lunes, 17 de noviembre de 2025

Frankenstein

Lo de que adaptar Frankenstein otra vez al cine fuera el sueño de toda la vida de Guillermo del Toro es irrelevante. ¡Vete a saber! las campañas de marketing son hace mucho capaces de todo y los abajo firmantes no están para tachar slogans promocionales de sus películas, mucho menos las que produce Netflix, que continúa imparable su neo-posicionamiento de "telecinco del straming". Quiero decir que bastante habrá tenido Guillermo con hacer la película que quiso hacer con dinero de la N, pasando así al exclusivo club de directores de renombre, contratados para compensar tanta chatarra, que se mantienen fieles a su universo y estilo (apenas lo han conseguido Scorsese, Cuarón, Bigelow y él). 

Del Toro ha hecho una gran adaptación en todos los sentidos: en la esmerada y apabullante producción, en el reparto de campanillas, en la razonable fidelidad a la novela de Mary Shelley (incluso encuentra sitio para poner el poema más célebre de Percy). 

Sus licencias respecto al original son asumibles, por pensadas y aplicadas con grandes dosis de técnica, fantasía y genuino romanticismo. Hasta consigue sortear la tentación del espectador avezado para reírse con personajes que parecen extraídos de El jovencito Frankenstein, como el ciego solitario.

Solo pesa la memoria de los talluditos, que conocemos los precedentes. Aunque es muy probable que el "monstruo" de Del Toro se parezca más al de Mary Shelley que ninguno de los retratados antes, con o sin el adorable Karloff. Cosa distinta es la capacidad icónica de ciertas imágenes y caracterizaciones, difíciles de sustituir en la hollywoodiense inmortalidad. 


martes, 11 de noviembre de 2025

Los tigres

La última de Alberto Rodríguez recupera para su filmografía al curtido y solvente Antonio de la Torre (casi seguro el actor que mejor ha elegido películas en su generación) y a la siempre magnética Bárbara Lennie para contar una de aventuras con pulso, escenario, personajes y ganas.

Los tigres son dos hermanos buzos (Antonio y Bárbara), inseparables en una peripecia vital jalonada de fracasos, pérdidas personales e inmersiones de riesgo. Gracias a una guion hábil y a una puesta en escena sin desequilibrios, las espectaculares secuencias submarinas empatan bien con la prosaica problemática cotidiana una vez en puerto: clásica pensión de divorcio, problemas de salud cada día más limitantes, peligrosa inexperiencia delictiva...  

Como suele suceder en las de este director, la historia no se pasa de original, pero interesa en todo momento por su narrativa, clásica y firme. Con Los tigres, a Rodríguez le sale una buena peli de aventuras bajo el agua y desventuras en tierra firme, con grandes actores, estupendas elipsis y mucho ritmo.   

Pantalla grande.

viernes, 7 de noviembre de 2025

Los Domingos


El panorama está tan avinagrado en el espacio público (el cine también pertenece a ese espacio), que una película española actual sobre la vocación religiosa, o con personajes que no solo profesan sino que son "profesionales" en la Iglesia, ya parece una obra maestra con tal de que no retrate al cura como un rijoso y a las monjas como intransigentes o malvadas. Invita al pasmo que Los Domingos deje a varios familiares y amigos de la protagonista en territorios limítrofes con la comprensión, la curiosidad, la complicidad o el respeto hacia los delicados asuntos de la Fe. 

La premisa de Los Domingos debe conocerla ya todo España: una jovencita de diecisiete años manifiesta ante su familia el deseo de convivir con una congregación de monjas de clausura, para terminar de resolver así su etapa de "discernimiento vocacional", que ha empezado hace meses sin el conocimiento de nadie de su entorno más próximo.

A partir de aquí, se suceden las reacciones, los interrogatorios, las maniobras de unos y de otros para disuadir o facilitar la huida o el ingreso en la orden religiosa y el convento de tales monjas. Los no creyentes que quieren a la muchacha (excelente Patricia López Arnaiz) no saben como manejar el asunto sin ser tajantes, otros (el padre estupendamente encarnado por Miguel Garcés) se limitan a ser testigos, algunos (como el cuñado Juan Minujín o la abuela Mabel Rivera) buscan que la elección de la joven se ciña al amor a la familia frente al amor a Dios. 

