martes, 10 de enero de 2012

Un título pendiente: Incendies


Oriente Medio es por desgracia la metáfora del mundo. Una metáfora poco sutil, nada hermosa, difícil de tragar. Las religiones excluyentes, los odios atávicos y las costumbres implacables se aderezan allí con las especias habituales: armas de fuego, guerreros sin uniforme, cárceles silenciadas y tanques de ocupación.

Incendies se carga todo eso a la espalda y lo desplaza en tiempo y espacio con pericia y tremendismo, equilibrando brillantemente lo terrible del caso y la frialdad con la que se expone. Una chica tenaz y una madre desesperada atraviesan la historia y llegan hasta el final sin perder su aplomo. El espectador acaba más desecho que ellas.

El mundo sigue girando, con todo y su horror, y parece que algunos cineastas no se lo perdonan.


lunes, 9 de enero de 2012

Un dios salvaje


Polanski se encierra como suele en sus mejores películas y recurre a un buen libreto teatral y a cuatro actores de primera fila para mostrar con humor y crueldad lo que hay bajo la cáscara de la corrección política en el mundo avanzado. Lo hace en menos de 80 minutos y puede que le sobren tres o cuatro.

Al final, los límites a su ansiada armonía se los pone a sí misma la humanidad salvaje: Antes de revestirse de modales, los niños se dan de hostias en el parque y resulta curioso lo de los modales, porque después de un par de whiskys los padres también se liberan de ellos.

En fin corrosión concisa, divertida y un punto deprimente. Para rubricarlo, hay un quinto personaje: el teléfono móvil. De hecho, es quien cierra la discusión.

Os dejo, que me está sonando.


martes, 3 de enero de 2012

Touché


El primero del 2012, maldita sea.

Ha muerto Bob Anderson, el que enseñó esgrima a Errol Flynn, a Iñigo Montoya (tu mataste a mi padre prepárate a morir), a Darth Vader, a Colin McLeod, Juan Ramírez Connery Sánchez Villalobos y los demás inmortales, al Zorro Banderas, a Aragorn, a Alatriste, a Sparrow y a muchos más.

Tanta esgrima feliz en la pantalla grande y un sólo espadachín detrás inventando los duelos. Si Pérez Reverte dibujó un maestro de armas literario, seguramente Bob tiene parte del mérito, porque la mayoría de los que se han encariñado con la plástica esgrima lo han hecho gracias al cine.

Empezó el año. Con o sin Bob, como diría don Arturo: no queda sino batirse.

sábado, 24 de diciembre de 2011

El día mundial de James Stewart


Os deseo a todos una feliz noche y unas Felices Fiestas.

Y si esta tarde, alguna cadena de televisión pone esta película en blanco y negro en la que James Stewart lo pierde todo el día de Navidad y comprende después el valor de su propia vida para él y quienes le rodean, no dejéis escapar la oportunidad de verla.

Es el mejor regalo que el cine puede darnos un dia como hoy.

Feliz Navidad

viernes, 23 de diciembre de 2011

El Havre


Cuando prácticamente todo el menú cinematográfico navideño esté servido, Aki Kaurismäki estrenará la última de las suyas: El Havre. Esta vez, Aki ha puesto su originalísima mirada en una de las más tristes realidades de esta Europa nuestra, que se llena la boca con declaraciones en apoyo de los países desfavorecidos mientras manda a su policía a rastrear, confinar y expulsar a los que vienen desde allí intentando salir adelante.

El Havre cuenta la historia de Marcel Marx, un anciano escritor dedicado a limpiar botas, beber vino y querer a su lacónica esposa, hasta que un buen día conoce a un niño de Gabón que ha entrado ilegalmente en el país y huye de la policía para reunirse en Londres con su madre. Mientras la mujer de Marcel se encuentra ingresada por una enfermedad terminal, éste da cobijo al muchacho para que no sea deportado y pueda alcanzar su destino.

Apenas poco más: unos parroquianos en el bar, unos cuantos comerciantes de barrio, una vieja gloria del rock francés, un policía anticuado y un soplón.

Con esos ingredientes, Kaurismäki cocina una de esas austeras pero sabrosas sopas finlandesas marca de la casa, de las que te ponen taciturno pero te confortan. Y lo hace sin sermones cinematográficos, a través de su humor frío pero descacharrante (¿cómo se consigue eso? pregúntenle a Aki), acertando en el enfoque, con moderado optimismo y mucha humanidad. La que demasiadas veces falta en los países “avanzados” con las personas que representa este chico de Gabón. A lo mejor por eso la película se estrena el 28 de Diciembre: es el día de los inocentes.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Esta tierra es mía


Anoche soñé que volvía a Manderley…

Un aula. Un aula antes de que llegue el maestro. Un aula donde los niños se zurran la badana y preparan un recibimiento lleno de humillaciones a quién debería inspirarles un mínimo de respeto. Un aula que es, sin saberlo, el corazón de un pueblo con su monumento al soldado desconocido de la anterior guerra, invadido por los artífices de una guerra nueva, en realidad siempre la misma, la de los sueños imperiales que acometen periódicamente a las naciones.

