes pero se cuentan luego y en fin, esos modos narrativos que le pirran a Christopher.

Matt Dammon está espectacular como Odiseo / Ulises, Anne Hathaway como Penélope funciona a la pefección, también Robert Pattison de Antinous (el pretendiente intrigante y cobarde), Tom Holland interpretando a Telémaco da razonablemente la talla, Charlize -Calipso- Theron justifica siete años de desmemoria y John Leguizamo hace un estupendo Eumaeus. La tropa con caché o el Menelao de Jon Bernthal encajan sin gran problema. Lupita Nyong´o como Elena de Troya es por descontado lo más discutible, más que el revuelto étnico en soldados, sirvientes y sacerdotes, que la antigúedad también estaba muy movida y el Mediterráneo traía y llevaba gentes de todas partes, tanto o más que ahora. 

La ambientación, el sonido, la omnipresente música... todo milimétricamente Nolan, un director que conoce las reglas, respeta la tendencia o incluso la crea. Y por lo narrativo, el desorden de la casa pero atado en corto por Homero. Para la posteridad, una vez más, la historia del caballo, de lejos lo mejor de la película. Solo lo de la diosa Atenea - Zendaya no se entiende muy bien hasta el final (incluso entonces el profano necesitará ir del asterisco al pie de página). 

Vamos, que notable. Tampoco hay que levitar, eso se lo dejo al crítico de El Mundo y otros favorecidos por los dioses. 


 

domingo, 28 de junio de 2026

El día de la revelación

 

Steven Spielberg no tiene ya nada que demostrar, así que se ha dado el lujo de volver a sus temas favoritos. Es decir, que esta vez juega en casa: vida extraterrestre, conspiraciones gubernamentales, involuntarios héroes perseguidos por medio país, recuerdos de infancia... la tercera fase puesta al día, pero no en remake, sino buscando una manera nueva de contar lo que el chico de la gorra lleva sosteniendo toda su vida, que no estamos solos en el universo.

La película carga con el lastre de tantas representaciones de lo tecnológicamente sobrenatural como llevamos vistas desde aquella nave que se comunicaba por notas musicales. Así que esta vez es mucho más apasionante el desarrollo que el desenlace. Entonces, el encuentro final de Melinda Dillon Richard Dreyfuss con la vida extraterrestre era lo más grandioso de la película y aquí en cambio, el momento equivalente de Emily Blunt y Josh O´Connor me resultó lo de menos. 

Dicho esto, Spielberg tiene setenta y ocho palos, pero no se le notan. ¡Joder, si hasta sabe usar el dron solo cuando hay que usar el dron! Larga vida al viejo Steven, aquí  o en futuras galaxias, donde seguro que proyectarán sus pelis para pasar el rato en los largos viajes interestelares. Espero que no tomen demasiado en cuenta lo que muestra de nuestra terrible especie. 

Muchos dicen que la prueba definitiva de que hay vida inteligente en otros planetas es precisamente que no vienen.  


 

lunes, 22 de junio de 2026

Toy Story 5

 

Volver a la pandilla toy es siempre un placer. Debe de serlo en Pixar y lo es para los espectadores. Esa es su ventaja y también su punto débil. Quieres que vuelvan a sorprenderte, divertirte y conmoverte y cada vez es más difícil, no ya superarse, sino llegar al listón. 

El final de lo que bien pudo ser una trilogía perfecta, no dejaba nada para el futuro. Aquel Andy con el coche aparcado frente a la valla de la niña Bonnie, entregándole los juguetes uno a uno, contándole sus cualidades hasta llegar a Woody... Esa última tarde jugando sobre la hierba con sus viejos amigos, el genuino disfrute del chico que va a crecer en cuanto se ponga al volante y de la niña solitaria e imaginativa, es un momento absolutamente impagable que no se puede superar.

Así que la cuarta entrega fue como cambiar de Bond después de Connery: un patinazo. Sin un solo personaje memorable nuevo ni una escena para el recuerdo. Sin molestar, claro, aseada de ver, moderadamente divertida, trepidante, emotiva.... moderadamente todo. Pero la verdad es que cuando entré en la quinta entrega, no recordaba ni cómo había acabado cada personaje, quién seguía con niño y quién al raso. 

Toy Story 5 está mucho más cerca de las tres maravillas primeras que de la cuarta, porque vuelve a su espacio natural, las habitaciones de infancia, los jardines con valla, las calles entre viviendas unifamiliares de barrios idílicos USA, pero esta vez con pantallas comiéndose la tostada. De eso va esta entrega, del duelo entre los juguetes tradicionales y las "consolas", tablets y otras mierdas enchufables de ayer y de hoy. Dinamismo, perfección técnica, sus pizquitas de humor y una moralina de ni pa ti ni pa mí, dejarán razonablemente satisfecha a la chiquillería y, por eso mismo, a los adultos que les acompañen. Pero si fueron niños cuando esto empezó o padres más jóvenes, sabrán que "hasta el infinito y más allá" no es una frase que se pueda aplicar a la longevidad narrativa de una saga. 

La calculadora, ya saben, es otra maquinita de mierda, aunque vaya a pilas.

 

lunes, 15 de junio de 2026

Post de retales y perla

Finch, para la Apple TV de 2021. Produce Robert Zemeckis, el mismo de Naúfrago. En ésta, el papel de "Wilson" oscila entre el carrito de la compra, el perro y el robot humanoide. Tom Hanks demuestra sin mucho esfuerzo que de carisma anda sobrado (no sé ahora que se ha quitado la barba y la delgadez afila su edad). La puesta en pantalla pide a gritos un talento para la tensión y la lágrima como el de Spielberg, que no asoma ni cuando llegan al Golden Gate. En fin, un aprobadillo por ser Tom quien es. 


53 domingos. Cesc Gay para Netflix se muestra más blando y superficial de lo que suele, pero igual de fácil de seguir y disfrutar. Todo rezuma teatralidad en este encadenado de citas familiares para abordar el futuro de un padre anciano, con la hija sacrificada, el hijo victimizado y el egoísta. Por desgracia, no rasca apenas en lo que duele, ni con humor negro (le da a los mcguffins más protagonismo que a lo mollar), pero se ve con agrado. Un 6,25 en plan profe cicatero con las décimas.
 


La mujer crucificada. Mizoguchi es otra liga. Ochenta minutos de oro para una historia que levantaría ampollas en los años cincuenta y que hoy no tiene quien la escriba y la dirija con ese nervio libérrimo y furioso. Burdeles mínimamente maquillados, mujeres empoderadas en el barro, curdas japonesas, puteros, amores por interés, suicidas potenciales, teatro kabuki mientras transcurren las traiciones, se cierran negocios sucios o se duerme la mona. Virtuosismo de un clásico del XX. No disponible en plataforma, claro.