jueves, 26 de marzo de 2026

Cónclave

Cada vez estoy más desconectado de los gustos de quienes votan u otorgan premios y me inquieta, pues pensaba que solo las gentes de edad superior a la mía tendrían tiempo y ganas de ver todo el cine y calificarlo. Pero a lo mejor no, a lo mejor no tienen ganas de nada, o solo ven y votan lo que les apetece a ellos y lo demás queda para las "nuevas sensibilidades" (que así se nombra ahora a los que no son como tú si no quieres faltarles al respeto). O a lo peor es que empiezan a ver todas las películas, se impacientan a medida que progresa la trama y abandonan antes del final, cuando han cubierto el tiempo de visionado obligatorio para calificar. Y por eso votan positivamente lo que empieza bien y termina muy malamente.

Busco explicaciones para tanto premio, nominación y loa a una película como Cónclave, cuya premisa es estupenda (las tensiones y ambiciones que desatan la muerte de un pontífice y la elección del siguiente), va perdiendo fuelle en el desarrollo (interesante aún por lo que muestra y lo que oculta) y en los últimos quince minutos derrapa brutalmente con decisiones inesperadas, incoherentes, innecesarias o directamente desaconsejables. Y luego está lo de Isabella: tener a la Rossellini de monja y no sacarle partido es de excomunión. 

Voy necesitando una buena película que se meta en las deliberaciones de un jurado de Cannes, San Sebastián o Locarno. Esos cónclaves tienen que ser para verlos, y ahí puede aparecer Isabella Rossellini haciendo de ella misma, bellísima, como presidenta intransigente e implacable que le da la espiga, la concha o el león a una cosa como Cónclave. Su misión secreta sería, naturalmente, que todos los cinéfilos perdiésemos la fe. 


 

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