domingo, 4 de diciembre de 2011

Las nieves del Kilimanjaro

Finalmente, esta excelente película ganó el premio del público del Festival de Cine Inédito de Mérida. Os copio mi crítica para Culturamas, que publiqué cuando tuve oportunidad de ver la película el primer fin de semana del Festival:

"Robert Guédiguian es un autor muy querido por los cinéfilos. Hace películas sencillas en la forma pero con mucho poso. El mensaje de Guédiguian, solidaridad y humanismo como refugio ante la impersonal maquinaria de un sistema globalizado basado en las cifras, atraviesa su cine y su ciudad –Marsella- desde aquellas lejanas y bonitas Marius y Janette (1997) y De todo corazón (1998), pasando por la divertida Al ataque(2000) o las dramáticas La ciudad está tranquila(2000) y Marie-Jo y sus dos amores (2001), hasta llegar a esta nueva película, quizá la más emocionante entre las suyas: Las nieves del Kilimanjaro (2011).

Guédiguian y su equipo de siempre hacen cine social, sin complejos ni subrayados, matizando mucho más que Ken Loach o Fernando León. Y en esta película, toda una vida de cine marsellés ha madurado para ofrecernos la más luminosa y sorprendente propuesta del director, una vez más apuntalada sobre personajes vinculados a la izquierda realmente obrera y unos actores que los interpretan como si la cámara no estuviera allí.

Desde el contundente comienzo, donde un representante sindical -exento de ERES por su posición en el comité- extrae una papeleta con su nombre de la caja de la que saldrán al azar los despedidos del astillero, ante el asombro de un amigo que le recrimina su sacrificio (ya podían aprender algunos por aquí), hasta el momento final entre esos dos mismos amigos delante de unas salchichas en parrilla, la película recorre un espacio vital habitado de personas y conflictos a los que es imposible no entregarse como espectador.

Guédiguian, como nos dijo David Garrido en una breve presentación previa al pase, le da razones a cada personaje y ahí radica su grandeza. Todos se comportan de acuerdo con su personalidad y circunstancias de un modo encomiable o abyecto, pero siempre coherente.

Y desde una naturalidad romheriana, se compone una historia que hubiese encantado a Capra, llena de momentos extremadamente bellos, entre los que destaca una lección de alcoholes para los problemas de la vida, una conversación de playa, una cena con película infantil y, sobre todo, aquel donde los amigos, los hijos y los nietos del matrimonio protagonista les cantan a capela la famosa canción de Pascal Danel, titulada como la película Las nieves del Kilimanjaro".


jueves, 1 de diciembre de 2011

Recientes y buenos libros de cine


El amor y la furia. Historia de la pasión amorosa e interpretativa de Elizabeth Taylor y Richard Burton donde ambos demuestran su genio, en todos los sentidos.


Para matar el recuerdo. Memorias españolas, de Jean-Claude Carrierè. El guionista francés de Buñuel complementa las memorias del aragonés (Mi último suspiro) con las suyas y resulta interesantísimo descubrir el punto de vista de un extranjero sobre España, sus virtudes y sus vicios. Aparte de las reflexiones sobre el cine, sin desperdicio.


Bogart, de Stefan Kafner. Apenas cuenta nada que los bogarts-adictos no sepamos ya, pero lo cuenta muy bien. Y resulta un excelente libro de consulta para evitar wiki-errores.



Paul Newman - la biografía, de Shawn Levy. De las mejores biografías que he leído últimamente. Los norteamericanos se han hecho, gracias entre otras cosas a sus astros de la pantalla, maestros en este género. Gran parte del libro se lee como una excelente novela. Aunque, como le pasa a casi todas las biografías (y a las autobiografías no digamos), a medida que la narración se aproxima al presente, la narrativa se va sustituyendo por la justificación. Buenísimo en cualquier caso.


Sospechosos, de David Thomson. Cualquier cinéfilo de biblioteca que se precie tiene que leer a Thomson. Este libro inclasificable, novela, relatos interrelacionados y/o guía del cine negro, es una auténtica y rara joya. No se puede explicar, hay que leerlo, con el reproductor de dvd y las pelis que emplea el autor bien a mano. Y un whisky, of course.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Paisà


Anoche soñé que volvía a Manderley…

Anoche vi la cara esculpida en pasmo de Berlusconi, el último politicastro salvaje para esa imprevisible Italia liberada al fin de Silvio por el capital que él mismo adora, y decidí sacudirme la imagen de su mutis con una película sobre la anterior liberación del país que inventó el neorrealismo y que en él sigue, a pesar del diseño.