Y en medio, el devenir de la vida no contemplativa, con sus créditos, sus deudas, sus problemas familiares y de pareja, sus fallecimientos inesperados. Cosas todas que cualquiera de nosotros es capaz de entender y sufrir, frente al asombro por incomprensible que produce esa otra vida aislada, casi evanescente de una congregación incapaz de entender (tampoco lo pretende) el mundo de fuera, que solo sabe y puede rezar por él.  

La película, pausada y bonita, de sobria puesta en escena e intérpretes magníficamente escogidos, cuenta además con un empleo de la música tan cuidadoso y pensado como el guion. Creo que Los Domingos se llevará unos cuantos premios esta temporada y que, en la recogida de alguno de ellos, alguien echará ese respeto (tan logrado, tan necesario) a perder.

viernes, 31 de octubre de 2025

Una casa llena de dinamita

Kathryn Bigelow es una cineasta muy notable que en este nuevo milenio ha estrenado sus películas a cuentagotas, y estamos hablando de artefactos muy potentes, En tierra hostil, La noche más oscura, Detroit... Una media ponderada de cinco años separan sus títulos mayores, aunque tuvo otro par de maravillas en los noventa (Días extraños y Le llaman Bodhi). Dirige como nadie cine de acción con poso, no de mamporros por mamporros. En eso es desde siempre una rara avis en Hollywood, tan rígido en sus encasillamientos (cine de hostias dirige un tío, cine sensiblero dirige una tía).

Desconozco si la filmografía más bien corta para una setentona se debe a un bullying profesional, un carácter difícil o una selección escrupulosa de los proyectos, ya no sigo estos detalles de la carrera de nadie. Pero ha llegado hasta aquí rodando, rodando bien y sin que le falten recursos. En esta nueva Una casa llena de dinamita Netflix pone la pasta para hacerla, un estreno técnico lo más rápido que se permita y al streaming.

Así que ella ha hecho algo que no se resienta demasiado por la reducción de la pantalla en la que la veas. Se pega a la historia, los personajes y el ritmo, eso siempre ha sabido hacerlo estupendamente y el resultado te atrapa y no te suelta hasta el final. 

No es de sus grandes títulos. Tiene un arranque formidable que se desarrolla durante cuarenta minutos con una brillantez que presagia más. Luego deja de sorprender, se instala en la idea inicial exprimiéndola, aunque sigue enganchando por su nervio indudable. 

En cuanto al presidente ficticio de los Estados Unidos, empieza a estar manido recurrir a un afroamericano. Hubiera sido más inquietante mantener su ventana de videoconferencias en negro, con una voz no conocida del público dando vida al hombre con más ojivas nucleares de la Tierra, esa Tierra que naturalmente es nuestra casa llena de dinamita. 

Merece verse, como todas las de Kathryn.

miércoles, 15 de octubre de 2025

Todo a la mierda en todas partes

 

He empezado a ver Todo a la vez en todas partes

Me he atascado en la parte contratante de la primera parte (pero ay, sin Groucho).

lunes, 13 de octubre de 2025

La última noche de Diane Keaton

Hay que estar muy segura del propio talento para no tomárselo demasiado en serio, teniendo para regalar. Y la industria de Hollywood tiene un problema (uno de tantos) si es capaz de malgastar a semejante actriz durante casi veinte años. 

Diane Keaton hizo el gamberro con Woody Allen en cuantas películas disfrutaron de la complicidad del actor-directos y la actriz-musa. Fue alternando coñas como Sueños de un seductor, El dormilón o La última noche de Boris Grushenko, con las dos primeras de El padrino de Coppola. Se hizo una interpretación de las que sostienen una película entera en Esperando a mister Goodbar. Regresó a Allen para recoger el Oscar por Annie Hall, además de lucirse en Interiores y Manhattan. Se enredó con Warren Beatty (en cuyas yemas de los dedos querría reencarnarse Allen), haciendo la mastodóntica Reds. Para entonces solo tenía 35 años.

