lunes, 23 de octubre de 2023

Los asesinos de la luna


Vaya por delante que ésta de Scorsese es la penúltima película en lo que le queda a 2023 cuyo estreno en cine me importa. O lo que es lo mismo, que es de las pocas por las que estoy dispuesto a pagar la entrada. Para los que, además, miden las experiencias (película, novela, obra de teatro, exposición o concierto) "al peso", tiene el valor añadido de durar tres horas y veintiséis minutos.

Ese es el talón de Aquiles de Los asesinos de la luna: dura demasiado. El asunto está claro desde el minuto uno o cualquier trailer que te lleves a la boca. Todo está primorosamente construido, localizaciones, ambientación de época, puesta en escena de una sociedad mugrosa en poblaciones sin glamour, manchadas de sangre y petróleo. La mayoría de personajes se trazan con pulso y trastienda, aunque algunos sólo tengan pulso o trastienda (hermano e hijos de Ernest, pareja/amante de William Hale). 

Los estallidos de violencia y el crimen principal y más escalofriante, que es el que no se consuma, son tan solventes y estremecedores como pide una del viejo Marty. Estrellas como Leonardo DiCaprio y Robert De Niro le otorgan lustre al desarrollo y la galería de secundarios importantes da la vuelta a la manzana. El impagable casting fisonómico es también marca de la casa. Los diálogos lucen ingeniosos y naturales. La banda sonora, un poco monótona, es igualmente buena y tiene el buen gusto de no cubrir el metraje entero.


Pero, con todo eso brillando, bastante razón tiene el Variety cuando califica la película-caso de "masacre a cámara lenta que se ahoga tanto en los detalles que  pierde el hilo". Estoy de acuerdo en eso con el crítico Peter Debruge. A la película le falta linealidad, se demora en demasiadas cuestiones tangenciales perfectamente prescindibles (por ejemplo, la masonería de William, los robos y timbas, los parlamentos en indio subtitulados a capricho, la voz en off que va y viene sin criterio claro). Hay elementos, en cambio, que por falta de explicaciones quedan confusos, al extrañamiento o interpretación ciega del espectador. 

Con un punto de partida más sintético, Scorsese y su eterna montadora Thelma Schoonmaker hubiesen concretado una propuesta muy potente. Su talento, no obstante, queda más que plasmado en una historia en la que el ritmo y el interés no decaen en ningún momento. Es al final del viaje cuando te preguntas si las escenas debían durar lo que duran y si todas eran necesarias. Puede que Scorsese y Thelma se vean ya tan al final del camino que no quieran sacrificar nada de lo que tanto esfuerzo cuesta levantar a los ochenta. Lo entiendo en el director, pero no tanto en la montadora que se ha enfrentado a Toro salvaje, Uno de los nuestros, Casino o La Edad de la Inocencia. En fin, parece que han crecido en metraje ambos a la par: ni El lobo de Wall Street, ni Silencio, ni El irlandés (también del tándem Martin-Thelma, las más recientes), moderan su extensión en material rodado o su montaje. 

Así que toca dejarse llevar, que el espectáculo, en cualquier caso, está servido. Que vuelve el De Niro que nunca debió marcharse y el hallazgo de Lily Gladstone como la impenetrable y romántica Molly. Sólo lamento que Di Caprio esté casi todo el tiempo en pantalla, porque su rictus de pueblerino pasado de whisky y entendederas limitadas acaba agotándome. A lo mejor fue eso lo que se me hizo largo.

 

1 comentario:

  1. Para los que, además, miden las experiencias (película, novela, obra de teatro, exposición o concierto) "al peso", tiene el valor añadido de durar tres horas y veintiséis minutos.
    Ese detalle igual que atraerán a unos, espantará a otros.
    A mi desde luego, después de El Irlandés, todo lo que sea llegar a las 3 horas o mucho peor, pasarlas, me espanta del Sr. Martin, además tengo la costumbre de aunque me cueste, terminar la película.
    Esta peli creo que va a ser algo indigesta y desagradable y como últimamente evito pelis así, pues tardare en verla, desde luego no el el cine, por muy cine de altura que sea.

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