Paisà, la película intermedia y menos mitificada de su trilogía de la guerra, reúne para el cine los cuentos de soldados y civiles de Roberto Rossellini, el autor de Roma, ciudad abierta y Alemania, año cero, de Stromboli y de Te querré siempre.

La primera película que recuerda haber visto Scorsese, el neoyorkino de Sicilia, retrata el avance de las tropas norteamericanas por Italia durante la Segunda Guerra Mundial pero, sobre todo, a un país devastado y a un pueblo desasistido y resistente. Paisà es la historia de cómo se reinventan los italianos ante un tiempo nuevo y nuevos aliados, sacudiéndose el borrón totalitario a tiros y dejando la fe para los conventos inexpugnables. Paisà está rodada como dispara un partisano, sin uniforme, sin piedad, para sobrevivir a toda costa.

En esta película de episodios (uno en Sicilia, otro en Nápoles, un tercero en Roma, el siguiente en Florencia, otro al norte de los Apeninos…) todos los norteamericanos se llaman Joe. Cuando se despliegan sobre el terreno, parecen tan perdidos como en Oriente Medio 60 años después. Cuando caminan solos entre los cascotes de Nápoles o Roma no tiene mejor ambición que emborracharse e ir de putas. Porque las guerras, cuando se filman con el blanco y negro de la miseria, siempre pintan igual.

En Paisà, los negros siguen siendo los últimos del escalafón, también en Europa y aunque pertenezcan a la policía militar. Por eso son los únicos capaces de entender la penuria sin varones de la cueva de Mergellina, mientras los soldados descendientes de italianos apelan al pueblo familiar que nunca han pisado para seguir avanzando a ciegas por un territorio de sospechas, emboscadas y sacrificio. En Paisà, las mujeres jóvenes esconden su candor bajo maquillajes que las publicitan sin belleza, los edificios renacentistas que aún siguen en pie parecen meros decorados para ocultar escombros, las galerías de arte se han convertido en atajos desoladores y solitarios, el río lleva muertos firmados por el enemigo.

Aquel año de 1946, mientras Hollywood se estilizaba en los laberintos del policíaco y miraba con edulcorado realismo hacia sus combatientes recién licenciados en Los mejores años de nuestra vida, Italia iniciaba entre las ruinas de Nápoles, Florencia y Roma una cinematografía deslumbrante que aún permanece en los altares de la cinefilia mundial. 20 años largos de cine acumulando obras maestras de la mano de Rossellini, Fellini, Visconti, De Sica, Pasolini o Antonioni, pero también gracias a Monicelli, Comencini o Risi.

Ya apenas queda nada de aquel talento, se fue espaciando y disolviendo a medida que nos acercábamos a los años ochenta yBerlusconi fundaba canales de televisión como quien quema mansiones suntuosas para guerras más privadas. Y a noviembre de 2011, descubierta la verdadera debilidad de Silvio como se descubría aquella enfermedad terminal de Rebeca, toda Italia es un Manderley llameante. Esta vez sin aliados y, lo que es peor, sin Rossellini.

(Artículo publicado en la revista Culturamas, noviembre 2011)

martes, 29 de noviembre de 2011

Hace 45 años

Hace 45 años, murió uno de los mejores actores de la historia del cine mundial. Hay muchos discursos célebres llevados a la pantalla donde los grandes intérpretes se lucen y nos ganan para siempre, pero hay que ser muy grande para hacer un discurso en un programa de variedades disfrazado de esquimal y congelarle la risa al auditorio y al espectador. Al fondo de la escena, otro actor maravilloso llamado Paco Rabal contempla muerto de asombro la exhibición del homenajeado de hoy. Pepe Isbert, para todos vosotros.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Y fuimos a Mérida


Empieza a fascinarme esta ciudad a la que hacía 20 años que no venía y en la que voy y vengo desde hace poco con cinéfila frecuencia.

Este fin de semana he vuelvo a Mérida, a tiempo de ver las primeras películas de la sección oficial del Festival de Cine Inédito, la estupenda Milagro, del director japonés Kore-eda y la deslumbrante Las nieves del Kilimanjaro de Robert Guedigian. También tuvimos la oportunidad de conocer a la actriz María Adánez -qué mona va siempre esta chica, como suele decirse- y enseñar la exposición David y Goliat a mi amigo Dené, que ha colaborado un poco en ella.
Pero sobre todo, compartir esta pequeña aventura con mis amigos Benja y Rubén Lois, con Sheila y Raúl, con Lola y David, con Ana y Rubén y, por supuesto, pasear las calles y las imponentes ruinas romanas con Elena, la chica de mi película personal.

