
jueves, 19 de noviembre de 2009
lunes, 16 de noviembre de 2009
miércoles, 11 de noviembre de 2009
Celda 211

Un principio escalofriante de puro austero te dice, sin mostrártelo, lo que vas a vivir a continuación: el furor sordo de una ratonera.
Y así es: un tipo corriente sin cuentas con la justicia llega a una cárcel para hacerse con la mecánica del centro en el que va a trabajar y se encuentra con un motín del bloque más jodido, donde tiene que hacerse pasar por recién llegado pero no por eso menos duro que el resto.
El resto es Luis Tosar en el papel de Mala Madre (que no será el papel de su vida porque picará más alto en nuevas películas –ojalá españolas-), y una galería de secundarios que representan de forma solvente a la carne de presidio, en ambos lados de la reja.
Monzón y su cómplice han armado un guión muy hábil, con la dosis justa de tópicos y la verdadera asadura puesta en el transcurso de los acontecimientos y el empaque de voluntades, todo ello excelentemente rodado.
Cada giro resulta inevitable en esta historia de amor y violencia, intereses personales y colectivos, humor y lealtad, asesinos y víctimas. En cóctel (molotov) listo para beber.
Esta es una de esas películas de las que sales cambiando la voz y fingiendo ser muy chungo, como poco expresidiario, sin entrar en las trampas narrativas ni en las pequeñas debilidades actorales. El conjunto es lo que cuenta, arrastra, aprisiona.
Celda 211 es precisa y desgarradora, como un buen disparo. Id a verla.
Y así es: un tipo corriente sin cuentas con la justicia llega a una cárcel para hacerse con la mecánica del centro en el que va a trabajar y se encuentra con un motín del bloque más jodido, donde tiene que hacerse pasar por recién llegado pero no por eso menos duro que el resto.
El resto es Luis Tosar en el papel de Mala Madre (que no será el papel de su vida porque picará más alto en nuevas películas –ojalá españolas-), y una galería de secundarios que representan de forma solvente a la carne de presidio, en ambos lados de la reja.
Monzón y su cómplice han armado un guión muy hábil, con la dosis justa de tópicos y la verdadera asadura puesta en el transcurso de los acontecimientos y el empaque de voluntades, todo ello excelentemente rodado.
Cada giro resulta inevitable en esta historia de amor y violencia, intereses personales y colectivos, humor y lealtad, asesinos y víctimas. En cóctel (molotov) listo para beber.
Esta es una de esas películas de las que sales cambiando la voz y fingiendo ser muy chungo, como poco expresidiario, sin entrar en las trampas narrativas ni en las pequeñas debilidades actorales. El conjunto es lo que cuenta, arrastra, aprisiona.
Celda 211 es precisa y desgarradora, como un buen disparo. Id a verla.
martes, 10 de noviembre de 2009
La celda del cine español.

Cine para el último día del fin de semana largo. Cine de tarde en festivo y en el pase de máxima audiencia. Sala grande de multisala madrileña, película española y aforo a rebosar. Un público informado por los medios más que por los soportes de publicidad al uso, se ha reunido allí en masa intuyendo que lo que va a ver merece el precio de la entrada y el goce de estar en la primera oleada de espectadores para decir a sus compañeros de trabajo “yo ya la he visto”.
En fin, algo poco común, que parece el principio de uno de esos artículos en los que el columnista pone en pie una ficción deseable para ironizar sobre lo que la terca realidad nos depara.
Pero la realidad es ésta: Celda 211 era la película más demandada del lunes 10 de noviembre en multitud de salas de Madrid y del domingo 9 en el resto de España.
Volvamos al lugar de los hechos de los que fui testigo. Rumor de butacas donde todo el mundo anticipa dos horas de espectáculo cinematográfico de calidad. Proyectan un par de trailers (les dedicaremos post aparte) y las luces se apagan completamente para que empiece la película de Monzón. Pantalla en negro y aparición de logotipos de la cadena de televisión metida en el ajo y de las productoras implicadas. Logos de televisiones o canales que han comprado los derechos de emisión y el sector privado termina su desfile en créditos. Ya han sido muchos logos, pero aún faltan los institucionales, Ministerio, Comunidades, Juntas, Diputaciones… Con ello, el listado se prolonga hasta generar (en un público que ha acudido sin escepticismo) una risa generalizada y un poco cruel.
Después, la película arranca con una escena terrible que corta el aliento y pone las cosas en su sitio. La promesa de buen cine se cumple con creces. Nadie al levantarse recuerda cómo empezó todo, sino el excelente sabor que le ha dejado la película que acaba de ver.
Pero esas risas… Algo va mal aquí aunque la industria se revuelva como un tigre cuando se le nombran algunas de sus fuentes de financiación. No voy a entrar ahora en lo pertinente o no del actual sistema de subvenciones. Pero que el apoyo institucional genere ya cierto pitorreo debería suponer un motivo de reflexión para los profesionales del ramo. Convendría identificar –y reconocer- dónde y de qué está presa la marca “cine español”
En fin, algo poco común, que parece el principio de uno de esos artículos en los que el columnista pone en pie una ficción deseable para ironizar sobre lo que la terca realidad nos depara.
Pero la realidad es ésta: Celda 211 era la película más demandada del lunes 10 de noviembre en multitud de salas de Madrid y del domingo 9 en el resto de España.
Volvamos al lugar de los hechos de los que fui testigo. Rumor de butacas donde todo el mundo anticipa dos horas de espectáculo cinematográfico de calidad. Proyectan un par de trailers (les dedicaremos post aparte) y las luces se apagan completamente para que empiece la película de Monzón. Pantalla en negro y aparición de logotipos de la cadena de televisión metida en el ajo y de las productoras implicadas. Logos de televisiones o canales que han comprado los derechos de emisión y el sector privado termina su desfile en créditos. Ya han sido muchos logos, pero aún faltan los institucionales, Ministerio, Comunidades, Juntas, Diputaciones… Con ello, el listado se prolonga hasta generar (en un público que ha acudido sin escepticismo) una risa generalizada y un poco cruel.
Después, la película arranca con una escena terrible que corta el aliento y pone las cosas en su sitio. La promesa de buen cine se cumple con creces. Nadie al levantarse recuerda cómo empezó todo, sino el excelente sabor que le ha dejado la película que acaba de ver.
Pero esas risas… Algo va mal aquí aunque la industria se revuelva como un tigre cuando se le nombran algunas de sus fuentes de financiación. No voy a entrar ahora en lo pertinente o no del actual sistema de subvenciones. Pero que el apoyo institucional genere ya cierto pitorreo debería suponer un motivo de reflexión para los profesionales del ramo. Convendría identificar –y reconocer- dónde y de qué está presa la marca “cine español”
miércoles, 4 de noviembre de 2009
Milenium 2: lo de las cerillas, el bidón de gasolina…

