¿Os acordáis de la última escena de Sin perdón, cuando Eastwood entra en la taberna a ajustar cuentas? Pues lo mismo, pero sin pistolas: Basta la voz de trueno de Fernan Gómez para abatir uno tras otro a todos los villanos del pueblo. Como en la de Eastwood, también es una noche en la que llueve mucho. Antológica.
lunes, 28 de marzo de 2011
miércoles, 23 de marzo de 2011
martes, 22 de marzo de 2011
Templos en ruinas
Un par de fotógrafos llamados Yves Marchand y Romain Meffre recorren Estados Unidos a la caza de viejos cines que no fueron remodelados ni demolidos. Como dice Vercueil, el amigo que me los descubrió: "Y te preguntas si de verdad algún día alguien se acercará a esas salas de cine en ruinas como ahora nos acercamos a un templo griego..."
Loew's Kings Theater, New York
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lunes, 21 de marzo de 2011
Terror Universal (1ª entrega)
Los filmes de terror de la Universal se han convertido en clásicos de cinco estrellas a despecho del tiempo y las modas y gustos de varias generaciones. Gran parte del mérito puede asignarse al productor Carl Laemmle y a su hijo, que fueron respectivamente el propulsor de la fórmula y su continuador. Contaban además con directores como Whale, Browning y Freund, maquilladores como Jack Pierce, un genio de los efectos especiales llamado John P. Fulton, directores de fotografía como George Robinson y Milton Krasner o directores artísticos imaginativos y cultivados como Martin Obzina y Jack Otterson. Un grupo de grandes profesionales perfectamente compenetrados para imprimir el estilo intensamente poético de los mejores títulos de la casa, que forjaron prácticamente todos los mitos del terror de siempre hasta que llegó el psicópata: hablamos de Drácula, El hombre lobo, La momia, El hombre invisible y, por supuesto, Frankenstein.
Frankenstein o el moderno Prometeo.
Frankenstein es la historia de un hombre de ciencia que quiso ser Dios y pagó por ello. Podríamos colocarle el primero de una extensa lista jalonada por el doctor Moreau, el dueño de Jurassik Park o el padre de la oveja Dolly, porque la Ciencia violentando a la Naturaleza es una constante de nuestro tiempo que inauguró en la ficción una joven llamada Mary Shelley en 1817. Ésta es también la historia de un monstruo inmortal que nació en Ginebra, sembró Europa de cadáveres y desapareció en los confines del Polo Norte para reaparecer en un sala de cine. Hace ahora ochenta añazos irrumpía en Hollywood uno de los personajes más célebres de la literatura moderna, derrochando poesía y terror con sus torpes movimientos de resucitado, sus costurones de quirófano y la mirada inerte de un ser humano artificial que busca el calor de sus semejantes sin ninguna posibilidad de éxito, porque no existe nada semejante a él entre los vivos. La criatura animada por el doctor Frankenstein, que terminaría usurpando el protagonismo y hasta el apellido de su creador, fue siempre un juguete en manos de un destino no por imaginado menos implacable.
Durante más de cien años permaneció confinado en el interior de un libro fruto de una apuesta entre artistas jóvenes y desocupados (el poeta Shelley, su amante -y futura esposa- Mary, el temible Lord Byron y su secretario John William Polidori), que en el verano de 1816, obligados a permanecer junto al fuego por causa del mal tiempo, amenizaban a su manera las veladas de villa Diodati, en los alrededores de Ginebra. Nuestro personaje (como narró Gonzalo Suárez en la estupenda Remando al viento) surge pues de lo más profundo de una noche desapacible, factor primordial para el nacimiento de un monstruo. Sin nada mejor que hacer, los ingleses más célebres del Romanticismo coquetean con el miedo intercambiando viejas historias de terror del folklore alemán, hasta que lo sobrenatural se apodera del viejo salón y del ingobernable espíritu de los reunidos. Finalmente, cada uno de los presentes se compromete a construir un relato aterrador de su propia cosecha, para decidir después cuál de ellos es el mejor.