De las que se proyectan en pantalla y de sus cosas os contaré mañana.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Buñuel y Hitchcock

Otra pareja de la exposición que se celebra hasta el 2 de diciembre en el Festival de Cine Inédito de Mérida www.festivalcinemerida.com Con texto cortesía de Oti Rodriguez Marchante, Crítico de cine de ABC:





Buñuel y Hitchcock, cruce de venenos

Aunque lo tuvieran perfectamente planeado, iba a resultar imposible conseguir el crimen perfecto: Hitchcock nunca convencería a Buñuel para que se bebiera el vaso de leche envenenada y Buñuel sería incapaz de mancillar un dry martini con unas gotas de cianuro para acabar definitivamente con la sorna incorrecta de Hitchcock... Pero el plan estaba en marcha. ¿Cuándo?... Pues en la única ocasión en que se tuvieron realmente a tiro, durante aquella tranquila velada en Los Angeles en 1972, de la que queda el testimonio de una fotografía en la que aparecen, además de Hitchcock y Buñuel, otros gigantes como William Wyler, Robert Mulligan, Georges Cukor, Robert Wise, Billy Wilder, George Steven y Robert Mamoulian... Fue una tarde tranquila, en la que ambos se confesaron su admiración y su indefensión ante las rubias frías y las pasiones calientes, su obsesión por el vértigo de los campanarios, por una pierna cortada, por la crueldad y los sueños. Y con el sosiego de las confesiones, llegó la armonía de dos frases de diálogo:

-Bébete el vaso de leche, Luis, antes de que se enfríe.

-Sí, pero déjame que te prepare antes mi mejor dry martini

...............................................

Los dos principales sospechosos, Fernando Rey y Vincent Price, tenían una coartada perfecta: no estuvieron en el lugar de los hechos. Pero llegaron a tiempo para destruir las pruebas. Vincent Price vació el azucarero y Fernando Rey lavó la copa de cóctel.

Oti Rodríguez Marchante.

martes, 22 de noviembre de 2011

Thelma y Chus

La foto de calidad tendrá que esperar, pero aquí están, Raimunda, tus chicas favoritas, para que puedas echarles un primer vistazo:



Thelma y Chus

Una se las imagina quedando en alguna cafetería del centro, de las de toda la vida. Chus pediría un café con leche y un bollo suizo o una magdalena para mojar (le encantan, las guarda bajo llave). Y Thelma un cortadito, largo de café (al que le añadirá, sólo para alegrarlo un poco, un chorrito del bourbon que lleva en una petaca en el bolso).
A falta de nietos, hablan de directores. “Pedro me ha dado recuerdos para ti” “¿Qué tal está?” “Anda un poco mustio, como vaca sin cencerro” “Ya se le pasará, mujer””Ya le digo yo que ha perdido el lustre, que no me come””Bien hermoso que estaba, la última vez que lo vi, como Hitch””Chica, ese sí que era de buen comer””Y un poquito especial, Chus… no veas la mala uva que gastaba”.
Va pasando la tarde y de repente se ponen melancólicas. Y hablan de hombres. Chus tuvo una vez un marido que era el doble de Franco, fíjate tú qué plan. Y Thelma, otro marido que la dejó por su mejor amiga y que un día fue con la otra al desierto de Nevada, donde vivía ella. De visita, el tiparraco. Y Thelma detrás, porque, a pesar de todo, lo echaba de menos. Estaba allí Marilyn, pobre chica. ¿Son las películas o es la vida? ¿Es que no son lo mismo?
Mujeres que tienen tanto que contar, que han vivido tanto en el cine. Han sido graciosas y trágicas. Porteras y criadas. Secundarias, pero nunca segundonas. Tan auténticas que nunca pasarán de moda.
Nunca se conocieron. No hablaban el mismo idioma. Una de ellas ya murió. Pero a mí me gusta imaginarlas así: quedando un día para merendar en una cafetería de las de toda la vida. Quejándose de este dolor de piernas. Criticando con cariño a los directores (Almodóvar, Hitchcock, Berlanga, Mankiewicz, Trueba, Fuller…nada menos). Thelma preguntando por el pueblo de Chus. Chus preguntando por el barrio de Thelma. “No queda un viejo… lo que es menester es que pare ahí, en los viejos”. Despidiéndose con sonoros besos. Alejándose con pasos decididos. Eternamente divinas.

Raimunda. Cinéfila.