Llegó hasta el final del siglo con algunos triunfos más en la culata: varias de Allen, el último Padrino de Coppola, algunas comedias románticas y dramas de razonable calidad y éxito comercial, en las que compartía cartel con otros grandes como su amiga Meryl StreepJessica Lange, Sissy Spacek o Albert Finney. Hasta productos ligeros y ñoños como Baby Boom, vehículo comercial de libro, o remakes tan innecesarios como El padre de la novia y su inevitable secuela le salían con facilidad.

A partir del 2000 la llamaban para más de lo mismo. Ella lo manejó con elegancia y se hizo hueco en esos repartos corales de este nuevo siglo, con estrellas varias de la misma quinta demasiado maduras para el listón hollywoodiense de protagónicos, no digamos ya los femeninos. 

No obstante, aún se dio el gusto en 2003 de hacer un divertimento con Jack Nicholson, ligarse creíblemente a Keanu Reaves y -trece años más tarde- componer para Sorrentino una monja tremebunda en El joven Papa. Seguía trabajando, luciendo ese look que se inventó ella misma e hizo evolucionar sin imitadoras, derrochando sonrisa y mirada bella y aguda. 

Anoche pusimos en mi casa Misterioso asesinato en Manhattan en su memoria. Diane podría llevar con soltura la gorra de poli de la mujer que comparte la cabecera de este blog y mi vida. Ambas investigarían un crimen de vecindad con igual tesón, inconsciencia y gracia, todos los que estábamos viendo la película lo vimos claro. Así que fue una noche agridulce: Diane se ha ido, pero aún discuto y río con la única que está a su altura.

Adiós, chica de la corbata.

(Retrato de Diane Keaton realizado por el gran José Luis García).


miércoles, 8 de octubre de 2025

Dos veteranos que estrenan

Dos directores veteranos de nuestro cine acaban de sacar película. 
Antonio Hernández se marca un thriller bastante original, apoyado en un buen reparto, parajes hermosos y unas cuantas licencias ficcionales. Agustín Díaz Yanes, más autor, tira de realidad histórica reciente para hurgar en la ponzoña etarra y sus puntos débiles, con heroína interpuesta. 

Los dos cineastas demuestran estar en forma. Al barro: 


Parecido a un asesinato.

Con un reparto vistoso y ajustado, que encabezan Eduardo Noriega y Blanca Suarez, el fogueado Hernández, que realizó maravillas como Lisboa y En la ciudad sin límites y bajonazos como El gran marciano o Capitán trueno y el santo grial, adapta una novela de Juan Bolea y lo hace con ritmo y razonable originalidad en el modo de contarlo.

No sé cuanta promoción le habrán puesto al estreno, pero merecería algo de suerte en taquilla. Aunque la pareja protagonista (Suárez y Noriega), como quizá le pasa a todos los intérpretes españoles sin proyección americana, no son gancho suficiente para las entradas, a pesar de hacer muy bien sus papeles. 

Esta es una película pensada y de buena factura que puede sorprender y gustar. Apenas si resulta inverosímil esa clase de escritor "forrado" gracias a su éxito de ventas. Ni llamándole Arturo. Pero vale para dar lujo a los escenarios domésticos, a las fiestas mundanas, a la casa de montaña.

Aunque los finales felices siguen siendo nuestra asignatura pendiente.


Un fantasma en la batalla

Esta excelente película solo tiene dos peros: que la temática de la guardia civil infiltrada en la banda terrorista ETA ya se usó en nuestro cine hace menos de un año (La infiltrada) y que Carolina Yuste es más carismática que Susana Abaitua. La vasca, por lo demás, también lo hace de coña.

La intriga funciona como un reloj: Agustín Díaz Yanes es un gran director y guionista, aquí ejerce de ambos. Casi es esta segunda película sobre la misma historia más ilustrativa de los modos de aquel ambiente escalofriante de "gudaris y "txakurras". O de cómo fue desmantelándose gran parte del "aparato", secuestros, zulos... mientras los asesinatos continuaban y se "socializaba" el dolor. Esos eufemismos que gastan algunos...

Respecto a la protagonista, la dureza del trabajo en lo que a afectos se refiere queda bastante detrás de la misión, la búsqueda, el miedo o la huida. No se hecha demasiado de menos esa faceta de esta infiltrada, la mejor prueba de calidad de un apasionante relato de gatos y ratones.

Esperemos que ambos directores nos regalen alguna película más, con oficio y talento de veteranos.