martes, 10 de marzo de 2026

Un simple accidente

 

Y como Irán también está de actualidad, me vi ésta de un iraní (Jafar Panahi), que no ha hecho más que penar en ese "paraíso de libertades" que es el Irán de los ayatolás. La verdad, no tiene pinta de que las actuales circunstancias vayan a mejorarles la vida a los sufridos habitantes de aquella tierra. Pero eso no quita para desearles una vida y un gobierno mejores. Basta con ver el cine del país, realizado allí mismo o desde el exilio, para estremecerse por un estado de cosas lacerante e indigno que se prolonga desde hace décadas. 

Aquí tenemos otra ración. La premisa no es nueva, ya Roman Polanski usó en La muerte y la doncella el repentino descubrimiento de un torturador al que puede secuestrarse para tomar venganza. Pero en aquella todo sucede en uno de esos espacios cerrados que el polaco vuelve axfisiantes y aquí, en cambio, el asunto recorre todo Teherán a plena luz del sol, derrochando aridez ambiental, heridas abiertas y mucho soborno.
 
 
A cada paso, los distintos protagonistas aflojan con la tarjeta mordidas que van desde la policía hasta el servicio hospitalario. El tragicómico grupo de antiguos torturados pasea en furgoneta al que no saben a ciencia cierta si fue su torturador o si no. Son vengadores que tampoco están seguros de que quieran vengarse. 
 
A pesar de sus pocas ideas y sorpresas, la película cuenta con un reparto perfecto, un ritmo estupendo y un interés que no decae hasta el final. Ese gran final. Recomendable, sea cual sea tu posición ante lo que había, lo que hay y lo que venga en esa región del mundo. Nadie está preparado para tanta mierda, eso seguro. 

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