Polidori piensa en su amo, el satánico Byron, y concibe el primer vampiro literario. Byron piensa en si mismo, como suele, y no escribe nada. Mary recuerda historias escuchadas en el despacho de su progenitor William Godwin y da forma al científico Víctor Frankenstein, para convertirle en padre terrible. Nadie sabrá nunca lo que pensaba Shelley. Y así nace El Monstruo. Lo escribimos ya con mayúsculas, porque ostenta el dudoso honor de figurar como la criatura, junto al monstruo del lago Ness (en franco declive), que más se conoce en todo el mundo en estos términos.
Tuvo que transcurrir más de un siglo para que un arte nuevo lo liberase: El cine, otro invento fieramente humano que también surgió de la oscuridad para revivir personas artificialmente, sin importar el tiempo que ha transcurrido desde su muerte, y hacerlo a través de la electricidad. En la década de los treinta, un estudio de Hollywood que sigue presentando sus películas con una bola del mundo ceñida por la palabra Universal recogía la antorcha del expresionismo alemán para sembrar el terror en las salas de Norteamérica. El genial movimiento germano, pujante durante el caos de la década anterior y engullido para entonces por la apisonadora nazi, había regalado a la posteridad obras como Metrópolis de Lang o Nosferatu de Murnau. Poco tiempo después y al otro lado del Atlántico, la Depresión estaba en su apogeo y ya hemos recordado en alguna ocasión que el hambre aviva el ingenio... y la capacidad para apropiarse de historias ajenas. Universal International recicló la estética de aquel cine y, como también había hecho la industria alemana, se aprovechó de algunas criaturas literarias de terrorífico atractivo. Así fue como el monstruo de Frankenstein volvió a la vida una vez más.
El artífice del primer largometraje sobre el mito fue James Whale, un director recientemente revindicado en la película titulada Dioses y monstruos que es, por cierto, otra aguda reflexión sobre la divinidad de los creadores y la venganza de sus criaturas. Whale sustituía en realidad a Robert Florey, un director francés del que nadie se acuerda y que posiblemente perdió la ocasión de su vida. No sería el único en lamentarlo: Bela Lugosi, el húngaro vestido de chaqué que encarnó al primer Drácula de Hollywood, su único gran papel, era la primera opción para encarnar al monstruo, pero declinó la oferta al conocer el sacrificado maquillaje que le había diseñado Jack P. Pierce. Entonces apareció Karloff y el resto es Historia del Cine. Su criatura estremeció al mundo, eclipsó al original literario, devoró a su protagonista (el hombre que creó al monstruo) y propició una segunda parte aún mejor en la que Whale tuvo el exquisito detalle de recuperar a Mary Shelley y atribuirle todo el mérito. Como en un juego de muñecas rusas, cada uno de los personajes implicados en nuestro relato le robó el fuego divino a quién le precedió. Mary a un personaje real llamado Andrew Cross; Frankenstein a Dios, la criatura a Frankenstein; Whale a Florey, Karloff a Lugosi... Y todos pagaron un alto precio por ello: la transformación indeseada de su obra, el desprecio, el encasillamiento, la muerte o el olvido.
Los mitos del creador desafiante y del monstruo engendrado por su soberbia siguen vigentes, en el cine y en la vida. ¿Quién será el próximo en atreverse a robar el fuego de los dioses? ¿Otro escritor, un director de cine o el siguiente científico ambicioso dispuesto a estrenarse en clonación humana? Seguiremos informando.
domingo, 20 de marzo de 2011
Una serie sorprendentemente buena

Excepcionalmente voy a dedicarle este post a una serie de televisión. Ya sé, ya sé que la HBO se ha llevado a los mejores guionistas estadounidenses y propulsado la edad de oro de la ficción televisiva norteamericana. Eso sí, no sólo con guiones prodigiosos, sino también con presupuestos para poner en pie alardes de producción y casting como los que ostentan Hermanos de sangre, The Pacific, 'Boardwalk Empire', The Wire, Los Soprano y otras muchas. Mientras en España, salvo honrosas excepciones, el cartón piedra maniqueo, la sitcom cañí y las hormonas de pizarra y bata han ido dilapidando un territorio en el que durante mucho tiempo –y tirando de clásicos literarios- nuestra televisión compitió con empaque y encanto autóctono.
