lunes, 27 de enero de 2020

Goya 1: La odisea de los giles


La ganadora del Goya a la mejor película latinoamericana de este año tiene una bondad principal: es argentina.

Eso hace que un guión convencional, para una historia desarrollada de forma bastante blandita y con soluciones poco imaginativas, amén de alguna licencia de grueso calibre, no sólo se toleren sino que no importen.

Ver a los argentinos soltándose frescas a la cara, largando discurso socio-cómico, enfadándose o queriéndose, es el centro del disfrute. Los Darín no son lo más interesante aquí: Ricardo puede hacer este papel con el piloto automático y Chino se limita a hacer un galán joven, sencillo y grato, que tampoco reviste dificultad para él.

La idea daba para mucho más, pero no parece que fuera esa la idea. Los argentinos comprenden el asunto a la primera y se sienten suficientemente reivindicados. Los españoles nos apuntamos a la odisea desde una distancia que cada vez es más relativa, pero comulgamos con los giles, porque eso somos también mayoritariamente.

Rodada con solvencia, interpretada con cariño y convicción.

Eso es todo, pásenla bien, que dicen allá.


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