Ha muerto con 102 años.
Tuvo la suerte de debutar en la mejor película de Elia Kazan, La ley del silencio, dándole la réplica a Marlon Brando. Después, Hitchcock la puso a hacer de Grace Kelly, a falta de Grace Kelly, acompañando a Cary Grant en uno de sus títulos mayores, el canon de las intrigas internacionales con mcguffin: Con la muerte en los talones. Para redondear, se codeó con Paul Newman en su esplendor y a las órdenes de Otto Preminger con Éxodo y se marcó una de terror apache, La noche de los gigantes, en la que Robert Mulligan se las hacía pasar muy perras a Gregory Peck. Fijaos en la cantidad de palabras en negrita que tiene este breve párrafo. Solo cubre catorce años de carrera, en la que se pueden añadir trabajos para Edward Dmytryk, Fred Zinnemann, John Frankenheimer, Vincente Minelli o Norman Jewison.
Luego empezó a dejarlo, se pasó a la tele y envejeció.
Dónde hay que firmar.


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