Pero hablando de series, y aun a riesgo de dilapidar mi reputación de los últimos días, estoy siguiendo una titulada "¿Qué fue de Jorge Sanz?" (reposición en el Plus) que me ha reconciliado con la ficción televisiva nacional y con el actor, al que de pronto he empezado a ver muy cuajado cuando antes sólo en algunas interpretaciones me convencía.
Y lo mismo me pasa con su guionista y director, el mediano de los Trueba, que como cineasta no me gustó más que en su primera peli (creo que como novelista es bastante mejor), pero que aquí saca adelante una serie difícil de armar con un resultado fluido, gracioso, malvado y a veces hasta enternecedor.
Y, ahora que está de moda, con cameos realmente buenos y justificados, donde se auto-parodian personajes de la cultura y la farándula de lo más variopinto muy sanamente. Sin ir más lejos, hay una intervención de Juan Manuel de Prada, (haciendo de si mismo en su versión más desagradable), que resulta descacharrante.
Creo que la idea viene de series anglosajonas previas, pero da igual. El resultado merece la pena. Me temo, incluso, que no habrá tenido éxito.
Pero hablando de series, y aun a riesgo de dilapidar mi reputación de los últimos días, estoy siguiendo una titulada "¿Qué fue de Jorge Sanz?" (reposición en el Plus) que me ha reconciliado con la ficción televisiva nacional y con el actor, al que de pronto he empezado a ver muy cuajado cuando antes sólo en algunas interpretaciones me convencía.
Y lo mismo me pasa con su guionista y director, el mediano de los Trueba, que como cineasta no me gustó más que en su primera peli (creo que como novelista es bastante mejor), pero que aquí saca adelante una serie difícil de armar con un resultado fluido, gracioso, malvado y a veces hasta enternecedor.
Y, ahora que está de moda, con cameos realmente buenos y justificados, donde se auto-parodian personajes de la cultura y la farándula de lo más variopinto muy sanamente. Sin ir más lejos, hay una intervención de Juan Manuel de Prada, (haciendo de si mismo en su versión más desagradable), que resulta descacharrante.
Creo que la idea viene de series anglosajonas previas, pero da igual. El resultado merece la pena. Me temo, incluso, que no habrá tenido éxito.
viernes, 18 de marzo de 2011
El mundo según Barney: 3 bodas y un funeral

El escritor canadiense Mordecai Richler y su mejor personaje, Barney, han dado a la cartelera de marzo una curiosa historia judía que transita por una Italia bohemia, un plató de culebrones baratos, un lujoso salón de bodas, una barra de bar, una casa en el lago y una casa de putas. Lugares estupendos para el lucimiento de Paul Giamatti, escoltado en su mejor registro por la hermosa Rosamund Pike y el veterano Dustin Hoffman.
La película ha salido irregular, airada, cómica, amarga, y tierna. Imperfecta y estupenda.
No tiene el mejor guión ni el mejor director posibles, aunque ambos sacan partido de situaciones variadas que conforman un todo bastante homogeneo, con sus baches y un puñado de escenas inspiradas, donde Rosamund y su voz de terciopelo, Hoffman en plan viejo zorro y, sobre todo, Giamatti, demuestran la calidad que pueden generar por si solos unos actores interesantes. Interesantes no en el sentido seductor, sino en el de mayor profundidad, el de "interesar" al espectador por si mismos, haciendo cualquier cosa.
Por el camino, tres bodas de las que sólo una importa y una muerte anunciada que termina en lápida con piedras como flores.
En definitiva, Paul Giamatti cabalga de nuevo.
jueves, 17 de marzo de 2011
Tiene Delito hace nuevos amigos

"Una guía del mejor cine, sus grandes héroes y sus villanos... Ni una sola mentira entre su portada y contraportada... Y de las 49 ilustraciones que incluye, algunas, muchas, son portentosas y me hacen volver a ellas constantemente a indagar dónde está el truco: no es que estén bien, o muy bien, es que respiran. "
El comentario de Oti Rodriguez Marchante en Una de piratas, su blog de cine del ABC, le deja a uno el ego nuevecito. Quería compartirlo con vosotros, que pasais por aquí y sois parte de mi pasión por el cine.
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