El grito de Wilhelm es un efecto de sonido "de stock" usado por primera vez en 1951 en la película Tambores lejanos. Ha aparecido en decenas de películas desde entonces.
El grito se guardó en el archivo de sonido de la Warner Bros. Allí fue encontrado por el diseñador de sonido de Star Wars Ben Burtt y lo llamó "Pvt. Wilhelm", nombre de un personaje secundario que emitió el mismo grito en La carga de los jinetes indios de 1953.
Alguien debería hacer una película sobre Wilhem...
domingo, 29 de mayo de 2011
jueves, 19 de mayo de 2011
La Heredera

Anoché soñé que volvía a Manderley...
O -más exactamente- a su réplica norteamericana, situada en la Washington Square del escritor Henry James y el cineasta William Wyler. Allí, en un escenario de espléndida prosperidad decimonónica, otra mujer fantasma envenenaba a los vivos con su no-presencia sin necesidad de imponerse desde un inmenso retrato en el rellano de la escalinata. Su representación se reducirá a un daguerrotipo que cabe en un bolsillo y que nunca contemplaremos directamente, sino a través de los ojos de cada personaje que atraviesa esta película hermosa y despiadada como pocas.
La mujer ausente, pero agazapada en cada rincón de la residencia y en cada momento vital de quienes la habitan, es la madre de “la heredera” y el único amor que conoció el Doctor Sloper, hombre tan educado como severo, incapaz de reconocerle a su hija encanto o mérito alguno salvo que borda maravillosamente.
Olivia de Havilland, esa hija aplastada por el modelo que la precedió en la casa y que se llevó a la tumba el corazón de su padre, compone el mejor papel de su carrera como la no demasiado agraciada pero rica soltera, ya no tan joven, que parece conformarse con servir a su progenitor de discreta ama de llaves hasta que un galán inesperado irrumpe en su vida, para cortejarla mientras se come con los ojos la esplendidez de su vivienda.
Después de la abnegación sudista que se llevaría, no el viento, sino ese vendaval llamado Escarlata, y de tantas aventuras caballerescas como compañera virtuosa de un follador de pianos, Olivia demostró lo que podía hacer en una gran película con un gran personaje en el momento clave de su fracaso, cuando tiene que admitir que el supuesto enamorado no vendrá a buscarla porque 10.000 dólares de renta son pocos si se ha soñado con 30.000.
Hay que verla subir los escalones de regreso a su cuarto, ya vencida, para recordar cómo puede un gran intérprete echarse cien años encima sin necesidad de maquilladores. Y cómo pueden después convertirse la humillación y el marchitamiento del alma en elegante furia y en venganza fría, al mejor estilo de la buena cuna. Cada vez que veo a Montgomery Clift en cualquiera de sus papeles posteriores reconozco en su mirada dolorida el zarpazo irreparable que le infringió la heredera.
Wyler, el autor de la mejor carrera de cuadrigas de la historia del cine, igualmente capaz de la sencilla profundidad con la que están narrados Los mejores años de nuestra vida (1946), que de mostrar en una del Oeste repleta de horizontes la diferencia entre la valentía y la rudeza, pone en escena con exquisita precisión una historia terrible, donde la mejor casa de la plácida y acomodada Washington Square puede arder de pasión, de esperanza y de odio, para convertirse en un mausoleo sólo habitado por fantasmas, los muertos y los vivos, tan descorazonador e imponente como Manderley.
miércoles, 18 de mayo de 2011
Español en el Caribe pirata
Me encanta este trailer, todo inglés salvo la frase clave que resume la relación amorosa de los protagonistas, Deep y Cruz: "Esparrou, ven aquí ¡¡o te arranco la cabeza!!" (minuto 1:40)
martes, 3 de mayo de 2011
viernes, 29 de abril de 2011
Parece de coña
Alguien debería decirles algo a los hacedores de trailers. A los unos... y a los otros.
LOS UNOS:
Fast and Furious 5.