Que siga la racha taquillera. Los de la productora han venido a Madrid, capital del país que más libros de Larsson ha comprado para regalar y han visto que en los vagones del Metro sólo se leen las peripecias de Lisabeth.
Y en caliente se venden mejor los churros, aquí y en Estocolmo.
El resultado es una prota que aún fascina, un Mikael que a mi me sigue pareciendo demasiado fondón para el papel y unos tijeretazos al original libresco que no le hacen ningún favor a la versión en pantalla.
Aquí ya no hay recorte para la mejor comprensión del conjunto sino la seguridad de que quien ve la peli ha leído el libro o se lo leerá después para entender de qué va esto. En fin, que la segunda entrega de la trilogía sigue comportándose norteamericanamente, esta vez para mal.
Pero la caja suena a billetes y Lisabeth aguanta el tipo. Algún lince nos hará un pack en dvd con 3 o 4 horas más de metraje, cursillo para hackers en los contenidos extra y aquí todos contentos.
Estamos en el mercado cultural del siglo XXI. Y ya no se le puede prender fuego.
Y en caliente se venden mejor los churros, aquí y en Estocolmo.
El resultado es una prota que aún fascina, un Mikael que a mi me sigue pareciendo demasiado fondón para el papel y unos tijeretazos al original libresco que no le hacen ningún favor a la versión en pantalla.
Aquí ya no hay recorte para la mejor comprensión del conjunto sino la seguridad de que quien ve la peli ha leído el libro o se lo leerá después para entender de qué va esto. En fin, que la segunda entrega de la trilogía sigue comportándose norteamericanamente, esta vez para mal.
Pero la caja suena a billetes y Lisabeth aguanta el tipo. Algún lince nos hará un pack en dvd con 3 o 4 horas más de metraje, cursillo para hackers en los contenidos extra y aquí todos contentos.
Estamos en el mercado cultural del siglo XXI. Y ya no se le puede prender fuego.
lunes, 2 de noviembre de 2009
Padrino Búfalo
Cine español versus cine de Hollywood (2)
En 1942, el año de la película Casablanca, toda Europa las pasaba negras entre detenciones y abandonos, resistencia y colaboracionismo. Los más afortunados, a mitad de su fuga, bebían en Rick´s Café Americain el champán del exilio y jugaban a la ruleta. Alli aún se atrevían con la Marsellesa y dentro de un piano podía esconderse un salvoconducto.
4o años después, el cine español filmó La colmena que bullía en el Madrid de, precisamente, 1942. El centro de la vida, también en precario, volvía a ser un Café. El Café de doña Rosa, sin cosmopolitismo, sin avión a Lisboa, sin Ilsa. Un lugar para exiliados en su propia tierra que bebían achicoria y agua en un Café donde las mesas estaban hechas con lápidas de cementerio.


4o años después, el cine español filmó La colmena que bullía en el Madrid de, precisamente, 1942. El centro de la vida, también en precario, volvía a ser un Café. El Café de doña Rosa, sin cosmopolitismo, sin avión a Lisboa, sin Ilsa. Un lugar para exiliados en su propia tierra que bebían achicoria y agua en un Café donde las mesas estaban hechas con lápidas de cementerio.
El café de Rick, dibujado por Benjamín Lois
El café de doña Rosa, dibujado por Fernando Marañón
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