Un maestro. Un maestro solterón, bondadoso y apocado, que vive bajo la castrante protección de su madre y ama en secreto a su bella y valiente compañera de trabajo, novia del atractivo hombre de negocios local. Un maestro incapaz de declararse a la mujer que quiere, incapaz de enfrentarse a sus obligaciones cívicas o de animar con su ejemplo a los alumnos. Pero inteligente, sensible y generoso.

Un colaboracionista. Acomodado, crédulo, delator, el auténtico cobarde del drama. Inepto para comprender el alcance de sus actos hasta que la verdad de sus nuevos amigos se descubre sin estridencias, con la suavidad con la que se invita a obedecer sin límites para que sean otros los que mueran.

Una mujer. Una mujer con las ideas muy claras respecto al ocupante. Pero con el corazón nublado frente a su peligroso prometido y un hermano secretamente heroico, sus más cercanos afectos. Una novia de luto, resuelta a pesar de todo, que resiste cada sacrificio sabiendo –como sólo las mujeres saben- que es así como se gana.

Un saboteador. Escurridizo, implacable, camuflado bajo una cordialidad con el invasor que le gana el desprecio de sus seres queridos, pero consciente de que la vida de todos y la libertad de la nación están en juego. Que los inocentes no mueren en su lugar, sino con él y cada día.

El verdadero saboteador. El comandante alemán que lee a Tácito y busca cómplices para una “ocupación pacífica”. Un saboteador al que se descubre en toda su crudeza mucho antes de que empiece a fusilar vecinos del pueblo: desde que ordena arrancar las páginas de los libros de Historia, por las propias manos de los alumnos, por indicación de sus maestros, en el aula donde la dignidad perdida acabará recuperándose.

Y un discurso. El discurso que nadie quiere escuchar, porque la Francia enmascarada como “algún país de Europa” estuvo llena de autoridades, comerciantes y madres aterradas que preferían estrechar con desagrado la mano del enemigo antes que sacrificar sus puestos, sus negocios o a sus hijos.

Esta tierra es mía es una película de Jean Renoir, el autor de Boudou salvado de las aguas (1932), Una partida en el campo (1936), Los bajos fondos (1936), La gran ilusión (1937), La regla del juego(1939) y El río (1950). Ahí es nada. Pero la hizo en Hollywood y eso siempre tiene detractores. Además, la segunda película norteamericana de Renoir se planteó como una más de propaganda entre las muchas en las que se ocupaban los estudios a mediados de los años cuarenta. En realidad, esas cosas no importan lo más mínimo cuando el trabajo está en manos de personas con semejante talento: el director Jean Renoir, el guionista Dudley Nichols, el actor Charles Laughton.

Si alguien quiere enfrentarse a un cine comprometido de verdad no le remitiré esta vez a Manderley, sino a una humilde aula de escuela provinciana, a unos niños que ya saben lo que merece más respeto, a un libro del ejecutado profesor Sorel que su temeroso discípulo salva de las llamas, a la lectura de la Declaración de los Derechos del Hombre por Charles Laughton ante sus alumnos en los 5 minutos finales de esta película.

No conozco un modo mejor de recordar lo que a veces significa el cine y lo que debería significar siempre la palabra “ciudadano”.

(Publicado en la revista Culturamas, diciembre 2011)

viernes, 16 de diciembre de 2011

El topo



En Inglaterra hace un tiempo perro. Por eso sus espías bienhumorados trabajan fuera de la isla. Los que se quedan en Londres respirando grisura y humedad, del despacho al archivo, del piso vacío al piso franco, van estropeándose el carácter y la fe en la causa. Los tiempos heroicos de la Guerra Mundial quedaron muy atrás, sustituidos por la Guerra Fría. Y con tanta frialdad, frialdad hasta en los huesos, la traición puede ser meramente estética, una forma de sacudirse el aburrimiento mortal que produce ir a la oficina con maletín de funcionario, comentar las posibilidades con la última rubia de la plantilla y discutir de presupuestos.

Es el universo del mejor Le Carré, donde el espionaje se convierte en un estado del alma, filmado con precisión y la carga justa de sadismo latente. Desesperanzada, axfisiante y magnética, la película retrata toda una galería de culpables, donde el que no traiciona a la patria traiciona a sus amigos, a sus amores, a sí mismo. Donde el enemigo prende sus trampas con tu misma llama y la victoria carece de sabor.

Una gran película que se estrena, quién sabe porqué, con el inicio de las Navidades. Pausada, densa y peligrosa como una ciénaga.