Anda Marañón, para que luego digas de Nicolas Cage. La mejor frase: "daremos un último golpe y desapareceremos para siempre". ¡A ver si es verdad, coño!
Thor.
Hopkins cobra un cheque interesante, Portman le hace otro chirlo a su Oscar y los vigilantes del sector alimentario son injustamente ninguneados... Para darse con un martillo en la cabeza.
LOS OTROS:
No tengas miedo.
Montxo, hombre, aunque se tenga un prestigio, conviene que el trailer anime a ver la película. No hace falta poner trompos de coches ni rubios cósmicos, pero caramba...
El vuelo del tren.
A lo mejor es la sorpresa tapada del año, pero su trailer la tapa aún más. No sé pueden usar con menos gancho la música, los letreros, las secuencias seleccionadas. Y ya de paso ¿Qué historia nos plantea la película? ¿Quién está mala? ¿La madre, la niña? ¿Qué papel juegan los hombres en la historia? En fin, como para competir con el fragor de los gringos.
Lo dicho, amigos, patetismo por exceso o por defecto.
Consultad la cartelera y que tengáis suerte.
LOS UNOS:
Fast and Furious 5.
Anda Marañón, para que luego digas de Nicolas Cage. La mejor frase: "daremos un último golpe y desapareceremos para siempre". ¡A ver si es verdad, coño!
Thor.
Hopkins cobra un cheque interesante, Portman le hace otro chirlo a su Oscar y los vigilantes del sector alimentario son injustamente ninguneados... Para darse con un martillo en la cabeza.
LOS OTROS:
No tengas miedo.
Montxo, hombre, aunque se tenga un prestigio, conviene que el trailer anime a ver la película. No hace falta poner trompos de coches ni rubios cósmicos, pero caramba...
El vuelo del tren.
A lo mejor es la sorpresa tapada del año, pero su trailer la tapa aún más. No sé pueden usar con menos gancho la música, los letreros, las secuencias seleccionadas. Y ya de paso ¿Qué historia nos plantea la película? ¿Quién está mala? ¿La madre, la niña? ¿Qué papel juegan los hombres en la historia? En fin, como para competir con el fragor de los gringos.
Lo dicho, amigos, patetismo por exceso o por defecto.
Consultad la cartelera y que tengáis suerte.
miércoles, 27 de abril de 2011
La balada de Cable Hogue
Anoche soñé que volvía a Manderley…
…Y me detuve a medio camino, digamos 1970, en un desierto sin agua, hasta que llegó Jason Robards y la encontró de milagro. Gracias a ese hallazgo, el harapiento Cable Hogue y su amigo predicador con alzacuello giratorio se convertirían en los nuevos personajes duros y desconcertados de Peckinpah, después de aquellos otros mucho más violentos, del mismo Oeste sucio y decadente, que retrataba como nadie el fronterizo de California.
Duelo en la Alta sierra (1962), Mayor Dundee (1965) y Grupo salvaje (1969) precedieron a esta pequeña película llena de encanto, melancolía, humor y mugre. Apenas cuenta una venganza aplazada, la puesta en marcha de un negocio cutre antecesor de las gasolineras y el romance inacabado pero confortable de un pelanas y una puta del Oeste. Pero no hace falta mucho más para una gran película con estructura de balada, textura polvorienta y sub-texto romántico. Porque Jason Robards y Stella Stevens no son Redford y la Streep recitando a Coleridge en medio de un safari, pero Peckinpah demostró que se puede sacar petróleo de un lavado de grupa tanto como de un enjuague de cabello. Y que la cámara lenta, estilizadora de la muerte, puede sustituirse por la rápida, estilizadora de la vida.
La balada de Cable Hogue (1970) es la única película de Peckinpah en la que las cosas del mundo parecen estar en su sitio y las serpientes de cascabel se utilizan para guisar. Por primera y última vez, el mestizo aparcó su ira para filmar lo más parecido a un Capra trasladado al western, donde un hombre insignificante no podrá saber qué sería del mundo, de su desierto, si él no hubiese nacido para encontrar agua, pero tendrá el privilegio de asistir en vida a su propio funeral y compartir, rodeado de deudos, un bonito discurso fúnebre.
Habría sido un excelente broche para la carrera de Peckinpah, el testamento fílmico idóneo, su Gran Torino. Pero aún vendrían, uno tras otro, algunos de sus títulos mayores: Perros de paja (1971), Junior Bonner (1972), La huida (1972), y Pat Garrett & Billy the Kid (1973). De la furia a la nostalgia, de la road movie con recortada al poema estilo Dylan. No está mal para aquel apache de Hollywood pasado de coca y tequila, que llevaba un trapo en la cabeza y armaba películas capaces de resistir todos los tijeretazos que un gran estudio quiera darle al mejor celuloide.
Peckinpah sabía, como Cable, que en el peor de los desiertos puede encontrarse un manantial de agua fresca o de cine imperecedero. Como en las cenizas de Manderley.
Habría sido un excelente broche para la carrera de Peckinpah, el testamento fílmico idóneo, su Gran Torino. Pero aún vendrían, uno tras otro, algunos de sus títulos mayores: Perros de paja (1971), Junior Bonner (1972), La huida (1972), y Pat Garrett & Billy the Kid (1973). De la furia a la nostalgia, de la road movie con recortada al poema estilo Dylan. No está mal para aquel apache de Hollywood pasado de coca y tequila, que llevaba un trapo en la cabeza y armaba películas capaces de resistir todos los tijeretazos que un gran estudio quiera darle al mejor celuloide.
Peckinpah sabía, como Cable, que en el peor de los desiertos puede encontrarse un manantial de agua fresca o de cine imperecedero. Como en las cenizas de Manderley.
(Publicado en la revista Culturamas, abril 2011)
domingo, 24 de abril de 2011
Curioso punto de vista
He cazado unas declaraciones de Woody Allen (en un Semanal de agosto de 2010), que me apetece compartir con vosotros:PREGUNTA: Sus películas siempre son más reconocidas en Europa que en Estados Unidos. ¿Cuál es su parte americana y cuál la europea?
W.A: Soy norteamericano, pienso como un norteamericano y me encanta vivir en Nueva York. Necesito la tensión nerviosa de esa ciudad. Dicho esto, le confieso que, cuando era joven y empezaba a escribir y a introducirme en este mundo del arte y del cine, toda la gente de mi entorno en Estados Unidos descubrimos a la vez el cine europeo. Habíamos sido educados con las películas de Hollywood, que, aunque había algunas buenas, la mayoría eran bastantes estúpidas. De pronto podíamos ver a Bergman, a Fellini, De Sicca, Buñuel... Así que es posible que cuando comencé a hacer cine, de forma inconsciente, todos ellos estuvieran presentes de una u otra manera. (...)
Así que, mientras aquí (y en la Francia del Cahiers), nos rendíamos a Hitchcock, a Ford, a Hawks y a Welles, entre otros muchos norteamericanos nativos o de adopción, frívolos del entretenimiento de masas que hoy están en el mausoleo de los ilustres, el joven Woody, el espídico Martin y algunos otros en Nueva York o en California se rendían a los italianos, al sueco y hasta al de Calanda.
El gran cine europeo que nunca alcanzó del todo la universalidad pavorosa de Hollywood. Y que ahora trata de sobrevivir imitando la estupidez señalada por Allen, en su versión más reciente y desafortunada. Sin revisar a los maestros del cine que Europa atesora, quizá porque la memoria del cine no se alimenta de visionados sino de iconos. Imágenes fijas pero imperecederas, multiplicadas hasta ahora por el papel y desde hace una década por los canales de la red.
¿Cuántos cinéfilos profesionales de Norteamérica estudiarán, coleccionarán, editarán o clicarán hoy sobre Berlanga, Pasolini, Trauffaut, Fassbinder, Clayton o Dreyer? ¿Cuántos lo harán sobre Loach, Von Trier, Ozon o Erice?
Woody, entre tanto, sigue yendo al psicoanalista sin éxito. Este año estrena una con Carla Bruni...
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